Como una piedra incandescente, al límite, al rojo vivo, al borde de la consumición más rápida y efímera que pueda llegar a existir. Mi cabeza es un continuo bucle de “quiero estar bien, y ahora mismo me veo incapaz, insuficiente.”
“Eres débil”, me dices, me torturas. Sabes hacerme creer que este ánimo de mierda va a ser constante, cuando quiero realmente creer que pueda ser sola y exclusivamente puntual, y por varios factores externos.
“Esta es una sensación de mierda”, me digo a mí misma. Estoy tan sumamente sensible que, cualquier mínima cosa hace que me coma la cabeza más, mucho más de la cuenta. Quería creer que no, que eso de preocuparse así y buscarse mil rayadas habría acabado solo para darle paso a la oportunidad de estar bien, y en condiciones como debe ser.
Tener miedo es una jodida mierda. Que sí, que lo sigo teniendo, incluso a veces más de la cuenta, que me cuesta la vida eterna estar tranquila al cien por cien, que me encantaría no tener la sensación de que de repente la voy a cagar, sea como sea. Nadie sabe, excepto yo, el miedo, el pánico que tengo a fallar, a revivir eso que, de una forma u otra voy dejando atrás. A veces me odio a mí misma, odio mi puta manía de sacar una coraza llena de miedo, temor y pura inseguridad. Que a insegura no me gana nadie, que no soy capaz de sentirme bien conmigo misma, y que sí, es maravilloso que él sí consiga que me sienta bien conmigo, pero no lo hago ni individualmente, porque me quedo en el intento de “quererme” y oye, que si alguna vez lo hago es porque es a través de él y no por mis propios medios o por mí misma. Eso a la par de encantarme, lo odio de mí, porque no me quiero una jodida mierda, porque me he llegado a pensar que no era suficiente, porque a día de hoy sigo pensándolo por momentos, y porque aunque lo sepa, y sepa que si está conmigo y enamorado de mí es por algo, por cómo soy, que a la larga lo prefiero. Pero que también me revienta pensar en la de personas que habrá mejores que yo, dándome mil y una vueltas. Soy gilipollas, porque no soy ni capaz de darme seguridad, aunque sea una poca, porque no desconfío de él sino de mí, y empiezo a pensar que más jodido que desconfiar de la persona con la que estás es, sin duda, hacerlo de ti misma, de tus posibilidades, de tus capacidades, y de cualquier mínimo detalle.
Me encantaría que llegara el día en el que de verdad me creo lo que soy, en el que de verdad no me dejo a mí misma decirme nada malo, y odiarme al mirarme en un espejo por cómo soy yo exteriormente. Supongo que yo también tengo mis miles de cosas buenas, que no debo compararme con nadie, ni dejar que me comparen cuando todos y cada uno de nosotros somos únicos y especiales en nuestra especie. Unos con más, otros con menos, pero únicos. Me seguiré preguntando cada jodido día de mi vida si seré capaz algún día de darme el valor que realmente puedo tener, de quererme a mí misma de verdad a parte de que él lo haga y de pensar en que tengo cosas verdaderamente especiales como para que esté conmigo y me quiera de la forma en la que lo haga.
Ahora es ese momento en el que me llamo insoportable después de escribir todo esto, el mismo en el que digo que no hay que hacerme ni puto caso porque estoy demasiado sensible, porque no me aguanto ni yo, y sobre todo porque me cuesta la vida subir un poquito el ánimo.
Digamos que noches, por decir algo.