sábado, 3 de diciembre de 2016

Quien dice miedo, dice pánico.

Babe, you're not lost
When your world's crashing down
And you cannot bear the cross
I said, baby, you're not lost.




A veces el dolor trasciende a mucho más, quizás a no entenderse ni a una misma, y eso sí que es realmente jodido. Quizás lo más complicado llega cuando no entiendes qué te pasa, ni qué se te pasa por la cabeza exceptuando incontables cosas malas. A veces llegas a sentir que ya no es un por qué, ni un por quién, cuando realmente sí sea así y no haya nada que deje de afectarte lo más mínimo. Supongamos lo difícil que es estar al borde de un precipicio, en el que, por una parte, las vistas son increíbles, todo es maravilloso y te encanta admirar el paisaje haciéndote notar libre; sin embargo por otra no dejas de tener miedo, miedo a caerte, a que sea la caída definitiva y a no tener ninguna oportunidad más. Supongamos que ese miedo se debe a todos los prejuicios que previamente has adquirido, al hecho de haberte acostumbrado a escuchar con pánico hablar de los precipicios, del peligro que tienen y de los mismos a los que si te atreves a enfrentarte es una lucha a vida o muerte. Suponiendo que así sea, la vida es un constante precipicio, te hace ir con miedo y ponerte los obstáculos más imposibles del mundo, te hace dudar de si aventurarte a algo o no, y creo, sinceramente que desde hace tiempo, veo mi vida como un claro precipicio en el que estoy segura de que puedo admirar maravillada cada cosa que se ponga a mi paso, en el que puedo luchar por lo que quiero, por la persona que quiero sin miedo a nada, ni siquiera a situarme en el borde más finito que pueda existir.Veo mi vida con ganas y a la par con un pánico increíble a acabar agonizando en ese borde, sin opción a más.


Me encantaría tener la gran suerte de entender todo esto, aunque sea por un minuto. Me encantaría saber por qué tengo que sentirme así, sentir incluso que muchísimas veces soy una molestia y que lo que me pase es bastante indiferente hasta para mí misma. Me encantaría no sentirme insuficiente la mayoría de las veces y sentir
que como persona valgo muchísimo más de lo que realmente creo, darme ese chute de autoestima que ni siquiera tengo y hacerme creer que soy algo que no siento ser ni yo. 
Puede que lo realmente jodido sea haber aprendido a guardar muchas cosas, quizás a no decir ni la mitad por miedo, solo por miedo, porque no hay día que no lo tenga, y no hay día en el que no me atemorice a mí misma pensando en que las cosas no vayan a salir como quiero y espero. Aunque supongo que no se puede tener en la vida todo.

¿Dónde se supone que empieza y acaba el miedo?

Quizás el miedo empezara cuando decidí no rendirme, aunque a veces sienta que me quiero rendir conmigo misma. Quizás empezara cuando decidí que quería seguir luchando, y que por la misma debería ir con sumo cuidado ante todo. Quizás empezó cuando decidí que no quería sufrir más, porque dicen que en la vida solo nos rompemos una vez, que las siguientes veces lo único que quedan son los añicos de la primera vez, los que siguen haciendo daño. Ni por nada en el mundo me arrepentiría de haber elegido seguir luchando, de seguir queriendo e intentando dar todo lo mejor de mí contra todo pronóstico, pero igual que me pregunto dónde empieza el miedo, sé también y soy consciente de que no acaba, que también me lo pregunto, y la respuesta es que no acaba, ni por mucho que me centre en pensar que quiero que lo haga. Supongo que mi mayor miedo a parte de perder a la persona que más quiero y más sabe conseguir de mí, es sin duda el hecho de no hacer las cosas bien, de equivocarme, de sufrir como la que más, de hacerme daño y hacérselo a él cuando no es lo que realmente quiero.

Quizás nunca deje de sentir que tengo miedoQuizás nunca deje de creer que todo lo hago mal y que me equivoco continuamente. Quizás deje de tenerle miedo a ciertas cosas menos a esto, menos a todo lo que me ronda la cabeza. Quizás no esté preparada para vivir sin miedo. Quizás es porque el miedo aun a pesar de todo me mantiene viva y con ganas de luchar haciéndome un poquito más valiente a medida que pasa el tiempo, pero ojalá fueran capaces de imaginar lo jodido que es todo esto.

Quizás es que todo esto que estoy escribiendo ahora mismo me haga sentir de cierta forma un poco liberada al decir como me siento y la razón por la que me siento como me siento, aunque no me entienda ni yo. Me encantaría dejar de sentirme fuera de luchar muchísimas veces, dejar de creerme a mí misma que estoy haciendo ciertas cosas mal cuando en realidad las intento hacer lo mejor que puedo. 
Siento que se me va la vida cuando tengo esta sensación tan de mierda, cuando no sé qué más hacer y siento que voy a explotar conmigo mismo, cuando siento que es mejor apartarme y dejarme a mí misma, cuando siento que valgo más cuando me lleva alguien, cuando no soy yo la que carga con sí misma.
Me encantaría sin duda dejar este jodido miedo atrás, pero me veo tan incapaz que aun si quiera cuando escribo, es una forma de recordarme a mí misma que este miedo va a seguir intacto, y que llegará un momento en el que sin darme cuenta se acabe y me deje disfrutar al cien por cien dentro de todas mis posibilidades.


Ojalá esto dejara de trascender, de hacerme sentir inferior y sentir que al lado del resto no valgo nada. Ojalá se diera la situación de hacerme ver a mí misma que no soy nada tan malo como yo misma me creo, y que puedo ser, como soy de verdad, o eso considero, lo mejor en la vida de una persona.


Miedo, más que miedo, ojalá te fueras, y ojalá dejaras de hacerme preocupar así, de quebrarme la cabeza y sobre todo dejaras de hacerme sentir que no valgo lo suficiente y que soy totalmente lo contrario a lo que puedo llegar a ser.






jueves, 1 de diciembre de 2016

Juro que no voy a dejar de quererte.

¿Por qué nunca puedo ser yo la que se enfade, por qué? ¿Por qué siempre tengo que ser yo la que acuda e intente solucionar ciertas cosas?

No sabes la rabia que me das muchísimas veces, no lo sabes ni tú. y darme rabia no es tenértela porque eso ya pasó en su día, y no te puedes imaginar nada de esto. 
A lo largo del día me hago demasiadas preguntas, y quizás por eso creas que estoy rara, cuando no es realmente eso. Me flipa tu facilidad para tener orgullo conmigo y ponerte una jodida coraza cuando a mí me es imposible hacerlo. No sabes cómo jode que, la persona a la que más quieres y sabes que a la vez te quiere sea capaz de no reconocer que a veces se equivoca contigo, y de que hay cosas que no son ni siquiera normales. Lo que jode que sea tan orgullosa como para no ser capaz de venir a decirte nada cuando interpreta que te has enfadado y te ha sentado algo muy mal.

Quizás no puedo ni debo pretender que vayas a actuar como lo hago yo, porque ni tú eres yo, ni mucho menos yo soy tú, aunque a veces me encantaría que te pusieras en mi lugar. Me estoy equivocando al creer que en ese sentido vayas a ser como yo que con cada cosa que mal interpretas, no me importa explicártela mil veces y pedirte perdón si es necesario. Quizás aquí la culpa solo sea mía por pensar de un momento a otro que el orgullo se va a quedar de lado cuando no es así, cuando ni siquiera confías en mí al completo para atreverte a dejar eso de lado, cuando ni mucho menos quieres dejar atrás esa coraza que te has puesto y que te afecte de mí lo más mínimo. Me remito a lo dicho miles de veces, y es que tú no sabes ni de broma lo que eres para mí, que lo eres todo, lo que para mí supone todo esto, y lo que además por tu parte me puede doler todo tanto. Aunque bueno, de eso no te puedes dar cuenta, porque resulta que, siendo lo mejor de mi vida, resulta también que tengo conmigo a una persona que no sé por qué motivo es lo suficientemente orgullosa conmigo como para no reconocer que se pueda equivocar en ciertos momentos, porque parezca que soy yo la que lo hace todo mal, y la que a la par no vale una jodida mierda.

Y luego... ¿quién está a cualquier hora, en cualquier momento del día? ¿quién te escucha, te anima y te hace reír en los peores momentos que pasas? 

Y sé que tú haces lo mismo pero no tiene sentido que hagas todo lo que haces por mí y luego no seas capaz de reconocer ningún error, pensando que todo lo haces tan de puta madre como para no tener que decirme absolutamente nada. En dos años he aprendido que con el orgullo no se va a ninguna parte, y que solo sin tenerlo podemos mantener en nuestra vida a la persona que más podemos llegar a querer. Realmente a veces no solo siento que sea orgullo sino egoísmo. Te resultará raro, y no quiero que una vez más de todas las que lo haces, pienses mal y creas que te estoy diciendo nada malo. Quizás parezca que no te dejé claro ciertas cosas el día que nos vimos, aunque creo que te lo dije bien claro, y en condiciones. Quizás te dejé o te intentar dejar bien claro que quería que esto fuera mutuo, y que dejara de ser yo la que siempre acudiera a ti, la que siempre tuviese que estar pendiente de si te enfadas o no pero al revés no sea una mierda así, porque das a entender que te da muy igual, que puede no dártelo pero lo das a entender, y eso duele mucho, muchísimo. Quizás es porque a mí no me da para nada igual que las cosas te molesten, que odio verte mal conmigo y ver que he metido la pata hasta el fondo.

No te imaginas ni tú lo que duele que la otra persona se pueda tomar todo el derecho de hacer cualquier cosa y parezca que tú, en este caso yo, si lo haces, está mal hecho y ya es un drama. Parece que no puedo enfadarme, ni dejar que las cosas me duelan, ni mucho menos algo tan simple como colgar una llamada cuando tú lo haces cada vez que tienes la oportunidad y no te digo absolutamente nada. Porque como todo lo hago mal se me crucifica como haga eso y ya no merezco la pena, o debo ser yo la que va detrás. No sabes cómo duele o jode eso, cuando tú me las haces cada vez que puedes y como sea siempre soy yo la que acude a ti, cuando te cuesta la misma vida hablarme por el mero hecho de pensar que vas un poco detrás, porque puede el orgullo, ¿no? Porque una tía como yo que no ha estado con nadie hasta ahora que está contigo y en la cual no se han fijado, no se merece para nada que la persona a la que más quiere vaya a hablarle y con todo el corazón le diga que se ha equivocado en algo, que para qué, ¿no?

No sabes lo que te quiero, de hecho ni tú puedes saberlo con exactitud, ni siquiera eso. Y menos sabes que todo lo que te acabo de decir en líneas anteriores te lo digo porque me sale de dentro, porque si hay algo que siempre me ha gustado de ti es que no te haya importado una mierda venir a decirme que me necesitas, o venir a decirme que hay algo que no has hecho bien, que no me merecía que me dijeras alguna que otra cosa. No sabes lo que me gustaría por una vez en la vida pensar que yo también merezco la pena como para insistir un poco en que no me enfade, sin que te de exactamente igual que lo haga y prefieras pasar completamente de mí, porque esa es otra. No sabes lo que me encantaría que en lugar de aprovechar la mínima a ir a nadie para joderme y tomarte esa venganza, vinieras a mí a decirme que quieres que solucionemos las cosas como bien llevo haciendo yo todo este tiempo. Porque ni de orgullo se vive, ni de venganzas menos. Duele, duele muchísimo que me preguntes cada vez que puedes si yo soy vengativa y al decirte que no, seas el primero y el único que, al estar mal conmigo, haberte equivocado y encima ser capaz de no reconocerlo y venir a decirlo, aproveches para cualquier otra cosa como llamar a alguien por no estar bien conmigo.

Creo que somos adultos, y deberíamos dar la talla. Deberíamos saber que si somos lo más importante el uno para el otro, no debe haber ni una pizca de orgullo. Que si uno se equivoca, lo diga con toda la capacidad del mundo y sin problema y se arregle cualquier cosa. Porque las cosas son de dos, y porque no, no quiero ser la única que está al pie del cañón y por la que estas cosas no pasan, por la que se tiene que ver al nivel de la mierda y pensar que no merece tanto la pena como para que le insistan un poquito al decir que las cosas han estado mal, aunque sigas sin hacerlo.

En fin, no soy nadie para pedir nada, porque para qué, porque quizás no soy ni suficiente para ello. No soy nadie para decir algo cuando eso lo has de hacer tú porque lo sientas, pero bueno, supongo que hay diferencias, muchísimas diferencias respecto a eso. Diferencias en cuanto a que yo, por lógica, pienso una cosa que es más que obvia y es más que normal en una pareja y sin embargo tú, te das a pensar cosas que ni se asemejan a lo que de verdad habría que hacer. Supongo que ahora sé por qué me siento como una jodida mierda ahora mismo, y la carencia que tengo en este momento.
Supongo que lo leerás, y que como persona inteligente que eres, podrás pensar en que llevo razón, y que eres y seguirás siendo lo mejor que me haya pasado, pase y pasará en la vida, pero eso no quita que haya cosas que me encantarían y que por su parte ni siquiera suceden.

·Promesa: te voy a querer tanto como te han dañado, (o más).·

Te quiero, y te seguiré queriendo aunque esté jodidamente mal, bien o en cualquier situación.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Incandescente.

Como una piedra incandescente, al límite, al rojo vivo, al borde de la consumición más rápida y efímera que pueda llegar a existir. Mi cabeza es un continuo bucle de  “quiero estar bien, y ahora mismo me veo incapaz, insuficiente.”
“Eres débil”, me dices, me torturas. Sabes hacerme creer que este ánimo de mierda va a ser constante, cuando quiero realmente creer que pueda ser sola y exclusivamente puntual, y por varios factores externos.
“Esta es una sensación de mierda”, me digo a mí misma. Estoy tan sumamente sensible que, cualquier mínima cosa hace que me coma la cabeza más, mucho más de la cuenta. Quería creer que no, que eso de preocuparse así y buscarse mil rayadas habría acabado solo para darle paso a la oportunidad de estar bien, y en condiciones como debe ser.
Tener miedo es una jodida mierda. Que sí, que lo sigo teniendo, incluso a veces más de la cuenta, que me cuesta la vida eterna estar tranquila al cien por cien, que me encantaría no tener la sensación de que de repente la voy a cagar, sea como sea. Nadie sabe, excepto yo, el miedo, el pánico que tengo a fallar, a revivir eso que, de una forma u otra voy dejando atrás. A veces me odio a mí misma, odio mi puta manía de sacar una coraza llena de miedo, temor y pura inseguridad. Que a insegura no me gana nadie, que no soy capaz de sentirme bien conmigo misma, y que sí, es maravilloso que él sí consiga que me sienta bien conmigo, pero no lo hago ni individualmente, porque me quedo en el intento de “quererme” y oye, que si alguna vez lo hago es porque es a través de él y no por mis propios medios o por mí misma. Eso a la par de encantarme, lo odio de mí, porque no me quiero una jodida mierda, porque me he llegado a pensar que no era suficiente, porque a día de hoy sigo pensándolo por momentos, y porque aunque lo sepa, y sepa que si está conmigo y enamorado de mí es por algo, por cómo soy, que a la larga lo prefiero. Pero que también me revienta pensar en la de personas que habrá mejores que yo, dándome mil y una vueltas. Soy gilipollas, porque no soy ni capaz de darme seguridad, aunque sea una poca, porque no desconfío de él sino de mí, y empiezo a pensar que más jodido que desconfiar de la persona con la que estás es, sin duda, hacerlo de ti misma, de tus posibilidades, de tus capacidades, y de cualquier mínimo detalle.

Me encantaría que llegara el día en el que de verdad me creo lo que soy, en el que de verdad no me dejo a mí misma decirme nada malo, y odiarme al mirarme en un espejo por cómo soy yo exteriormente. Supongo que yo también tengo mis miles de cosas buenas, que no debo compararme con nadie, ni dejar que me comparen cuando todos y cada uno de nosotros somos únicos y especiales en nuestra especie. Unos con más, otros con menos, pero únicos. Me seguiré preguntando cada jodido día de mi vida si seré capaz algún día de darme el valor que realmente puedo tener, de quererme a mí misma de verdad a parte de que él lo haga y de pensar en que tengo cosas verdaderamente especiales como para que esté conmigo y me quiera de la forma en la que lo haga.

Ahora es ese momento en el que me llamo insoportable después de escribir todo esto, el mismo en el que digo que no hay que hacerme ni puto caso porque estoy demasiado sensible, porque no me aguanto ni yo, y sobre todo porque me cuesta la vida subir un poquito el ánimo.

Digamos que noches, por decir algo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Las oportunidades contigo siempre son preciosas.

"Tu boca es el portal donde quiero dormirme,
tu ropa mi peor enemiga, imagina que te beso y no te giras,
sentí tu aliento y vi Santiago amaneciendo,
saliendo del concierto reías, si supieras lo que te miro a escondidas."


Creo, sinceramente que mi estado de éxtasis y de euforia se resume en una única persona, solo en ti diría yo. Que puedo tener miedo, a la par a veces no saber qué va a pasar y cómo va a pasar pero no dejo de sentirme increíble. ¿Quién me diría a mí que después de tres meses iba a conseguir sentirme un poquito bastante mejor y sonreiría de esta forma? Ni siquiera tú te imaginas cómo lo hago.
Si te soy sincera, ahora mismo creo que estoy en un sueño, y de esos bonitos además, de esos sueños en los que deseas vivir cada día y que ves tan perfectos e inimaginables como para no dejar de sonreír nunca. Estás esforzándote lo que no está ni escrito, y no sabes cómo me encanta eso de ti. Lo maravilloso de todo es lo que es capaz de hacer el amor, lo que es capaz de conseguir solo al saber que no lo quieres dejar escapar.
Sé que no han pasado muchos días desde que, después de tres meses nos hemos vuelto a ver y ha vuelto a ser todo de película, pero me empiezo a sentir poquito a poco más orgullosa de ti, por entenderme, saber lo que es por nuestro bien, y lo que de verdad quieres, que ahora sé que es a mí.

Ni tú imaginas la de veces que me he preguntado por qué yo, aunque ya lo sabes pero no te haces una ligera idea de las veces que he creído que no merecía la pena luchar por mí, que quizás no sería tanto como para hacerlo y no rendirte, pero el otro día me lo dejaste más que claro. Puedo ser la chica menos bonita del mundo, más imperfecta del universo, con las manías más raras, las locuras más extremas y todo lo que te puedas imaginar pero no hay nada mejor que el hecho de saber que aún con esos desajustes estás tan enamorado de mí como para luchar, dejarte la piel y demostrarme que esto puede ser diferente a lo que ha estado siendo estas últimas veces, esta vez sí. Y sé que al revés es igual, que quiero que lo sepas, te des cuenta y veas que sin duda yo también quiero lo mejor para nosotros, por todo esto y por toda nuestra historia que no es ni mucho menos corta ni poca. Sé que eres el primero que sabe la de miedos que tengo, que no quiero volver a equivocarme con ciertas cosas, y que quiero que vayamos poquito a poco pero siéndote sincera, me estás haciendo sentirme tan pero tan bien que solo de pensar en ello es como que me da un escalofrío de esos que tanto encanta notar.

Estoy empezando a pensar en que sí pueda ser diferente esta vez, y en que mucho nos hemos debido de enamorar el uno del otro como para estar así y atrevernos a intentarlo, que quien no arriesga no gana y que contigo prefiero arriesgarme a todo antes que perderte y perder todo esto que hasta ahora llevamos. Que si lo piensas, hace más, mucho más de un año, que eres mi primero, el único que quiero, y si de mí depende, el definitivo. Que he descubierto que aún a pesar de cualquier cosa, yo también soy oficialmente la primera persona con la que tienes algo tan pero tan serio como tenemos, y que por mí harías cualquier cosa con tal de no separarte jamás. Harán apenas dos días desde que decidimos tomar esta decisión pero he de decirte que en tan solo dos días he cambiado tanto de actitud en cuestión de muchas cosas, y no sabes cómo me encanta poder estar así.
No me queda más que agradecerte que vayas tan en serio conmigo, que de verdad te importe yo y te importe esto lo suficiente como para seguir a por todas, que me vayas demostrando poquito a poco que quieres mejorar esas cosas con las que antes no podíamos, y que dejes que por mi parte sea capaz de hacerlo yo. Si hay algo que me encanta es que gracias a ti y a verte así, soy capaz de ser la persona más fuerte de este mundo, tener ganas más que de sobra para luchar por esto tan bonito que tenemos y sobre todo para seguir queriéndote cada día más como siempre he sabido hacer.

Eres increíble, Fernando, y quizás no lo sepas ni tú. Quizás no puedas imaginar de verdad que sabes darme la vida con tan solo estar, abrazarme y besarme con toda la pasión del mundo. Quizás no creas tanto en ti como a pesar de cualquier cosa, puedo creer yo. Estoy orgullosa, muy orgullosa de ti, porque tengo la sensación más bonita que se pueda tener, porque confío en que las cosas vayan a salir bien y esto sea tan eterno como siempre hemos deseado. No sé cómo voy a agradecerte lo que poquito a poco estás haciendo y me estás dejando hacer, lo que es notarte tan pero tan diferente con respecto a todo este tiempo anterior y solamente porque quieres que esto nos salga tan bien como siempre ha salido hasta hace unos meses. No sé cómo voy a agradecer que todas nuestras conversaciones sean entre risas, que me dejes animarte, que te rías de mí y de las cosas tan tontas que digo, que me digas que soy una pava pero que me quieres a mí y no necesitas nada más. Y sobre todo tampoco sé cómo voy a agradecerte que sepas declararme tu amor de esta forma queriendo hacer todo lo mejor y todo lo que hasta hace unos días veía como inimaginable y super difícil.

Sé que tampoco te vas a explicar a qué viene decirte todo esto pero me ha dado tal ataque de sinceridad como para hacerte saber cómo me siento, para hacer que lo lea quien quiera y se crea tanto como tú que estoy orgullosa, demasiado orgullosa no solo de tenerte sino de que estés dándote una oportunidad, dándomela a mí y dándonosla a nosotros de la mejor forma. No sabes lo que esto significa para mí pero es como poco impresionante que después de este tiempo pasado nos demos la oportunidad de volvernos a hacernos felices, porque creo que nos lo merecemos, y porque ya es hora de hacerlo. Dicen que "después de la tormenta siempre llega la calma" y menuda tormenta más larga, pero siempre acabas pensando en que puede merecer la pena si al final se recompensa con algo como lo que creo que está por llegar.


Gracias, millones de gracias por esto y por todo.

Que te quiero, ¿sabes? y más que a nada en este mundo.

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Por qué no?

I'm a care for you...you make it look like it's magic cause I see nobody, nobody, but you, you.

Otra mañana más y otro día más de mierda. No quiero seguir acostumbrándome a esto, no, por favor. Ni creas que haya perdido el interés en ti en ningún momento cuando te he insistido como nunca, y aún así a veces te has dado la oportunidad de pasar por completo. Joder, que si yo fuera tú y viera que la persona que me quiere (tú claramente) me insiste y se preocupa por intentar estar bien como llevo haciendo yo tanto tiempo, perdería el culo por ella. Que no hay nada mejor que ver que la persona que realmente se ha enamorado de ti, es capaz de insistirte, ya sea menos o más.

No te voy a mentir. Echo de menos (de entre tantas cosas) eso de ti, que no sea solo yo la que te insiste por miedo a perderte. No me he cansado de insistirte, ni de intentarte de todas las formas posibles. Me he cansado de creer que para ti ciertas veces he sido o soy una molestia, y que no servía para nada. Jamás me he cansado de ti, ni me plantearía hacerlo, que te sigo queriendo con locura, y estoy jodidamente enamorada de ti hasta los huesos. Pero también sería justo que me entendieras, porque también me lo merezco, y llega también un momento en el que no se puede pedir más de lo que realmente se da. Y quizás eso es lo único que espero y he esperado de todo, que me insistas como poco aunque sea un cuarto de la mitad de lo que lo he hecho yo. Que sí, que lo has hecho anteriormente incluso, pero no este tiempo, y eso es lo que me jode.

¿Crees que no debiera ser yo la que pensara que has perdido el interés o que todo esto te da igual? Pero no, tampoco soy así, porque me gusta pensar en lo que siempre has sido conmigo, cosa que al revés debería de ser exactamente igual, y no creer que me da igual esto o que no tengo interés cuando sí lo tengo. He luchado por ti lo que no sabe nadie, ni siquiera tú. He dado todo lo que ni he tenido, he hecho cosas inimaginables, y cosas que ni yo misma me vería capaz de hacer por nadie. Dime de verdad, ¿eso no lo valoras o no te das cuenta de ello?
Te digo por experiencia que es jodido, muy jodido darse cuenta de las cosas pasadas ciertas cosas, que a todos nos encantaría darnos cuenta de las cosas en el momento pero no somos ni capaces.

A lo mejor es que pido demasiado, pero pienso que tampoco tanto. Pienso que solo te he pedido una pizca de entendimiento y de que te des cuenta de una vez de que lo que te quiero más que nadie y nadie te querría ni de lejos como lo hago yo cada día a pesar de estar así. Estoy harta de estar mal, de tener que llorar a escondidas, de que me superen las lágrimas y falte tiempo para que me de ansiedad y no tener ni aire para coger.
A pesar de que no te pase nada como a mí, no creo ni que tú estés mucho mejor que yo. No se puede estar bien de un día para otro, y menos después de querer así, de tal forma.
No sé cómo masticarte más lo que realmente quiero y siento, ni cómo más decirte que no eres el único que merece que luche por él, que por qué no me luchas tú a mí y nos luchamos mutuamente como siempre hemos sabido. Joder, que nos queremos. Que eso sigue siendo mutuo, que puede ser muy difícil, pero que nunca imposible. No sé ni cómo más decirte que después de todo lo que he hecho y sé que has hecho, me hace falta un poquito más, justo ese poquito que me hace saber que quieres que nos sigamos luchando.

Y así seguramente las cosas irán a mejor, o lucharemos porque vayan a mejor, pero luchar de verdad. Que sí, que a veces no sé qué más hacer porque me lo pones jodidamente complicado, pero que aunque yo pueda ser también complicada, creo que tras haberte demostrado todo, lo que es todo, también merezco la pena, y no te pongo impedimento alguno. Que por ti sigo dispuesta a todo lo mejor y que ojalá te dieras cuenta o te des cuenta un día de estos.

Que así es el amor, estar juntos, a pesar de todo, contra todo y contra lo que venga, pero sobre todo y más importante sabiendo que nadie nos va a querer como lo hacemos nosotros, y mucho menos a conocer.

Te quiero, no puedo dejar de hacerlo, ni mucho menos quiero.❤

miércoles, 26 de octubre de 2016

Verdades...

“Don't you give up,
I won't give up,
let me love you, let me love you.”

Un día más, y cada vez peor, más duro y con menos ganas de nada. Supongo que nada ha cambiado de mí respecto a ti y que a pesar de estar de esta forma, no puedo evitar preocuparme por ti. Odio haberme acostumbrado aunque sea lo más mínimo a que me dejes en visto y no te plantees contestarme cuando realmente me preocupo y quiero preocuparme por ti. También supongo que no te puedo obligar a nada, y que algún motivo habrá para que de repente no lo hagas.
Me siento fatal estando así, cuando veo que aún echándote de menos parece que las cosas van a seguir así, cuando no es lo que realmente quiero. Odio que creas que mi intención en algún momento ha sido hacerte daño, cuando te juro que no, y que incluso sé que tampoco ha sido tú intención al revés aún habiendo sido así.

No sabes la falta que me haces. Ya me da igual decirlo así de claro, pero creo que no puedo sentirme más vacía. Que hoy, igual que todos los días te he echado y te echo en falta. Y que si ya de por sí se nota cada día y cada vez más, hoy que me ha tocado ir al hospital, más todavía. Tu forma de tranquilizarme y decirme que todo va a salir bien, que ni me preocupe porque no va a pasar nada y que seguro que no va a ser tanto como me creo.

Al final siempre son los pequeños detalles los que más podemos echar de menos junto con las personas. Que me faltas tú, que nada es igual, y que no sé cómo te lo voy a repetir para que te enteres de que sigo tan enamorada de ti cómo para todo lo mejor. Y que quizás no esté mal eso de las segundas oportunidades, que puede ser difícil por esto de la confianza, y porque ninguno la tenemos al máximo, sino al mínimo que es lo peor. Supongo que por todo, porque igual que tú tienes tus motivos, yo también tengo los míos, porque al final también es cosa de dos.

A lo mejor soy masoca por querer intentarte aún a sabiendas de que nadie secunde esa idea. Supongo que será porque las cosas no cambian de la noche a la mañana, pero también sé que te quiero, y que sí, siendo sincera, las últimas veces, todo esto me ha estado haciendo más daño que feliz, que era lo que quería pero sé que me hace más daño estar sin ti. Y vale sí, sé que no te vas a inmutar mucho si lees esto, pero como siempre, es parte de mi desahogo, y me encantaría que supieras entenderme. Me encantaría que supieras entender que, para que las cosas sucedan, también hay que poner un poquito de la parte de uno mismo, al menos un poquito, y no hacerle cargar con todo el peso a la otra persona, porque hay que tener reciprocidad, saber que quien tiene boca se equivoca, y que si se quiere a una persona como creo saber que a pesar de todo haces tú, nunca está de más acudir por una vez a decir lo que se siente, piensa y todo. Que no quieres estar así, que te encantaría tanto como a mí seguir con esto pero seguir bien.

Por eso en parte quizás he dejado de molestarte un poco. Porque últimamente sentía que lo estaba haciendo bastante, y que por ciertas palabras hacia mí, preferías que ni existiera. Quizás es que he intentado poner todo lo mejor de mí y lo máximo y he sido lo más sincera que he sabido contigo dejándote más que claro lo que te quiero. Y me encantaría que hicieras lo mismo, pero también sé que tal y cómo estás, no estoy en condiciones de pedir nada, y eso es algo que tienes que pensar por ti mismo, sin contar con nadie. Sé que has dado muchísimo, demasiado por mí, y nunca me he quejado, pero quizás últimamente, he sido yo la que ha intentado tirar más del carro, y ya no sé si es porque te hayas cansado o qué pero me encantaría demasiado que pensaras en todo eso, que reflexionaras y te dieras cuenta.

Lo he estado pensando otra vez, y es que aunque te hayas “ido” como aquel que dice, sé que si no lo has hecho del todo es porque sigues creyendo que, a pesar de cualquier cosa, no vas a ver que nadie te quiera como lo hago yo ni luche si quiera la mitad de lo que he luchado yo por ti, igual, igualito que es al revés. Que no es por desmerecer a nadie pero lo sé, y sé que tampoco vas a verte con nadie haciendo la de cosas que has hecho por mí, y...¿quieres saber por qué? Porque te has enamorado de mí más que de nadie nunca, que tú eres mi primero, y el que sigo viendo hasta como definitivo a pesar de lo que sea, pero quién te iba a decir a ti que te ibas a enganchar tanto de la persona más imperfecta de este mundo. Que me quieres, y eso es innegable, y no lo digo por creerme nada sino porque lo sé, y te conozco más que nadie. Y yo no me pienso engañar a mí misma porque sé que lo que te quiero supera lo que parece insuperable, así que no te engañes tú tampoco, porque te digo desde ya que va a ser mucho peor.

Y como siempre, que sepas que te quiero, y que incluso a pesar de todo, eres lo mejor que me ha podido pasar en esta vida y en mil más si las tuviera.

martes, 25 de octubre de 2016

Me encantaría poder decirte tanto...

“Voy a estudiar mo se cumplen tus sueños, voy a leerte siempre muy lentamente, quiero entenderte.
Cuando te vi tuve un buen presentimiento,
de esos que llegan una vez en la vida.”

¿Crees que yo no te echo de menos? No te llegas a hacer una idea. No sabes lo jodido que es todo esto solo porque tú no estás. No sabes la que has liado, (para bien), ¿quieres saber por qué?
Has conseguido todo en todo momento, lo mejor del mundo, de mí y de la forma que has querido, porque así eres tú, la mejor marabunta que pueda existir, que llegas y te llevas todo por delante, pero me llevas a mí que es lo más importante. Joder, que has hecho que te quiera como a nadie en esta vida, que piense cada día en ti y nunca deje de hacerlo, que piense en la definición de poesía y te vea a ti sonriendo. No exagero si digo que lo has hecho todo, que lo sigues haciendo (aún si quiera sin "estar"), que me has vuelto completamente loca, tanto para bien como para todos los sentidos que te de por pensar. Ese es el secreto, "pensar", y darse cuenta de todo de una vez sin centrarse en mierdas ajenas.

¿Crees de verdad que es cuestión de dignidad? Porque me asombra eso. Porque quizás si fuera por dignidad, yo no podría escribir después de haberla perdido por completo por ti, solamente por ti. Y no creo, sinceramente que tú la hayas perdido, jamás además, porque has hecho todo lo que tenías que hacer en cualquier momento según tu criterio, no como yo, que debería de haberme puesto más en mi lugar ciertas veces.

Pero, a parte de eso, no creo que sea cuestión de dignidad, ni mucho menos, se supone que el amor no consta principalmente de eso. Se supone que es cuestión de saber qué se hace o no mal, cuáles son las cosas de las que debemos arrepentirnos y mejorar, solo mejorar, un poquito aunque sea. Se supone que es cosa de ser lo suficientemente humildes como para dejar el orgullo de lado y decir todo lo que sintamos. Creo que yo de una forma u otra ya lo hago, quizás es porque escribiéndolo me desahogo y me importa más bien poco seguir diciéndote cada día que lo que te quiero es tanto como para estar contigo a por todas. Se supone que nunca hemos tenido orgullo el uno con el otro, y odio creer que tú desde hace un tiempo hayas empezado a tenerlo. Que a lo mejor según tú no es así y es solo una de mis miles de sensaciones pero eso también duele. No sabes cuánto tiempo hace que no escucho esas palabras tan sinceras que jamás te ha importado decirme, que vengas y me digas un "te echo de menos" sin temor a nada, sin pensar en que es cuestión de dignidad.
Porque si crees realmente eso, te digo desde ya que estás totalmente equivocado, que a mí me quedará todavía por aprender mucho porque es lo normal, pero dentro de la madurez que sí tengo, te digo que nunca está de más ser sincero con la persona que has querido y a día de hoy puedes seguir teniendo a pesar de todo.
Quizás es eso por lo que creas o hayas creído a veces que mi intención es ir dando pena o cosas así. Pero te digo que es sinceridad, y que no se puede fingir algo, ni mucho menos el estar como una jodida mierda.

En fin, que me desvío un poco, como siempre. Si en líneas anteriores he mencionado eso de "madurez" refiriéndome a que nunca esté de más ser sincero, si te digo la verdad es porque eso lo he aprendido contigo, por mi propio pie más que nada. De esos aprendizajes que haces contigo misma. Porque me ha podido más el amor que el pensar en tener orgullo contigo, porque te he dicho siempre todo en todo momento tal y como lo he sentido, porque te he pedido perdón cuando he tenido que hacerlo y no me ha podido el orgullo por el simple hecho de incluso haber sabido en ocasiones que no te había hecho nada como para que estuvieras de según qué forma.

Me vas a permitir que diga que no te entiendo, que sí, que sé que me echas de menos, pero no me gusta que lo hagas y al rato parezca que te resignas, que no me merezco que lo hagas o que ya has hecho suficiente como para ser capaz de venir a decírmelo. También creo que yo no me merezco menos, y mucho menos lo soy, que no me cuesta nada decirte que te echo de menos y que me encantaría arriesgarme contigo a todo, pero en cuanto a ti, de eso, no sé nada, llevo tiempo sin saber nada, y no sabes lo frustrante que es eso. Llevo tiempo sin saber qué te apetece conmigo, qué es lo que realmente quieres, porque por mucho que pueda deducir algo, nunca se sabe del todo si no es la persona la que se lanza a decírtelo.
Ni te de por pensar que diga esto para que de repente vengas y lo hagas. Al fin y al cabo siempre haces lo que quieres, y no te juzgo por ello porque es lo que debes hacer según lo que tú creas. Supongo que de todo lo que me duele de ti, una de esas cosas es que menciones la palabra dignidad cuando yo la perdí hace mil contigo, cuando contigo he perdido tantas cosas que no lo sabes ni tú, pero nunca te diría nada porque no me has obligado a nada y he hecho siempre todo lo que he tenido que hacer sintiéndolo de verdad. Y lo seguiría haciendo si me dejaras.

Me gusta saber que puedas echarme de menos, porque al menos sé que puedes estar como yo, pero de verdad, no digas ni creas eso de la dignidad cuando está más que sobrevalorada. Me encantaría atreverme a decirte tantas cosas que ni siquiera eres tú capaz de imaginar. No hay día en el que no me diga a mí misma que te echo de menos, y que esto no es lo mismo sin ti. No hay día en el que no desee hablar contigo y no tenga siquiera seguro si a ti te gustaría. No hay día en el que no me rompa por el mero hecho de estar así, y estarlo continuamente.

Ojalá tuvieras una mínima idea. Seguro que así cambiarías de opinión en muchísimas en las que estás tan pero tan equivocado, más que nunca. No sabes cómo me encantaría volver a empezar contigo en todo, guiarnos poco a poco, volver a darnos confianza, fuera rayadas, fuera tonterías, fuera faltas y fuera todo lo que realmente nos hace mal.
No sé si es que realmente pido mucho, no lo sé, aunque creo que después de no haber pedido nunca mucho, por no decir nada, y de haber dado todo lo mejor de mí como poco al doscientos por cien, también me merecería eso. No te voy a negar que no siga teniendo miedo, más que miedo, pánico, pero decido yo por mí misma, y hay cosas que me seguirían encantando seguir viviendo, tú por ejemplo.

Por si tienes alguna duda, nunca me he cansado de ti, ni de esta historia tan preciosa, pero menos me he cansado de quererte, jamás, por si no lo sabías.

lunes, 24 de octubre de 2016

Sentimientos...

“Tú me has hecho mejor,
mejor de lo que era, te entregaría
mi voz a cambio de una vida entera.”

No sé ni qué hacer, no tengo ni la más remota idea. Lo único que realmente sé es que los días se hacen jodidamente eternos porque no estás tú para llenar(me)los. Me encantaría poder decir que estoy bien porque te tengo, pero esto es insoportable, jodidamente insoportable. A veces tengo la sensación de que me merezco estar así, que esto que nos está pasando es muy en parte por mí aunque en realidad es más por los dos que por nadie.

No puedo evitar pensar en ti a cada momento, ni siquiera soy capaz de no relacionar cada cosa contigo, sea lo que sea, desde cualquier tontería como decir una palabra nuestra a escuchar miles de canciones y que todas me recuerden a ti.
«Tu cuerpo quería más vivir, y yo vivir en ti sin más.»
Cada letra, cada melodía consigue que piense en ti y te quiera aún más, que a lo mejor crees que puedo dejar de hacerlo pero no podría porque sé que incluso a pesar de cualquier cosa, mi amor es mucho más grande que cualquier problema que hayamos podido tener.
Ni siquiera podrías pedirme que no te echara de menos cuando lo hago a cada segundo. Que no sabes cómo me encantaría decirte que cada mañana no es igual solo porque tú no estás para decirme esas cosas que tanto me hacen reír y nos hacen reír. Que las tardes no son iguales sin mis llamadas a las siete de la tarde entreteniéndote hasta que coges el autobús. Porque me da la vida escucharte, que me cuentes lo que has hecho y te quejes de lo pesado que es algún que otro profesor.

Ahora mismo no sé qué nos une pero tanto que no crees en el destino, ahora mismo estoy escuchando nuestra canción...“All of me” (te juro que es el aleatorio). «All your perfect imperfections...» ¿Te acuerdas? Como para no, ¿eh? ¿Por qué no vuelves? ¿Tanto daño te hace esto, te hago yo? ¿De verdad?
Ahora es más momento de debilidad pero no puedo evitar llorar, porque esto que desde hace tiempo llevamos teniendo siempre ha sido precioso, y realmente tampoco ha merecido nunca la pena poder perderlo. Ojalá me vieras ahora, supongo incluso que a pesar de todo me abrazarías y dejarías que yo lo hiciera como nunca. Que después de verme llorar, esta vez sí, otra vez, me darías uno de esos besos tan bonitos que tú sabes.
Sé que lo he dicho muchas veces pero lo siento, por si en algún momento he fallado, te he fallado o la he cagado, porque realmente no he querido hacer eso nunca. Tampoco te voy a engañar diciéndote que no me sienta yo de la misma forma que tú por según qué cosas pero ahora mismo si te tuviera delante te diría tantas cosas...

Dijimos que no nos íbamos a ir nunca, ¿y ahora qué? ¿Qué hago yo sin ti, me lo explicas? Tú te creerás que no, ni siquiera sé por qué razón pero yo me sigo muriendo por cada uno de tus huesos, (aunque suene muy macabro) y no he dejado de hacerlo en ningún momento. Supongo que a veces una persona también necesita un poco de sí misma, y que al estar tan saturada tenga ganas hasta de desaparecer porque así piensa que las cosas serían hasta mejores. Siento mis manías, mis frases de no pensar antes de hablar, mis meteduras de pata, todo, no sabes cuánto.

No te pienso decir que no quiera estar contigo nunca porque sé que a pesar de cualquier cosa, me moriria y me sigo muriendo por estar a tu lado y que me dejes hacerte feliz a la par que me lo haces tú a mí. Que me encantaría seguir siendo lo de aquellos primeros meses, sin agobios, disfrutando el uno con el otro y dando todo lo mejor, porque así seguro que las cosas sí que irían bien, con esos dos enamorados del principio.

Ojalá siguieras a mi lado a cada momento y vieras que quiero darte lo mejor además de conseguirlo. Que te sientas orgulloso de mí y hagas que me sienta muy pero que muy orgullosa al revés. No sé, son muchas las cosas que me encantaría y no sé ni si van a pasar. No puedo más, te lo juro que no, no puedo, y ya incluso hasta me cuesta escribir...así que quizás deba dejar esto aquí por hoy, por no romperme más de lo que estoy ya.

Te quiero, ¿vale?
Always.🔐

domingo, 23 de octubre de 2016

Quizás.

“Disparo y fallo solo es para probarme,
te pago un millón si aguantas mi carácter.”

Cada día odio más que quieras decidir por mí. Que seas tú el que decida cómo debo estar o no, el que diga qué hago y qué no hago cuando realmente no hago nada. Odio la manía que sigues teniendo para creerte a ti mismo esas miles de cosas sin sentido, ¡cómo si yo fuera así!
Yo ya me he dado cuenta de demasiado pero, ¿y tú? ¿por qué no haces por darte cuenta de todo de una vez? ¿de que te estás dando de hostias continuamente creyendo algo que no es?
Y vale, que sí, que no seré yo la que te obligue a nada, ni mucho menos a que te des cuenta porque eso es cosa tuya, de ti, de tu cabeza. Pero no puedo evitar que me duela, me joda y por su parte me reviente, porque odio esa jodida manía tuya de suponer tanto y no molestarte ni en preguntarme. Aunque, para qué, ¿no?
Me sigue encantando de ti todo lo mejor y más, aunque supongo que siempre hay alguna pega, igual que tienes tú conmigo a pesar de no haberte hecho ni la mitad, ni un cuarto de la mitad de lo que te han hecho, ni siquiera el ser una hija de puta como en su día sí que lo han sido.
Me encantaría tantísimo que te dieses cuenta de todo que ni te lo imaginas. Porque quizás así las cosas irían mejor, y entre nosotros sobre todo. Sé que por orgullo y más que orgullo prefieres deducir por ti mismo antes de venir a preguntarme. Y que odio eso.
Odio que ni te molestes en preguntar, que tú mismo decidas, que solo tú te digas a ti mismo “esto es verdad, esto no lo es. Esto es así y esto es asá.” Nunca sabes lo que duele y jode hasta que te pasa, pero quizás no te haya pasado, o al menos algo así, porque siempre he preferido preguntarte, cualquier cosa.
Aunque sí es verdad que hay cosas que no se preguntan por miedo a la respuesta o porque intuyes lo que va a ser esa respuesta, como por ejemplo el si te importo, aunque sea lo más mínimo. Supongo que es muy jodido saber la respuesta y saber que sigues dependiendo de una persona tanto emocionalmente como de cualquier tipo pero que al revés no dependa. Y es aún más jodido el hecho de saber que no ha tardado mucho en dejar de depender, y que las cosas parecen tan normales...

La vida, son todo preguntas y respuestas. Está llena de “por qués”. Por qué esto, por qué lo otro e incluso por qué lo de más allá. Porque nos pasamos el día y la vida preguntándonos el por qué suceden las cosas que suceden. Como por qué estar en esta mierda de situación y no ser feliz contigo que es lo que me encantaría. Por qué no te das una oportunidad a ti mismo de pensar las cosas de forma tranquila sin decidir nada por ti mismo, y contando con los demás, en este caso conmigo. Por qué te cuesta tanto venir y decirme si estarías dispuesto a seguir a por todas conmigo, porque yo sería capaz. Por qué te complicas tanto la vida y te la jodes montándote paranoias que no tienen ni pies ni cabeza. Por qué esos ataques de ira sin venir a cuento, el estar todo el día igual sin darte la oportunidad de disfrutar un poquito, aunque sea un poquito nada más.
Y te lo dije no hace mucho, no se puede estar toda la vida enfadado, y menos con todo el mundo. Creer que todo está en tu contra y que hasta la más mínima cosa vaya por ti, o por hacerte algún mal. Porque ya no es excusa que te hicieran daño, porque ya han pasado los años que han tenido que pasar, y que yo, si fuera tú, me hubiese dejado hace tiempo de lo que me han hecho o no me han hecho. Y como pequeña clase también de psicología y si lees esto, te digo que, quizás sea hora de dejar de buscar culpables, quizás sea hora de dejar de pensar que somos los demás, o en este caso yo la que te va a hacer algo cuando sí, me habré equivocado pero no te he hecho putadas ni te he jodido la vida, porque quien lo analice desde fuera, seguro que piensa que cosas por las que te has llegado a enfadar y a rayar son tonterías, y no deben ser propias de un chico tan eficaz e inteligente como tú. Quizás sea hora de pensar en que todo esto es cuestión de actitud, y tiene cojones que después de miles de bajones y los que me quedan, lo diga yo. Pero quizás es cuestión de eso, y de ti, de pensar en que es cierto que siempre crees que todo se hace para joderte a ti, como si todo el mundo solo se centrara en joderte, joderte y joderte. Quizás sea hora de darte cuenta de todo de una vez, de que hemos disfrutado juntos lo que no está escrito y más sin centrarnos en nada que no seamos los dos. Quizás sea hora de que pienses que todo es cuestión de dejar todas esas mierdas atrás, de acordarte de cada mínima cosa que te han hecho, de las putas fechas exactas. ¿Qué más da? Ha pasado el tiempo suficiente como para haber aprendido y darte cuenta de que a pesar de todo sigues en pie. Y siendo honesta, más que honesta, no seré ni la más buena ni nada, porque nadie lo es, pero es de admitir y de reconocer que yo he mirado siempre por tu bien, y que nunca he tenido ni tendré ninguna intención mala, aunque tú te piensas que sí y ese es el verdadero problema.
Quizás es porque el día que dejes de pensar en lo que ha pasado, aprenderás a disfrutar. Quizás es porque el día en el que pienses en lo que pasa y puede pasar consigas ser feliz, y sobre todo con alguien que sepa conseguirlo, como sé que soy yo capaz. Porque la última vez me dijiste que conmigo eras feliz, que cuando estábamos juntos, lo eras, y eso sí que es bonito. Pero claro, quizás es eso, cuestión de actitud, y tú sigas sin darte cuenta creyendo que todo lo que haces, dices o piensas, está bien. Quizás sea hora de admitir como soy capaz de admitir yo, cada error y cada cosa que es sumamente exagerada.
Lo principal es dejar de tener miedo, y te creerás que no te entiendo cuando sí lo hago, cuando siempre hago por ponerme en tu lugar, sé a qué tienes miedo pero como en algún momento no te de por dejar eso un poco atrás, no vas a disfrutar jamás.
Y tú dirás lo que quieras pero sé que nos seguimos queriendo, o yo te hablo por mí al menos. Y sé que si ahora nos viéramos seguiría habiendo la misma complicidad que siempre, y se demostraría una vez más lo fuerte y bonito que es el amor de verdad.

Ojalá al leer esto te des cuenta, y veas esa pequeña clase de psicología como una crítica meramente constructiva, que es lo que es, y nunca nada malo.

Por si no te acuerdas, te quiero y te sigo queriendo, en todo momento.

sábado, 22 de octubre de 2016

Noviembre...

"El mundo era una jodida mierda.
De días grises.
De lluvia que no paraba.
De ganas de mandarlo todo a la mierda.

Entonces aparecías y sonreías.

Se detenía todo. Incluso dejaba
de llover en tus pestañas.
Y te juro que me daba igual
que fuera una mierda, si tú me abrazabas."

Capítulo 1



Años tras nuestros pies y nunca antes me he parado a pensar hasta este año pasado lo especiales que pueden llegar a ser según qué meses. He de reconocer que todo llega para el que sabe esperar, que al final de todo siempre hay alguien que te ve de forma distinta, ese mismo que te demuestra que puedes ser su debilidad en tu totalidad con tan solo mirarle a los ojos y de forma inconsciente apartarle la mirada.
Pude confirmar esto en noviembre, ese mes, nuestro mes. Me hacía a la idea de bastantes cosas pero jamás imaginé que un día en concreto, tan solo un día, fuera capaz de marcarme tanto y de dejarme ser feliz al lado de la persona que más quiero en el mundo. Tenía que hacerlo, no podía rendirme y mucho menos podía dejar escapar a la única persona que desde que había llegado a mi vida la había convertido en algo muchísimo mejor haciéndome sentir de una forma muy especial y bonita. No podía perder nada de eso, y ya no es que tuviera que intentarlo sino que tenía que hacerlo y conseguirlo, y nadie sabe lo orgullosa que me siento de no haber dejado en ningún momento de luchar por la persona que sé y sabía que podía dármelo todo y hacerme tan feliz como algún día podría haberme llegado a imaginar.
Entonces llegó, empezó el penúltimo mes del año y tenía totalmente claro que quería ir sola y exclusivamente para estar con él y por lo tanto hacerle olvidar todo tal y como le había prometido, para demostrarle que por él me recorrería el mundo si hiciera falta y que podíamos estar juntos sin importar nada más, solo nosotros. Iban pasando los días y no había otra cosa en la que pensara, tenía millones de ganas de confirmar que podía irme y así no separarme de él, ganas de tenerle en frente y que no dejara de abrazarme en ningún momento. Llevábamos tantos meses hablando de las ganas que teníamos de vernos que por fin cuando sabíamos que lo íbamos a hacer, nos resultaba increíble, el mejor sueño hecho realidad, dos personas que de verdad tenían y tienen futuro juntos iban a estarlo por fin, centrándose el uno completamente en el otro sin pensar en nada. De repente, el día anterior pude decir con firmeza y con certeza que me iba, sí, Sevilla y el amor de mi vida me estaban esperando para recibirme con los brazos bien abiertos, para hacerme ver que el amor verdadero no tiene barreras y que hay que luchar por él contra todo pronóstico. Recuerdo aquel día como si fuera ayer mismo, incluso soy capaz de volver a sentir ese escalofrío y esos nervios a los que me enfrenté, y es que sin duda alguna esos han sido y siguen siendo a día de hoy los mayores nervios y más bonitos que haya tenido jamás. Recuerdo que seguía sin creerme hasta ese día que por fin le iba a ver, por fin se iba a hacer realidad algo de tanto tiempo, por fin iba a ser capaz de consolidarlo y a partir de ahí empezar algo maravilloso. Eran tantos los nervios que la noche anterior me impidieron conciliar mucho el sueño, hasta el nivel de llegar el día y que mi sueño desapareciera en el momento de subirme a aquel autobús. Casi tres horas de viaje, la primera y única vez que viajaba sola, sentimientos indescriptibles a flor de piel y sobre todo ganas, demasiadas ganas de que llegara aquella hora y empezara uno de los mejores días de mi vida al lado de la persona que después de un año y medio sigue siendo cada día más mi debilidad y lo que más quiero. No puedo negar que por el hecho de ser la primera vez que me iba sola, aquel viaje se me hizo eterno, eso y que mis ganas de llegar aumentaban cada vez más a medida que iba recorriendo todos y cada uno de esos kilómetros hasta llegar a verle. Cuanto más recorría, más increíble me parecía aquello, no dejaba de temblar pensando en que por fin y después de tanto tiempo se estaba cumpliendo mi sueño más predilecto, ese que rondaba todos mis pensamientos cada día desde hacía tantos meses, y al fin llegó.
Llegué a Sevilla, esa ciudad que nunca había visitado como tal y que esta vez iba a ser totalmente diferente. Sevilla…su color especial, y ¡qué color tan especial!, su sonrisa, esa mirada que tiene y que al mirarme fijamente sabe avivar en mí todo ese nido de mariposas. El río Guadalquivir a la derecha, mis ojos con una mirada nerviosa escondida a través de unas gafas de sol observándolo a través de una ventana y miles de pensamientos en mi cabeza haciéndome notar aún más nerviosa y haciéndome saber que estaba a tan solo minutos de estar abrazada a la mejor persona que puede llegar a existir. Poco a poco el autobús iba recorriendo esa pequeña parte de la ciudad hasta llegar a la estación, hasta que sin darme cuenta estaba entrando, atacada, con el corazón a mil, temblando sin ni siquiera tener frío y en un estado de euforia abismal.
Por fin me bajé, no conocía aquello, por lo tanto no sabía ni a donde ir, ni donde estaría esperándome ni nada pero aun así y a pesar de eso vi una rampa por la que supuse que se podría salir a la calle, aunque tampoco dejaba de ver a todo el mundo ir por ahí, me dejé guiar también por eso.

No sabría explicar con exactitud cómo iban aumentando mis nervios a medida que iba avanzando esa rampa, no sabría explicar que lo que sentía dentro de mí era una mezcla de todo y que necesitaba que llegara ese momento. Estaba desorientada, seguía sin saber a donde tenía que ir, lo único que veía desde dentro era el exterior y aun así no sabía exactamente qué tenía que hacer, aunque sabía que le reconocería a la perfección, no dejaba de mirar para un lado y para el otro esperando a que apareciera de repente, entonces solo se me ocurrió una cosa en ese momento, llamarle.


Ring…ring...
—Oye, ¿ dónde estás que no te veo?
—Aquí fuera, ¿y tú dónde estás?
(Grito con voz de niña)
— ¡Ayyyy! ¿Eres el de rosa? — le pregunté.
—Siiiii.
—Vale, ya te veo, voy para allá.


En ese momento y cuando me confirmó que era él, lo primero que hice fue colocarme el pelo, en seguida me dirigí a la salida y le vi, estaba ahí, a tan solo unos metros de mí, de un lado a otro y de espaldas, sin parar quieto y nervioso esperando mi llegada. Me escondí detrás de una columna esperando a darle una sorpresa, le tenía cerca, muy cerca, es más, lo raro es que no se diera cuenta de que estuviera ahí. Tal y como le veía sin dejar de moverse, me esperé a que se quedara completamente de espaldas para aparecer por detrás y darle una muy bonita sorpresa, así que fue eso lo que hice. Cuando me di cuenta de que era la oportunidad, salí de detrás de aquella columna y literalmente tiré la mochila al suelo apartándola de mí, ahí fue cuando poco a poco me acerqué a él y le rodeé por detrás con los brazos, a lo que él se dio la vuelta y me respondió dándome el mayor y mejor de los abrazos, de esos fuertes que consiguen reconstruirte en todo momento, justo de esos. Lo primero que hizo tras abrazarme fue lo que desde hacía tiempo me había dicho que quería hacer aunque me diera muchísima vergüenza, quitarme las gafas de sol y ver esos ojos que tanto le encantaban.


— ¡Qué ojos tan bonitos tienes! El camaleón (entre risas)
—Jo, tengo que tener una cara de dormida increíble, qué vergüenza.
—No pasa nada, ya te dije que lo primero que iba a hacer era quitarte las gafas y mirarte a los ojos.


Tras eso estaba muerta de vergüenza, había sido mirarle a los ojos y no tardar ni un segundo en apartarle la mirada dada la debilidad que me provocaba. Aun con eso no dudé ni un momento en decirle lo guapo que era y estaba, las ganas que tenía de ese momento y de que no me soltara, el tiempo que llevábamos pensando en todo eso y que por fin no me creía que estuviera pasando. Salimos de allí y teníamos Sevilla a nuestra merced, todo el día y toda la tarde juntos, los dos solos disfrutando del maravilloso paisaje que deja ver la capital, un día acompañado de risas, de muchas sonrisas y antes que nada de bastante timidez. Después de tantos meses conociéndonos, me encantó ver a un chico tímido frente a mí, así tan igual a mí sabiendo que yo también lo era, aunque poco a poco me fui desenvolviendo y siendo tal y como soy, dando lo mejor de mí, haciéndole disfrutar, reír a cada paso y sonreír de la forma más bonita que alguien pueda imaginar.
Estuvimos paseando por el río, miraba maravillada al ver ese precioso paisaje que hasta ese momento no había tenido la oportunidad de ver, y qué mejor forma de verlo que con la persona indicada, con la que sabía que estaba siendo la chica más feliz. Tras ese paseo, estuvimos en un parque cercano hablando.
Yo, subida en un banco y alardeando de la locura a la que me someto, no dejaba siquiera de abrazarle, tenía tantas ganas de hacerlo que lo único que quería y me apetecía era hacerlo sin parar y que él hiciera lo mismo, todo esto acompañado de bonitas sonrisas y de una frase que repetí de forma continuada a lo largo del día dándole a entender directamente las ganas que tenía de él y lo enamorada que ya estaba.


—Te voy a comer la sonrisa a besos, te aviso.


Esa era la frase que no dejaba de decirle, y es que con él estaba segura de todo, me había dado cuenta tiempo atrás y me había reconocido a mí misma que me había enamorado de él hasta un nivel estratosférico, y era imposible no tener ganas de todo si era a su lado. Después de aquello fuimos por el centro de Sevilla a comer a un sitio que desde entonces es nuestra costumbre el último día de vernos, el Burger King, un sitio que desde aquel día me parece maravilloso solo porque lo comparto con él, aunque también me crea nostalgia por el hecho de saber que es el último día que estamos juntos. Me invitó a comer aun cuando le puse la típica cara de que quería pagar yo también, su respuesta fue un brote de alegría y gracia que me hizo esbozar una sonrisa y a la vez una carcajada:


—Guarda los billetes del monopoli, anda, que te invito yo.
— ¿Pero qué dices?
—Que lo guardes.


Después de comer y estar tan a gusto el uno con el otro, nos fuimos a dar otro paseo mientras hablábamos. Él ya había perdido la vergüenza y por fin se estaba soltando cada vez más conmigo igual que estaba haciendo yo en cada momento de la mejor forma que podía hacerlo. En un momento de esos y aunque me diera vergüenza, me aventuré a cogerle de la mano, algo que sin dudar hizo él al instante de ver que lo estaba haciendo, era nuestra forma de ir por Sevilla juntos haciéndole ver al mundo que estábamos orgullosos de tenernos aunque todavía no estuviera consolidado del todo. Paseando y enseñándome Sevilla junto a preciosos monumentos como la Giralda, nos sentamos en una fuente, el uno junto al otro y disfrutando de esas vistas maravillosas. Tras eso volvimos al río dando un paseo, aguantando a la típica gente que te pregunta si quieres dar una vuelta en un coche de caballos y tú acompañando eso de un “no, muchas gracias”. Al volver al río, nos quedamos ahí lo que quedaba de tarde, no dejábamos de hablar, de reírnos y compartir momentos verdaderamente sensacionales, dándonos todo el cariño del mundo y demostrándolo después de tantos meses que llevábamos conociéndonos. Aun con ese cariño que me daba, cogiéndome de la mano y agarrándome bien fuerte entre sus brazos dándome los mejores abrazos, tenía muchísimas ganas también de que me acabara dando los mejores besos, y conociéndome, sabía
que yo por mi parte no sería capaz de iniciar eso aunque se lo estuviera diciendo directamente y él también quisiera.
Pasaba la tarde y nuestro bienestar conjunto era espectacular, no hubo nada malo y no podíamos estar más a gusto juntos. Empezaba a hacerse de noche y Sevilla se vestía con sus mejores colores, el puente de Triana a lo lejos, las luces y el reflejo de la luna sobre el río y sobre todo lo más importante, dos personas que sabían que su historia era digna de ser continuada y era tan bonita como para no querer separarse el uno del otro en ningún momento. Fue ahí cuando una vez más no dejaba de abrazarle, me abrazaba por detrás y apoyaba su cabeza sobre mi hombro haciéndome saber que estaba cómodo a mi lado y que le estaba encantando aquel día. De entre todas las cosas que pensaba, una de ellas era que no quería que eso se acabara, una historia así no podía quedarse tan solo en eso y menos después de tantas cosas que habíamos hablado y todo el tiempo que llevábamos conociéndonos y hablando todos los días a todas horas. Abrazada a él y apartándole la mirada continuamente me empezaba a acercar más a él, hasta que me vi dándole un beso en la mejilla con todo el amor del mundo. Ahí, tras ese beso, su respuesta fue empezar a besarme sin parar, fue algo precioso, algo de lo que tenía unas ganas enormes y que a medida que iba pasando me seguía encantando cada vez muchísimo más. No podía creerme que estuviera viviendo algo tan sumamente idílico, juro que no, fue propio de una película, ese momento en el que dos personas se unen apasionadamente con un beso y consiguen que el mundo se pare ante ellos. Mi cara literalmente de tonta no podía ser mejor, estaba tan pero tan a gusto que deseaba que continuara besándome, y lo hacía, me hacía sentir cada vez mejor, me hacía estar cada vez más en las nubes y darme cuenta de que quería que fuera para siempre.
Tras eso y al ver mi cara sonriendo y mordiéndome el labio…


— ¿Qué te pasa?
—Que tenía muchísimas ganas de esto por fin, que me encanta, y me encantas. ¡Qué guapo eres!
—Más guapa eres tú.
—Eso es imposible cariño, y gracias, gracias por esto, por todo y por ser así conmigo.



En ese momento empecé a pensar aún más en que no quería que aquello se acabara jamás porque sin duda me había hecho sentirme la mejor, sentir un amor incondicional y hacer de mí algo increíble. Tras eso y conociéndome, fue imposible no empezar a derramar lágrimas extremadamente sinceras, y no, no eran por nada malo, todo lo contrario, eran porque quería estar así siempre, porque se merecía que alguien le hiciera feliz de verdad y quería ser yo la que lo consiguiera día tras día durante el resto de su vida. Estaba demasiado bien y no quería ni irme, no me quería separar ni de sus brazos, ni de sus labios ni de nada de lo que me había conseguido dar en aquel día tan perfecto. Lo único que supo hacer en ese momento haciéndome sentir una vez más increíble fue empezar a secarme las lágrimas y a decirme que no llorara, y a la par de secarme esas lágrimas, me acogía entre sus brazos de la mejor forma, de una forma demasiado especial.
Después de aquello, nos teníamos que ir, yo había ido ese día para estar con él y después me tenía que ir a casa de una amiga para dormir allí y al día siguiente irme. No me podía hacer siquiera a la idea de tener que irme porque no quería hacerlo pero a pesar de eso, le prometí que no iba a ser la última vez que nos viéramos y que íbamos a estar juntos haciéndonos tan felices como nos merecíamos. Saliendo del río, y en frente de la torre del oro, cruzamos la calle hasta ahí puesto que él se tenía que ir y a mí venían a buscarme. ¡Cómo odio las despedidas!
No me podía creer que tuviera que hacerlo pero antes de ello, no se podía ir sin darle algo que tenía para él, una carta, una preciosa carta que le había escrito desde lo más profundo y para que viera aún más lo enamorada que estaba de él. Se la di con lágrimas en los ojos y le dije que le quería, que no quería que se fuera pero que tampoco iba a ser nuestra primera ni mucho menos última vez, así que se tuvo que ir, dejándome en un banco sentada y diciéndome aún más lo que también me quería. Fue ahí y después de aquel maravilloso día cuando me di todavía más cuenta de lo enamorada que estaba, de cómo una única persona aparte de ser la primera es capaz de darte todo y más haciéndote sentir que puedes volar, me di cuenta de tantas cosas aquel día que lo puedo recordar como si hubiera sido ayer, y he de decir que ese día, aquel precioso 6 de noviembre de 2015 ha sido, es y será uno de los días más bonitos, especiales e importantes de mi vida.


viernes, 21 de octubre de 2016

Cuando el dolor cubre el pecho...

"Si quieres yo te cuento las cosas que te pasan,
cuando abres al amor dejando la cadena echada, 
comprobarás que todas las cosas que no hacemos 
después son esas mismas cosas que echaras de menos."



Triste pero cierto. Nunca me había imaginado llegar a situaciones como esta, situaciones como las que me impiden respirar y seguir conmigo misma, que siempre he conseguido sacar algo, aunque sea un mínimo de fuerza y ahora soy completamente incapaz, ni un poquito. Resulta que a parte de no poder ni conmigo, la persona que siempre ha estado para hacerme más fuerte, parece no estar.
Ayer me volví a dar cuenta una vez más del daño que me hace estar así, y que esto es insoportable.
Voy a ser sincera, no sabía que el amor podía doler tantísimo, hasta el punto de quitarte las ganas de vivir. Ahora entiendo el por qué tenía tanto miedo a enamorarme, supongo que por estas cosas. Lo mejor de todo es que no me podría arrepentir ni puedo hacerlo porque a día de hoy lo sigo estando, aunque no deja de doler y de matarme por momentos. Ciertas veces me he preguntado a mí misma si realmente servía para esto, para darle todo lo mejor de mí a una única persona y darle todo el amor que tenía para dar, incluso he dudado, lo he hecho por cada momento malo, por la saturación que he tenido miles de veces, y no creo haberlo hecho tan mal, porque he hecho todo lo que he sentido siempre, y eso sí que es bonito.

Pero lo curioso es que a pesar de lo que estoy viviendo ahora, y de cómo estoy, nunca he dejado de tener ganas de darle lo mejor, de hacerle ver que mi amor es tan puro como real, y que quizás me he equivocado mucho, igual que ha sido al revés pero jamás he sido algo que no sea yo de verdad con él, porque ha conseguido sacar siempre lo mejor de mí, y lo que ni yo pensaba o imaginaba. A veces me encantaría ser capaz de aparentar que no estoy así, que todo va "medianamente bien" pero pensándolo mejor, cuando algo junto a alguien duele tanto, es imposible fingir o llegar a aparentar algo que realmente no es así. Para qué engañarnos, es una putada que lo que ha sido lo mejor de tu vida en todo momento (e incluso lo sigas considerando) empiece a convertirse en una pesadilla de la que no puedes ni salir, y de la que quizás crees que vas a despertar viendo que al final todo sigue igual y eres feliz junto a quién quieres, pero no, quizás es que la vida es así, tan jodida como para hacerte sentir una mierda continuamente.
Noto que se me va la vida muy poco a poco, que me estoy consumiendo tal y como se consumen las cerillas en cuestión de segundos. Que no soy capaz de levantar la cabeza ni lo más mínimo, aunque sea para buscar una pequeña luz de esperanza. Que todo me sale mal, y desde hace tiempo incluso creo que ya no es que me salga mal sino que lo hago mal. Lo realmente jodido es que la única persona que es capaz de salvarme, ya no quiere salvarme. Siempre ha sabido sacarme de toda esa mierda en la que he estado mil veces, haya sido de lo que haya sido, y ahora sé y siento que no lo va a hacer, porque quizás haya dejado de ser todo lo que era en su vida, aunque al revés no sea así y siga siendo todo lo que quiero, lo más importante y lo que si se lo plantea, más me duele. 

¿Dónde estás? No dejo de preguntármelo. ¿Por qué no vienes a salvarme como siempre has sabido hacer y me haces ver que sigues queriendo dar todo por mí?

No hay nada peor que sentirse vacía y en completa soledad. ¿Hace cuánto tiempo no sonrío? He perdido la cuenta tanto de eso como de las lágrimas que ya he derramado. Siento que me estoy compadeciendo pero ojalá pudiera decir que todo esto no es una realidad sino fruto de mi imaginación. Tengo la desgracia de vivir una realidad de mierda en la que no solo me matan sino que me mato yo a mí misma torturándome de esta forma simplemente porque no puedo hacer ni sé hacer otra cosa. Porque como dije anteriormente, me mata más, mucho más su ausencia que su presencia. aunque no tenga nada claro que al revés sea igual.
Ayer, como cada día desde hace un tiempo, estaba hecha un trapo. Habían pasado dos semanas y al final tuve la necesidad de decir todo lo que sentía y cómo lo sentía. Tenía la necesidad de dejar más que claro que lo que estoy pasando es jodidamente insoportable, y quizás lo peor que hasta ahora me haya podido pasar en la vida. Ya no sé si es culpa mía porque tampoco te lo pedí pero igual que siempre es, ha sido y será así, ayer aunque no te lo dijera, te necesitaba. Necesitaba que estuvieras y me animaras como has sabido hacer siempre, al menos por un rato, aunque luego tardase pocos minutos en volver a estar hecha una mierda, pero te necesitaba. La putada es que no estuviste como antes, e incluso sentí que no te inmutaste. No pienso decirte nada malo, quizás te daba igual verme bien o verme mal, e incluso ha dejado de dolerte verme tan jodida. Tampoco te culpo, no lo sé, a lo mejor hasta tienes motivos, a lo mejor sigues pensando que no vas a estar para cuando yo quiera, aún sabiendo que si por tu parte vinieras a decirme que me necesitas y necesitas ánimos, me faltaría tiempo para estar para ti. Supongo que a mí, incluso a pesar del dolor, me daría exactamente igual si sé que consigo y puedo conseguir hacerte estar bien.
Ojalá por una vez, de todas las que he echado en falta, consiguieras ponerte en mi lugar y plantearte cómo lo estoy pasando, al menos porque yo aunque me lo guarde, pienso en cómo puedes estar tú y lo entiendo. Puede que sí te preguntes por qué me negara a que me saliera llorar delante de ti, cuando me has visto miles de veces. Menuda tontería, ¿no?
No es porque no me vieras llorar como tal, porque ya lo has hecho, pero me siento tan pero tan sola y tan jodida por ti y por todo esto que llevo soltando lágrimas en solitario demasiado tiempo, sin nadie (básicamente sin ti) que esté para mí y me diga eso de que “estoy más fea cuando lloro” o saque de mí una risa bonita como siempre has hecho, porque me da miedo, pánico el hecho de que me veas así y no quieras hacer nada para que se me pase. Lo siento, de verdad que lo siento.

No puedo más, y siento que incluso el día menos pensado va a pasar algo, cualquier cosa que mate este sufrimiento del todo.

jueves, 20 de octubre de 2016

Contraproducente ciertas veces..

"Porque sé que por ti, aprendí,
a reírme de mí mismo sin temor a lo que pienso,
y por ti descubrí que mis sueños son más fuertes
que las puertas del infierno que rompí."


Te juro que a veces me das tanta rabia... y lo odio. No, no te odio a ti, pero me haces llorar incluso de rabia, quizás porque por ti puedo llorar de todas las formas posibles. Ahora mismo estoy así, y te juro que es una mierda. Odio tu manía de decidir por mí. Tu jodida manía de decidir por ti mismo que estoy mejor sin ti cuando no es así, cuando en posts anteriores me he atrevido a decirte lo jodida que estoy, y lo que me consume esto de estar así. Que ya, que sé que hacen dos semanas desde que hablamos, o más bien desde que discutimos, y no se me olvida, porque soy la primera que se acuerda, como todo. Pero te juro que me das tanta rabia ciertas veces que no puedo no explotar y llorar, y llorar, porque a mí me sale así. Quizás es porque tampoco te has interesado en saber por tu propio pie si estoy mejor o peor sin ti, que tampoco has dado el paso de venir a preguntarme en algún momento.

Soy idiota, sumamente idiota, porque luego sabes arreglarlo que te cagas de bien y contigo no me sale otra que ser lo más vulnerable de este mundo. No sé la de indirectas, más que directas te doy para que te enteres de todo de una vez, para que veas que es imposible no echarte de menos, y para que te quede claro que te quiero más que a nada. Luego llegas y en tan solo un puto segundo piensas por ti mismo, por lo que crees tú, y no sabes lo equivocado que estás. De entre todas las cosas maravillosas que tienes, resaltaría que ese es uno de tus mayores defectos, igual que uno de los míos es el a veces hablar sin pensar, aunque eso nos pasa a los dos. Vas desencaminado demasiadas veces, porque ante la duda prefieres dudar por ti mismo, sin preguntar, sin contar con nadie, y creo que aún no eres ni consciente de que eso cuando una persona te quiere tanto y de tal forma como lo hago yo, duele, duele muchísimo. Odio la capacidad que tienes para autoconvencerte de que toda esta mierda no me está matando por momentos, y que estoy tan de puta madre, cuando no, no puedo estarlo, y sigues sin enterarte, ¿sabes?

Nunca te voy a obligar a nada, ni siquiera a que te creas todo sabiendo que es verdad, porque sé que luego haces lo que quieres. Ojalá fueras capaz de preguntar. Ojalá supieras toda la mierda que tengo encima cada día porque me mata el echarte de menos. Que ni soy capaz de estar en clase centrada medianamente por el simple hecho de que pensar en ti, y en lo que me mata estar así, me consume por momentos. A veces he pensado en desaparecer, aunque tampoco sé si serviría de algo, quizás me llamaría cobarde a mí misma, pero ni siquiera tú sabes el daño que me está haciendo esto. Odio creer a veces que eso a ti te daría igual, y que el que sí que está mejor sin mí eres tú.
Hoy he leído que pensamos hasta 38 veces al día a la persona que más queremos, y si es así entonces yo triplico como poco esa tasa. Me acuesto y me levanto cada día igual, o casi peor que el día anterior, que lo primero que veo al despertar es tu peluche, y lo jodido de todo es que soy masoca porque sé el daño que me hace estar así pero ni quiero dejar de verlo.

Tampoco me he atrevido a cambiarte el nombre del móvil, aunque tú pusieras mi nombre normal hace mil años, lo sé, pero no he sido capaz, ni tampoco lo he pensado en hacer. Pero lo peor de todo es que sigues sin darte cuenta, porque lo primero que hago cada puta mañana al levantarme es mirar tu twitter, que mi desconcentración en clase en parte se debe a que estoy pendiente todo el rato de qué pones o qué no, de si te acuerdas de mí o literalmente te la suda que estemos así. Ahora mismo, si te soy sincera, no sé a lo qué quiero llegar escribiendo esto, supongo que desahogarme un poco. Supongo que para dejarte más todavía en bandeja lo que te estoy diciendo continuamente. Siento que hoy lo que estás leyendo no sea medianamente cursi como lo de ayer que me encantó escribir porque son detalles que solo nosotros sabemos y me encantan, o mejor dicho, nos encantan, pero me has dado tanta rabia, tanta, tanta que a veces no puedo más. Que si ya de normal no puedo con nada, menos puedo cuando quieres decidir por mí. Quizás debas dejar que decida yo cómo estar, que como te he dicho en líneas anteriores, bastante jodida. 

Ni siquiera sé si tú por tu parte pensarás en ser fuerte y no dejar que esto te haga tanto daño, o me vengas con las mismas de siempre de que ya no te duelo, haciéndome creer que te da igual. Lo que sé es que yo no te pienso engañar, y que incluso por resignación podría ser hasta orgullosa y decirte algo que no es verdad, pero no, contigo no me sale, lo siento pero no, a mí me sigues doliendo como el puto primer día, y me sigue matando ver cuando pones algo que no es bueno y que incluso te contradices a ti mismo cuando sabes perfectamente que lo que siento por ti es bastante real, lo más real del mundo. Luego llegas también y retwitteas algo que de forma indirecta (o directa) va por mí, y por lo que me sigues queriendo, o me matas con tan solo un tweet diciéndome que vas a estar. ¿Qué hago? ¿Qué hago cuando me haces esas cosas? Que te juro que me es inevitable sonreír, pero pasan minutos y soy capaz de acabar llorando por otra cosa totalmente diferente, y duele, pero te repito que tampoco te lo has preguntado, ni has hecho por saberlo, no esta vez...

Y no, no creas que todo lo dicho anteriormente en cada línea, párrafo o lo que sea, es como poco algo malo, porque creo que me conoces, y las cosas tal y como te las digo, no van ni mucho menos con esa intención sino con la de que te des cuenta de las cosas y veas por ti mismo, a través de lo que te expreso yo que a veces, muchas veces, nos equivocamos en pensar cosas que no debemos, que primero antes que nada, debemos preguntar, informarnos e interesarnos, porque es muy jodido que supongan y decidan por ti. Quizás a ti no te haya pasado hasta ahora, o no te esté pasando, pero a mí me lleva pasando contigo demasiado tiempo, hasta que te atreves a preguntar, hasta que te atreves a resolver tu duda y vuelves a ser TÚ, el que prefiere saber de verdad las cosas y no suponerlas, el que al no estar seguro de algo, es capaz de preguntarlo bien, y sobre todo de interesarse.



No te podría odiar, así que sigo en las mismas de quererte.



miércoles, 19 de octubre de 2016

Tengo más cosas que decirte...

'Tan solo tú puedes llenar de estrellas mi universo,
tan solo tú me iluminas por dentro."


Un día más vuelvo a escribirte. Me es inevitable echarte de menos, es más, es imposible que no lo haga, aunque a veces me de miedo creer que tú no.
Hoy ni siquiera he ido a clase, ni tenía fuerzas para levantarme, aunque carezco de ellas prácticamente todos los días. Tendrías que ver lo que supone eso de "estar sin ti", es realmente jodido. Sé que lo digo mucho pero te echo de menos, y me veo hasta desprotegida por el hecho de pensar en que no te tengo a mi lado.
Sé que me regañarías cada día un poquito más, que me dirías eso que tanto te gusta y a la par a mí me hace esbozar una risa de esas mías, de las que son muy tontas, sí, eso de "no llores que así estás más fea y no me gusta." Que no hay día en el que no llore echándote de menos, aunque hay algo que tengo que confesarte, que quizás si me hubieras visto, dirías que no era yo, y te preguntarías qué habría sido de mí. Hace cosa de una semana, supongo que por cómo he estado, estoy y seguiré estando, parecía que no tenía lágrimas, que se me habían acabado, y me odiaba sabiendo que no era posible, pero que a la par quería pensar que era por estar tan cansada de llorar y que me vieras igual cada día.
No he tardado mucho en volver a explotar, en llorar como una niña pequeña, esa forma en la que solo tú me has visto hasta ahora y cada vez que has podido me has abrazado con todas tus fuerzas.

Echo de menos que te rías cuando al decirme algo bonito, me quedo en silencio al otro lado del teléfono dispuesta a llorar, escucharte decir ese "bueeeeno, ya va a llorar" y que me digas que soy una llorona solo porque sabes que me pongo muy tonta. Echo de menos que me digas que soy un desastre pero que al mismo tiempo lo seas conmigo, y seas el desastre más bonito. Echo de menos hasta lo más simple, hasta verte jugar al FIFA y que de vez en cuando me crispes los nervios cuando algo no sale bien, que me dejes elegirte la alineación y me quieras matar cuando elijo por equivocación a un jugador mierda en vez de elegir a Cristiano de 99, por ejemplo. Echo de menos que vengas y me despiertes haciéndome cosquillitas por la espalda sabiendo que me dan espasmos y eso causa en ti una risa de esas bonitas, o despertarte yo a ti con un beso de esos con sabor a "buenos días, me muero de ganas de ti" de todo, siempre como nosotros sabemos.

Echo de menos que me regañes, que equilibres el punto de locura que tengo y me sale sin querer, que me mires, me líes, sepas lo que estoy pensando y sin decirme nada empieces a reírte y te coma a besos. Echo de menos los besos en la estación, que todo el mundo me vea correr hacia a ti y que en cuanto llegue, me de exactamente igual quién haya o quién no solo porque no me pienso separar de ti. Echo de menos hasta esas cosas que haces que me dan tanta rabia, como tirarme del pelo, darme en la cabeza e intentar matarme por momentos tirándote encima de mí. Las cosquillas, cómo las echo de menos, y más porque conoces todos los puntos débiles de mi cuerpo, porque sabes qué hacer y cómo hacerlo para que en tan solo un segundo no pueda más y no deje de reírme. Echo de menos que me piques y me digas que por ser de letras, o letrosa como tú dirías, no sé mucho, cuando sabes que en realidad sé un montón. Por echar, echo de menos todo lo que hemos tenido hasta hace bien poco, que ya no estoy del todo segura qué sí y que no, pero no lo puedo evitar.

A veces soy yo también la que se encuentra en una contrariedad de pensamientos, que me equivoco pensando en que a lo mejor no me eches tanto de menos como yo lo estoy haciendo. Pero llegas y piensas en mí, y de forma no sé si más consciente o menos consciente, me haces sonreír. Escuchas Dani Martín sin planearlo allá dónde vayas y sonríes, que aunque en ese momento no te salga sonreír como tal de hacer una mueca, sonríes por dentro, y qué bonito es eso. Que de una forma u otra, sea por eso o por otra cosa, hay algo, que hace que estemos enganchados. Ese algo puede que lo llame destino aunque tú me digas que no crees en eso, o por llevarme la contraria digas que no merece la pena pensar en eso. Ese mismo algo es el que te hace pensar en esta idiota de la que estás enamorado, a pesar de sus miles de millones de defectos y de que sin quererlo a veces te haya hecho hasta daño.
He entendido que el querer a alguien, conlleva eso y mucho más. Que igual que tienes la capacidad de hacerme feliz, muy pero que muy feliz, también tienes la misma de hacerme daño, tanto o incluso más de lo que me lo podría hacer yo.
Ese algo es el que hace que, a 200 kilómetros, escuches "Los Charcos" de Dani Martín y pienses solo en mí. Es el mismo que cuando lo escucho, solo puedo pensar en ti de forma recíproca, y sonreír sabiendo que te sigo queriendo como a nada en el mundo. También es el mismo que hace que nuestro vocabulario esté lleno de palabras que nos hemos dicho siempre, o que nos pase algo, por mínimo que sea y en ese momento solo tengamos ganas de contárnoslo el uno al otro.

Hoy también me apetece hacerte sonreír si es que llegas a leer esto, "que la línea que más cuides sea la de tu sonrisa y que sea más curva cuanto más la cuides". Esa frase es tan yo contigo, y tan tú conmigo que creo que el uno sin el otro es imposible que seamos porque sé que cuando la tienes, cuidas de ella como nunca, igual que me encanta hacer a mí. Que echo de menos tenerte pegado a mí y que me sonrías con esa sonrisa tan preciosa que tienes, que me dejes cuidarte, que me cuides y hagas que me sienta una niña, pero sobre todo, tu niña.
Volviendo a lo de echar de menos, hay más cosas que echo de menos de ti, tenerte por ejemplo, acariciarte la cabeza y algo tan sencillo y bonito como olerte el pelo y que me encante, o tú, tú en sí, el sabor de tus labios, el aroma de tus abrazos. Que me acaricies la cabeza y enredes tus dedos en mi pelo hasta que me duerma, y no irte hasta que ves que tengo los ojos completamente cerrados, y al irte, que me tapes con la ropa de la cama cuidándome como tanto me gusta que hagas. Estar apoyada sobre ti, que me acerques el batido esas tardes de tetería tan bonitas y me des de beber a la par que no dejas de darme mimos, esos que tan bonitos sabes darme.

Me da igual ser imperfecta, tener un físico de mierda y que quién sea por lo que sea te haya dicho que podrías estar con alguien mejor. Supongo que después de tanto tiempo, esas opiniones son las que menos me afectan, porque lo que sí me afecta de verdad es lo que puedas pensar tú y creer tú. Puede ser que a veces te hayas preguntado eso de cómo poder estar conmigo si no soy el prototipo que hoy en día todo el mundo quiere o busca. Quizás es porque tú eres distinto, o te sigo viendo así a pesar de lo que sea. Quizás es que resulta que la tía menos guapa del planeta ha conseguido de entre miles de millones, de billones o trillones de personas que te enamores como nunca, y que quieras como a nadie, pero eso es algo que solo tú te puedes permitir valorar, que no hagas caso a nadie ni por mucho que te digan, que pienses por ti y solamente por ti. Sé perfectamente siendo objetiva y subjetiva que podrías encontrar a una chica mil veces como poco mejor que yo, pero también sé que sabes que no te puedes engañar a ti mismo, y que no debes hacerlo. Que igual que yo sé que no quiero a nadie que no seas tú y que nadie va a conseguir de mí tantísimo como tú, también sabes más que nadie que con nadie vas a tener ni tanta complicidad, ni una historia tan bonita, ni mucho menos el contarle todo, hasta lo más mínimo y que cualquier persona vea como insignificante. Porque al final, quieras o no, una persona se queda con la que es capaz de sentirse a gusto, en casa y de la forma más bonita que pueda existir. No sé, pero después de decirte todo esto, creo que como pequeña clase de psicología, no está mal, ¿no? Por si sigues dudando, por si hay algo que te siga dando miedo, céntrate en lo que te dicte el corazón, porque creo que yo, dentro de lo que cabe, me salga mejor o peor, intento hacerlo, y de todas las veces que he sido sincera contigo, esta es una de las que más, sin duda.


PD: Te quiero, por si se te olvidaba.