jueves, 27 de octubre de 2016

¿Por qué no?

I'm a care for you...you make it look like it's magic cause I see nobody, nobody, but you, you.

Otra mañana más y otro día más de mierda. No quiero seguir acostumbrándome a esto, no, por favor. Ni creas que haya perdido el interés en ti en ningún momento cuando te he insistido como nunca, y aún así a veces te has dado la oportunidad de pasar por completo. Joder, que si yo fuera tú y viera que la persona que me quiere (tú claramente) me insiste y se preocupa por intentar estar bien como llevo haciendo yo tanto tiempo, perdería el culo por ella. Que no hay nada mejor que ver que la persona que realmente se ha enamorado de ti, es capaz de insistirte, ya sea menos o más.

No te voy a mentir. Echo de menos (de entre tantas cosas) eso de ti, que no sea solo yo la que te insiste por miedo a perderte. No me he cansado de insistirte, ni de intentarte de todas las formas posibles. Me he cansado de creer que para ti ciertas veces he sido o soy una molestia, y que no servía para nada. Jamás me he cansado de ti, ni me plantearía hacerlo, que te sigo queriendo con locura, y estoy jodidamente enamorada de ti hasta los huesos. Pero también sería justo que me entendieras, porque también me lo merezco, y llega también un momento en el que no se puede pedir más de lo que realmente se da. Y quizás eso es lo único que espero y he esperado de todo, que me insistas como poco aunque sea un cuarto de la mitad de lo que lo he hecho yo. Que sí, que lo has hecho anteriormente incluso, pero no este tiempo, y eso es lo que me jode.

¿Crees que no debiera ser yo la que pensara que has perdido el interés o que todo esto te da igual? Pero no, tampoco soy así, porque me gusta pensar en lo que siempre has sido conmigo, cosa que al revés debería de ser exactamente igual, y no creer que me da igual esto o que no tengo interés cuando sí lo tengo. He luchado por ti lo que no sabe nadie, ni siquiera tú. He dado todo lo que ni he tenido, he hecho cosas inimaginables, y cosas que ni yo misma me vería capaz de hacer por nadie. Dime de verdad, ¿eso no lo valoras o no te das cuenta de ello?
Te digo por experiencia que es jodido, muy jodido darse cuenta de las cosas pasadas ciertas cosas, que a todos nos encantaría darnos cuenta de las cosas en el momento pero no somos ni capaces.

A lo mejor es que pido demasiado, pero pienso que tampoco tanto. Pienso que solo te he pedido una pizca de entendimiento y de que te des cuenta de una vez de que lo que te quiero más que nadie y nadie te querría ni de lejos como lo hago yo cada día a pesar de estar así. Estoy harta de estar mal, de tener que llorar a escondidas, de que me superen las lágrimas y falte tiempo para que me de ansiedad y no tener ni aire para coger.
A pesar de que no te pase nada como a mí, no creo ni que tú estés mucho mejor que yo. No se puede estar bien de un día para otro, y menos después de querer así, de tal forma.
No sé cómo masticarte más lo que realmente quiero y siento, ni cómo más decirte que no eres el único que merece que luche por él, que por qué no me luchas tú a mí y nos luchamos mutuamente como siempre hemos sabido. Joder, que nos queremos. Que eso sigue siendo mutuo, que puede ser muy difícil, pero que nunca imposible. No sé ni cómo más decirte que después de todo lo que he hecho y sé que has hecho, me hace falta un poquito más, justo ese poquito que me hace saber que quieres que nos sigamos luchando.

Y así seguramente las cosas irán a mejor, o lucharemos porque vayan a mejor, pero luchar de verdad. Que sí, que a veces no sé qué más hacer porque me lo pones jodidamente complicado, pero que aunque yo pueda ser también complicada, creo que tras haberte demostrado todo, lo que es todo, también merezco la pena, y no te pongo impedimento alguno. Que por ti sigo dispuesta a todo lo mejor y que ojalá te dieras cuenta o te des cuenta un día de estos.

Que así es el amor, estar juntos, a pesar de todo, contra todo y contra lo que venga, pero sobre todo y más importante sabiendo que nadie nos va a querer como lo hacemos nosotros, y mucho menos a conocer.

Te quiero, no puedo dejar de hacerlo, ni mucho menos quiero.❤

miércoles, 26 de octubre de 2016

Verdades...

“Don't you give up,
I won't give up,
let me love you, let me love you.”

Un día más, y cada vez peor, más duro y con menos ganas de nada. Supongo que nada ha cambiado de mí respecto a ti y que a pesar de estar de esta forma, no puedo evitar preocuparme por ti. Odio haberme acostumbrado aunque sea lo más mínimo a que me dejes en visto y no te plantees contestarme cuando realmente me preocupo y quiero preocuparme por ti. También supongo que no te puedo obligar a nada, y que algún motivo habrá para que de repente no lo hagas.
Me siento fatal estando así, cuando veo que aún echándote de menos parece que las cosas van a seguir así, cuando no es lo que realmente quiero. Odio que creas que mi intención en algún momento ha sido hacerte daño, cuando te juro que no, y que incluso sé que tampoco ha sido tú intención al revés aún habiendo sido así.

No sabes la falta que me haces. Ya me da igual decirlo así de claro, pero creo que no puedo sentirme más vacía. Que hoy, igual que todos los días te he echado y te echo en falta. Y que si ya de por sí se nota cada día y cada vez más, hoy que me ha tocado ir al hospital, más todavía. Tu forma de tranquilizarme y decirme que todo va a salir bien, que ni me preocupe porque no va a pasar nada y que seguro que no va a ser tanto como me creo.

Al final siempre son los pequeños detalles los que más podemos echar de menos junto con las personas. Que me faltas tú, que nada es igual, y que no sé cómo te lo voy a repetir para que te enteres de que sigo tan enamorada de ti cómo para todo lo mejor. Y que quizás no esté mal eso de las segundas oportunidades, que puede ser difícil por esto de la confianza, y porque ninguno la tenemos al máximo, sino al mínimo que es lo peor. Supongo que por todo, porque igual que tú tienes tus motivos, yo también tengo los míos, porque al final también es cosa de dos.

A lo mejor soy masoca por querer intentarte aún a sabiendas de que nadie secunde esa idea. Supongo que será porque las cosas no cambian de la noche a la mañana, pero también sé que te quiero, y que sí, siendo sincera, las últimas veces, todo esto me ha estado haciendo más daño que feliz, que era lo que quería pero sé que me hace más daño estar sin ti. Y vale sí, sé que no te vas a inmutar mucho si lees esto, pero como siempre, es parte de mi desahogo, y me encantaría que supieras entenderme. Me encantaría que supieras entender que, para que las cosas sucedan, también hay que poner un poquito de la parte de uno mismo, al menos un poquito, y no hacerle cargar con todo el peso a la otra persona, porque hay que tener reciprocidad, saber que quien tiene boca se equivoca, y que si se quiere a una persona como creo saber que a pesar de todo haces tú, nunca está de más acudir por una vez a decir lo que se siente, piensa y todo. Que no quieres estar así, que te encantaría tanto como a mí seguir con esto pero seguir bien.

Por eso en parte quizás he dejado de molestarte un poco. Porque últimamente sentía que lo estaba haciendo bastante, y que por ciertas palabras hacia mí, preferías que ni existiera. Quizás es que he intentado poner todo lo mejor de mí y lo máximo y he sido lo más sincera que he sabido contigo dejándote más que claro lo que te quiero. Y me encantaría que hicieras lo mismo, pero también sé que tal y cómo estás, no estoy en condiciones de pedir nada, y eso es algo que tienes que pensar por ti mismo, sin contar con nadie. Sé que has dado muchísimo, demasiado por mí, y nunca me he quejado, pero quizás últimamente, he sido yo la que ha intentado tirar más del carro, y ya no sé si es porque te hayas cansado o qué pero me encantaría demasiado que pensaras en todo eso, que reflexionaras y te dieras cuenta.

Lo he estado pensando otra vez, y es que aunque te hayas “ido” como aquel que dice, sé que si no lo has hecho del todo es porque sigues creyendo que, a pesar de cualquier cosa, no vas a ver que nadie te quiera como lo hago yo ni luche si quiera la mitad de lo que he luchado yo por ti, igual, igualito que es al revés. Que no es por desmerecer a nadie pero lo sé, y sé que tampoco vas a verte con nadie haciendo la de cosas que has hecho por mí, y...¿quieres saber por qué? Porque te has enamorado de mí más que de nadie nunca, que tú eres mi primero, y el que sigo viendo hasta como definitivo a pesar de lo que sea, pero quién te iba a decir a ti que te ibas a enganchar tanto de la persona más imperfecta de este mundo. Que me quieres, y eso es innegable, y no lo digo por creerme nada sino porque lo sé, y te conozco más que nadie. Y yo no me pienso engañar a mí misma porque sé que lo que te quiero supera lo que parece insuperable, así que no te engañes tú tampoco, porque te digo desde ya que va a ser mucho peor.

Y como siempre, que sepas que te quiero, y que incluso a pesar de todo, eres lo mejor que me ha podido pasar en esta vida y en mil más si las tuviera.

martes, 25 de octubre de 2016

Me encantaría poder decirte tanto...

“Voy a estudiar mo se cumplen tus sueños, voy a leerte siempre muy lentamente, quiero entenderte.
Cuando te vi tuve un buen presentimiento,
de esos que llegan una vez en la vida.”

¿Crees que yo no te echo de menos? No te llegas a hacer una idea. No sabes lo jodido que es todo esto solo porque tú no estás. No sabes la que has liado, (para bien), ¿quieres saber por qué?
Has conseguido todo en todo momento, lo mejor del mundo, de mí y de la forma que has querido, porque así eres tú, la mejor marabunta que pueda existir, que llegas y te llevas todo por delante, pero me llevas a mí que es lo más importante. Joder, que has hecho que te quiera como a nadie en esta vida, que piense cada día en ti y nunca deje de hacerlo, que piense en la definición de poesía y te vea a ti sonriendo. No exagero si digo que lo has hecho todo, que lo sigues haciendo (aún si quiera sin "estar"), que me has vuelto completamente loca, tanto para bien como para todos los sentidos que te de por pensar. Ese es el secreto, "pensar", y darse cuenta de todo de una vez sin centrarse en mierdas ajenas.

¿Crees de verdad que es cuestión de dignidad? Porque me asombra eso. Porque quizás si fuera por dignidad, yo no podría escribir después de haberla perdido por completo por ti, solamente por ti. Y no creo, sinceramente que tú la hayas perdido, jamás además, porque has hecho todo lo que tenías que hacer en cualquier momento según tu criterio, no como yo, que debería de haberme puesto más en mi lugar ciertas veces.

Pero, a parte de eso, no creo que sea cuestión de dignidad, ni mucho menos, se supone que el amor no consta principalmente de eso. Se supone que es cuestión de saber qué se hace o no mal, cuáles son las cosas de las que debemos arrepentirnos y mejorar, solo mejorar, un poquito aunque sea. Se supone que es cosa de ser lo suficientemente humildes como para dejar el orgullo de lado y decir todo lo que sintamos. Creo que yo de una forma u otra ya lo hago, quizás es porque escribiéndolo me desahogo y me importa más bien poco seguir diciéndote cada día que lo que te quiero es tanto como para estar contigo a por todas. Se supone que nunca hemos tenido orgullo el uno con el otro, y odio creer que tú desde hace un tiempo hayas empezado a tenerlo. Que a lo mejor según tú no es así y es solo una de mis miles de sensaciones pero eso también duele. No sabes cuánto tiempo hace que no escucho esas palabras tan sinceras que jamás te ha importado decirme, que vengas y me digas un "te echo de menos" sin temor a nada, sin pensar en que es cuestión de dignidad.
Porque si crees realmente eso, te digo desde ya que estás totalmente equivocado, que a mí me quedará todavía por aprender mucho porque es lo normal, pero dentro de la madurez que sí tengo, te digo que nunca está de más ser sincero con la persona que has querido y a día de hoy puedes seguir teniendo a pesar de todo.
Quizás es eso por lo que creas o hayas creído a veces que mi intención es ir dando pena o cosas así. Pero te digo que es sinceridad, y que no se puede fingir algo, ni mucho menos el estar como una jodida mierda.

En fin, que me desvío un poco, como siempre. Si en líneas anteriores he mencionado eso de "madurez" refiriéndome a que nunca esté de más ser sincero, si te digo la verdad es porque eso lo he aprendido contigo, por mi propio pie más que nada. De esos aprendizajes que haces contigo misma. Porque me ha podido más el amor que el pensar en tener orgullo contigo, porque te he dicho siempre todo en todo momento tal y como lo he sentido, porque te he pedido perdón cuando he tenido que hacerlo y no me ha podido el orgullo por el simple hecho de incluso haber sabido en ocasiones que no te había hecho nada como para que estuvieras de según qué forma.

Me vas a permitir que diga que no te entiendo, que sí, que sé que me echas de menos, pero no me gusta que lo hagas y al rato parezca que te resignas, que no me merezco que lo hagas o que ya has hecho suficiente como para ser capaz de venir a decírmelo. También creo que yo no me merezco menos, y mucho menos lo soy, que no me cuesta nada decirte que te echo de menos y que me encantaría arriesgarme contigo a todo, pero en cuanto a ti, de eso, no sé nada, llevo tiempo sin saber nada, y no sabes lo frustrante que es eso. Llevo tiempo sin saber qué te apetece conmigo, qué es lo que realmente quieres, porque por mucho que pueda deducir algo, nunca se sabe del todo si no es la persona la que se lanza a decírtelo.
Ni te de por pensar que diga esto para que de repente vengas y lo hagas. Al fin y al cabo siempre haces lo que quieres, y no te juzgo por ello porque es lo que debes hacer según lo que tú creas. Supongo que de todo lo que me duele de ti, una de esas cosas es que menciones la palabra dignidad cuando yo la perdí hace mil contigo, cuando contigo he perdido tantas cosas que no lo sabes ni tú, pero nunca te diría nada porque no me has obligado a nada y he hecho siempre todo lo que he tenido que hacer sintiéndolo de verdad. Y lo seguiría haciendo si me dejaras.

Me gusta saber que puedas echarme de menos, porque al menos sé que puedes estar como yo, pero de verdad, no digas ni creas eso de la dignidad cuando está más que sobrevalorada. Me encantaría atreverme a decirte tantas cosas que ni siquiera eres tú capaz de imaginar. No hay día en el que no me diga a mí misma que te echo de menos, y que esto no es lo mismo sin ti. No hay día en el que no desee hablar contigo y no tenga siquiera seguro si a ti te gustaría. No hay día en el que no me rompa por el mero hecho de estar así, y estarlo continuamente.

Ojalá tuvieras una mínima idea. Seguro que así cambiarías de opinión en muchísimas en las que estás tan pero tan equivocado, más que nunca. No sabes cómo me encantaría volver a empezar contigo en todo, guiarnos poco a poco, volver a darnos confianza, fuera rayadas, fuera tonterías, fuera faltas y fuera todo lo que realmente nos hace mal.
No sé si es que realmente pido mucho, no lo sé, aunque creo que después de no haber pedido nunca mucho, por no decir nada, y de haber dado todo lo mejor de mí como poco al doscientos por cien, también me merecería eso. No te voy a negar que no siga teniendo miedo, más que miedo, pánico, pero decido yo por mí misma, y hay cosas que me seguirían encantando seguir viviendo, tú por ejemplo.

Por si tienes alguna duda, nunca me he cansado de ti, ni de esta historia tan preciosa, pero menos me he cansado de quererte, jamás, por si no lo sabías.

lunes, 24 de octubre de 2016

Sentimientos...

“Tú me has hecho mejor,
mejor de lo que era, te entregaría
mi voz a cambio de una vida entera.”

No sé ni qué hacer, no tengo ni la más remota idea. Lo único que realmente sé es que los días se hacen jodidamente eternos porque no estás tú para llenar(me)los. Me encantaría poder decir que estoy bien porque te tengo, pero esto es insoportable, jodidamente insoportable. A veces tengo la sensación de que me merezco estar así, que esto que nos está pasando es muy en parte por mí aunque en realidad es más por los dos que por nadie.

No puedo evitar pensar en ti a cada momento, ni siquiera soy capaz de no relacionar cada cosa contigo, sea lo que sea, desde cualquier tontería como decir una palabra nuestra a escuchar miles de canciones y que todas me recuerden a ti.
«Tu cuerpo quería más vivir, y yo vivir en ti sin más.»
Cada letra, cada melodía consigue que piense en ti y te quiera aún más, que a lo mejor crees que puedo dejar de hacerlo pero no podría porque sé que incluso a pesar de cualquier cosa, mi amor es mucho más grande que cualquier problema que hayamos podido tener.
Ni siquiera podrías pedirme que no te echara de menos cuando lo hago a cada segundo. Que no sabes cómo me encantaría decirte que cada mañana no es igual solo porque tú no estás para decirme esas cosas que tanto me hacen reír y nos hacen reír. Que las tardes no son iguales sin mis llamadas a las siete de la tarde entreteniéndote hasta que coges el autobús. Porque me da la vida escucharte, que me cuentes lo que has hecho y te quejes de lo pesado que es algún que otro profesor.

Ahora mismo no sé qué nos une pero tanto que no crees en el destino, ahora mismo estoy escuchando nuestra canción...“All of me” (te juro que es el aleatorio). «All your perfect imperfections...» ¿Te acuerdas? Como para no, ¿eh? ¿Por qué no vuelves? ¿Tanto daño te hace esto, te hago yo? ¿De verdad?
Ahora es más momento de debilidad pero no puedo evitar llorar, porque esto que desde hace tiempo llevamos teniendo siempre ha sido precioso, y realmente tampoco ha merecido nunca la pena poder perderlo. Ojalá me vieras ahora, supongo incluso que a pesar de todo me abrazarías y dejarías que yo lo hiciera como nunca. Que después de verme llorar, esta vez sí, otra vez, me darías uno de esos besos tan bonitos que tú sabes.
Sé que lo he dicho muchas veces pero lo siento, por si en algún momento he fallado, te he fallado o la he cagado, porque realmente no he querido hacer eso nunca. Tampoco te voy a engañar diciéndote que no me sienta yo de la misma forma que tú por según qué cosas pero ahora mismo si te tuviera delante te diría tantas cosas...

Dijimos que no nos íbamos a ir nunca, ¿y ahora qué? ¿Qué hago yo sin ti, me lo explicas? Tú te creerás que no, ni siquiera sé por qué razón pero yo me sigo muriendo por cada uno de tus huesos, (aunque suene muy macabro) y no he dejado de hacerlo en ningún momento. Supongo que a veces una persona también necesita un poco de sí misma, y que al estar tan saturada tenga ganas hasta de desaparecer porque así piensa que las cosas serían hasta mejores. Siento mis manías, mis frases de no pensar antes de hablar, mis meteduras de pata, todo, no sabes cuánto.

No te pienso decir que no quiera estar contigo nunca porque sé que a pesar de cualquier cosa, me moriria y me sigo muriendo por estar a tu lado y que me dejes hacerte feliz a la par que me lo haces tú a mí. Que me encantaría seguir siendo lo de aquellos primeros meses, sin agobios, disfrutando el uno con el otro y dando todo lo mejor, porque así seguro que las cosas sí que irían bien, con esos dos enamorados del principio.

Ojalá siguieras a mi lado a cada momento y vieras que quiero darte lo mejor además de conseguirlo. Que te sientas orgulloso de mí y hagas que me sienta muy pero que muy orgullosa al revés. No sé, son muchas las cosas que me encantaría y no sé ni si van a pasar. No puedo más, te lo juro que no, no puedo, y ya incluso hasta me cuesta escribir...así que quizás deba dejar esto aquí por hoy, por no romperme más de lo que estoy ya.

Te quiero, ¿vale?
Always.🔐

domingo, 23 de octubre de 2016

Quizás.

“Disparo y fallo solo es para probarme,
te pago un millón si aguantas mi carácter.”

Cada día odio más que quieras decidir por mí. Que seas tú el que decida cómo debo estar o no, el que diga qué hago y qué no hago cuando realmente no hago nada. Odio la manía que sigues teniendo para creerte a ti mismo esas miles de cosas sin sentido, ¡cómo si yo fuera así!
Yo ya me he dado cuenta de demasiado pero, ¿y tú? ¿por qué no haces por darte cuenta de todo de una vez? ¿de que te estás dando de hostias continuamente creyendo algo que no es?
Y vale, que sí, que no seré yo la que te obligue a nada, ni mucho menos a que te des cuenta porque eso es cosa tuya, de ti, de tu cabeza. Pero no puedo evitar que me duela, me joda y por su parte me reviente, porque odio esa jodida manía tuya de suponer tanto y no molestarte ni en preguntarme. Aunque, para qué, ¿no?
Me sigue encantando de ti todo lo mejor y más, aunque supongo que siempre hay alguna pega, igual que tienes tú conmigo a pesar de no haberte hecho ni la mitad, ni un cuarto de la mitad de lo que te han hecho, ni siquiera el ser una hija de puta como en su día sí que lo han sido.
Me encantaría tantísimo que te dieses cuenta de todo que ni te lo imaginas. Porque quizás así las cosas irían mejor, y entre nosotros sobre todo. Sé que por orgullo y más que orgullo prefieres deducir por ti mismo antes de venir a preguntarme. Y que odio eso.
Odio que ni te molestes en preguntar, que tú mismo decidas, que solo tú te digas a ti mismo “esto es verdad, esto no lo es. Esto es así y esto es asá.” Nunca sabes lo que duele y jode hasta que te pasa, pero quizás no te haya pasado, o al menos algo así, porque siempre he preferido preguntarte, cualquier cosa.
Aunque sí es verdad que hay cosas que no se preguntan por miedo a la respuesta o porque intuyes lo que va a ser esa respuesta, como por ejemplo el si te importo, aunque sea lo más mínimo. Supongo que es muy jodido saber la respuesta y saber que sigues dependiendo de una persona tanto emocionalmente como de cualquier tipo pero que al revés no dependa. Y es aún más jodido el hecho de saber que no ha tardado mucho en dejar de depender, y que las cosas parecen tan normales...

La vida, son todo preguntas y respuestas. Está llena de “por qués”. Por qué esto, por qué lo otro e incluso por qué lo de más allá. Porque nos pasamos el día y la vida preguntándonos el por qué suceden las cosas que suceden. Como por qué estar en esta mierda de situación y no ser feliz contigo que es lo que me encantaría. Por qué no te das una oportunidad a ti mismo de pensar las cosas de forma tranquila sin decidir nada por ti mismo, y contando con los demás, en este caso conmigo. Por qué te cuesta tanto venir y decirme si estarías dispuesto a seguir a por todas conmigo, porque yo sería capaz. Por qué te complicas tanto la vida y te la jodes montándote paranoias que no tienen ni pies ni cabeza. Por qué esos ataques de ira sin venir a cuento, el estar todo el día igual sin darte la oportunidad de disfrutar un poquito, aunque sea un poquito nada más.
Y te lo dije no hace mucho, no se puede estar toda la vida enfadado, y menos con todo el mundo. Creer que todo está en tu contra y que hasta la más mínima cosa vaya por ti, o por hacerte algún mal. Porque ya no es excusa que te hicieran daño, porque ya han pasado los años que han tenido que pasar, y que yo, si fuera tú, me hubiese dejado hace tiempo de lo que me han hecho o no me han hecho. Y como pequeña clase también de psicología y si lees esto, te digo que, quizás sea hora de dejar de buscar culpables, quizás sea hora de dejar de pensar que somos los demás, o en este caso yo la que te va a hacer algo cuando sí, me habré equivocado pero no te he hecho putadas ni te he jodido la vida, porque quien lo analice desde fuera, seguro que piensa que cosas por las que te has llegado a enfadar y a rayar son tonterías, y no deben ser propias de un chico tan eficaz e inteligente como tú. Quizás sea hora de pensar en que todo esto es cuestión de actitud, y tiene cojones que después de miles de bajones y los que me quedan, lo diga yo. Pero quizás es cuestión de eso, y de ti, de pensar en que es cierto que siempre crees que todo se hace para joderte a ti, como si todo el mundo solo se centrara en joderte, joderte y joderte. Quizás sea hora de darte cuenta de todo de una vez, de que hemos disfrutado juntos lo que no está escrito y más sin centrarnos en nada que no seamos los dos. Quizás sea hora de que pienses que todo es cuestión de dejar todas esas mierdas atrás, de acordarte de cada mínima cosa que te han hecho, de las putas fechas exactas. ¿Qué más da? Ha pasado el tiempo suficiente como para haber aprendido y darte cuenta de que a pesar de todo sigues en pie. Y siendo honesta, más que honesta, no seré ni la más buena ni nada, porque nadie lo es, pero es de admitir y de reconocer que yo he mirado siempre por tu bien, y que nunca he tenido ni tendré ninguna intención mala, aunque tú te piensas que sí y ese es el verdadero problema.
Quizás es porque el día que dejes de pensar en lo que ha pasado, aprenderás a disfrutar. Quizás es porque el día en el que pienses en lo que pasa y puede pasar consigas ser feliz, y sobre todo con alguien que sepa conseguirlo, como sé que soy yo capaz. Porque la última vez me dijiste que conmigo eras feliz, que cuando estábamos juntos, lo eras, y eso sí que es bonito. Pero claro, quizás es eso, cuestión de actitud, y tú sigas sin darte cuenta creyendo que todo lo que haces, dices o piensas, está bien. Quizás sea hora de admitir como soy capaz de admitir yo, cada error y cada cosa que es sumamente exagerada.
Lo principal es dejar de tener miedo, y te creerás que no te entiendo cuando sí lo hago, cuando siempre hago por ponerme en tu lugar, sé a qué tienes miedo pero como en algún momento no te de por dejar eso un poco atrás, no vas a disfrutar jamás.
Y tú dirás lo que quieras pero sé que nos seguimos queriendo, o yo te hablo por mí al menos. Y sé que si ahora nos viéramos seguiría habiendo la misma complicidad que siempre, y se demostraría una vez más lo fuerte y bonito que es el amor de verdad.

Ojalá al leer esto te des cuenta, y veas esa pequeña clase de psicología como una crítica meramente constructiva, que es lo que es, y nunca nada malo.

Por si no te acuerdas, te quiero y te sigo queriendo, en todo momento.

sábado, 22 de octubre de 2016

Noviembre...

"El mundo era una jodida mierda.
De días grises.
De lluvia que no paraba.
De ganas de mandarlo todo a la mierda.

Entonces aparecías y sonreías.

Se detenía todo. Incluso dejaba
de llover en tus pestañas.
Y te juro que me daba igual
que fuera una mierda, si tú me abrazabas."

Capítulo 1



Años tras nuestros pies y nunca antes me he parado a pensar hasta este año pasado lo especiales que pueden llegar a ser según qué meses. He de reconocer que todo llega para el que sabe esperar, que al final de todo siempre hay alguien que te ve de forma distinta, ese mismo que te demuestra que puedes ser su debilidad en tu totalidad con tan solo mirarle a los ojos y de forma inconsciente apartarle la mirada.
Pude confirmar esto en noviembre, ese mes, nuestro mes. Me hacía a la idea de bastantes cosas pero jamás imaginé que un día en concreto, tan solo un día, fuera capaz de marcarme tanto y de dejarme ser feliz al lado de la persona que más quiero en el mundo. Tenía que hacerlo, no podía rendirme y mucho menos podía dejar escapar a la única persona que desde que había llegado a mi vida la había convertido en algo muchísimo mejor haciéndome sentir de una forma muy especial y bonita. No podía perder nada de eso, y ya no es que tuviera que intentarlo sino que tenía que hacerlo y conseguirlo, y nadie sabe lo orgullosa que me siento de no haber dejado en ningún momento de luchar por la persona que sé y sabía que podía dármelo todo y hacerme tan feliz como algún día podría haberme llegado a imaginar.
Entonces llegó, empezó el penúltimo mes del año y tenía totalmente claro que quería ir sola y exclusivamente para estar con él y por lo tanto hacerle olvidar todo tal y como le había prometido, para demostrarle que por él me recorrería el mundo si hiciera falta y que podíamos estar juntos sin importar nada más, solo nosotros. Iban pasando los días y no había otra cosa en la que pensara, tenía millones de ganas de confirmar que podía irme y así no separarme de él, ganas de tenerle en frente y que no dejara de abrazarme en ningún momento. Llevábamos tantos meses hablando de las ganas que teníamos de vernos que por fin cuando sabíamos que lo íbamos a hacer, nos resultaba increíble, el mejor sueño hecho realidad, dos personas que de verdad tenían y tienen futuro juntos iban a estarlo por fin, centrándose el uno completamente en el otro sin pensar en nada. De repente, el día anterior pude decir con firmeza y con certeza que me iba, sí, Sevilla y el amor de mi vida me estaban esperando para recibirme con los brazos bien abiertos, para hacerme ver que el amor verdadero no tiene barreras y que hay que luchar por él contra todo pronóstico. Recuerdo aquel día como si fuera ayer mismo, incluso soy capaz de volver a sentir ese escalofrío y esos nervios a los que me enfrenté, y es que sin duda alguna esos han sido y siguen siendo a día de hoy los mayores nervios y más bonitos que haya tenido jamás. Recuerdo que seguía sin creerme hasta ese día que por fin le iba a ver, por fin se iba a hacer realidad algo de tanto tiempo, por fin iba a ser capaz de consolidarlo y a partir de ahí empezar algo maravilloso. Eran tantos los nervios que la noche anterior me impidieron conciliar mucho el sueño, hasta el nivel de llegar el día y que mi sueño desapareciera en el momento de subirme a aquel autobús. Casi tres horas de viaje, la primera y única vez que viajaba sola, sentimientos indescriptibles a flor de piel y sobre todo ganas, demasiadas ganas de que llegara aquella hora y empezara uno de los mejores días de mi vida al lado de la persona que después de un año y medio sigue siendo cada día más mi debilidad y lo que más quiero. No puedo negar que por el hecho de ser la primera vez que me iba sola, aquel viaje se me hizo eterno, eso y que mis ganas de llegar aumentaban cada vez más a medida que iba recorriendo todos y cada uno de esos kilómetros hasta llegar a verle. Cuanto más recorría, más increíble me parecía aquello, no dejaba de temblar pensando en que por fin y después de tanto tiempo se estaba cumpliendo mi sueño más predilecto, ese que rondaba todos mis pensamientos cada día desde hacía tantos meses, y al fin llegó.
Llegué a Sevilla, esa ciudad que nunca había visitado como tal y que esta vez iba a ser totalmente diferente. Sevilla…su color especial, y ¡qué color tan especial!, su sonrisa, esa mirada que tiene y que al mirarme fijamente sabe avivar en mí todo ese nido de mariposas. El río Guadalquivir a la derecha, mis ojos con una mirada nerviosa escondida a través de unas gafas de sol observándolo a través de una ventana y miles de pensamientos en mi cabeza haciéndome notar aún más nerviosa y haciéndome saber que estaba a tan solo minutos de estar abrazada a la mejor persona que puede llegar a existir. Poco a poco el autobús iba recorriendo esa pequeña parte de la ciudad hasta llegar a la estación, hasta que sin darme cuenta estaba entrando, atacada, con el corazón a mil, temblando sin ni siquiera tener frío y en un estado de euforia abismal.
Por fin me bajé, no conocía aquello, por lo tanto no sabía ni a donde ir, ni donde estaría esperándome ni nada pero aun así y a pesar de eso vi una rampa por la que supuse que se podría salir a la calle, aunque tampoco dejaba de ver a todo el mundo ir por ahí, me dejé guiar también por eso.

No sabría explicar con exactitud cómo iban aumentando mis nervios a medida que iba avanzando esa rampa, no sabría explicar que lo que sentía dentro de mí era una mezcla de todo y que necesitaba que llegara ese momento. Estaba desorientada, seguía sin saber a donde tenía que ir, lo único que veía desde dentro era el exterior y aun así no sabía exactamente qué tenía que hacer, aunque sabía que le reconocería a la perfección, no dejaba de mirar para un lado y para el otro esperando a que apareciera de repente, entonces solo se me ocurrió una cosa en ese momento, llamarle.


Ring…ring...
—Oye, ¿ dónde estás que no te veo?
—Aquí fuera, ¿y tú dónde estás?
(Grito con voz de niña)
— ¡Ayyyy! ¿Eres el de rosa? — le pregunté.
—Siiiii.
—Vale, ya te veo, voy para allá.


En ese momento y cuando me confirmó que era él, lo primero que hice fue colocarme el pelo, en seguida me dirigí a la salida y le vi, estaba ahí, a tan solo unos metros de mí, de un lado a otro y de espaldas, sin parar quieto y nervioso esperando mi llegada. Me escondí detrás de una columna esperando a darle una sorpresa, le tenía cerca, muy cerca, es más, lo raro es que no se diera cuenta de que estuviera ahí. Tal y como le veía sin dejar de moverse, me esperé a que se quedara completamente de espaldas para aparecer por detrás y darle una muy bonita sorpresa, así que fue eso lo que hice. Cuando me di cuenta de que era la oportunidad, salí de detrás de aquella columna y literalmente tiré la mochila al suelo apartándola de mí, ahí fue cuando poco a poco me acerqué a él y le rodeé por detrás con los brazos, a lo que él se dio la vuelta y me respondió dándome el mayor y mejor de los abrazos, de esos fuertes que consiguen reconstruirte en todo momento, justo de esos. Lo primero que hizo tras abrazarme fue lo que desde hacía tiempo me había dicho que quería hacer aunque me diera muchísima vergüenza, quitarme las gafas de sol y ver esos ojos que tanto le encantaban.


— ¡Qué ojos tan bonitos tienes! El camaleón (entre risas)
—Jo, tengo que tener una cara de dormida increíble, qué vergüenza.
—No pasa nada, ya te dije que lo primero que iba a hacer era quitarte las gafas y mirarte a los ojos.


Tras eso estaba muerta de vergüenza, había sido mirarle a los ojos y no tardar ni un segundo en apartarle la mirada dada la debilidad que me provocaba. Aun con eso no dudé ni un momento en decirle lo guapo que era y estaba, las ganas que tenía de ese momento y de que no me soltara, el tiempo que llevábamos pensando en todo eso y que por fin no me creía que estuviera pasando. Salimos de allí y teníamos Sevilla a nuestra merced, todo el día y toda la tarde juntos, los dos solos disfrutando del maravilloso paisaje que deja ver la capital, un día acompañado de risas, de muchas sonrisas y antes que nada de bastante timidez. Después de tantos meses conociéndonos, me encantó ver a un chico tímido frente a mí, así tan igual a mí sabiendo que yo también lo era, aunque poco a poco me fui desenvolviendo y siendo tal y como soy, dando lo mejor de mí, haciéndole disfrutar, reír a cada paso y sonreír de la forma más bonita que alguien pueda imaginar.
Estuvimos paseando por el río, miraba maravillada al ver ese precioso paisaje que hasta ese momento no había tenido la oportunidad de ver, y qué mejor forma de verlo que con la persona indicada, con la que sabía que estaba siendo la chica más feliz. Tras ese paseo, estuvimos en un parque cercano hablando.
Yo, subida en un banco y alardeando de la locura a la que me someto, no dejaba siquiera de abrazarle, tenía tantas ganas de hacerlo que lo único que quería y me apetecía era hacerlo sin parar y que él hiciera lo mismo, todo esto acompañado de bonitas sonrisas y de una frase que repetí de forma continuada a lo largo del día dándole a entender directamente las ganas que tenía de él y lo enamorada que ya estaba.


—Te voy a comer la sonrisa a besos, te aviso.


Esa era la frase que no dejaba de decirle, y es que con él estaba segura de todo, me había dado cuenta tiempo atrás y me había reconocido a mí misma que me había enamorado de él hasta un nivel estratosférico, y era imposible no tener ganas de todo si era a su lado. Después de aquello fuimos por el centro de Sevilla a comer a un sitio que desde entonces es nuestra costumbre el último día de vernos, el Burger King, un sitio que desde aquel día me parece maravilloso solo porque lo comparto con él, aunque también me crea nostalgia por el hecho de saber que es el último día que estamos juntos. Me invitó a comer aun cuando le puse la típica cara de que quería pagar yo también, su respuesta fue un brote de alegría y gracia que me hizo esbozar una sonrisa y a la vez una carcajada:


—Guarda los billetes del monopoli, anda, que te invito yo.
— ¿Pero qué dices?
—Que lo guardes.


Después de comer y estar tan a gusto el uno con el otro, nos fuimos a dar otro paseo mientras hablábamos. Él ya había perdido la vergüenza y por fin se estaba soltando cada vez más conmigo igual que estaba haciendo yo en cada momento de la mejor forma que podía hacerlo. En un momento de esos y aunque me diera vergüenza, me aventuré a cogerle de la mano, algo que sin dudar hizo él al instante de ver que lo estaba haciendo, era nuestra forma de ir por Sevilla juntos haciéndole ver al mundo que estábamos orgullosos de tenernos aunque todavía no estuviera consolidado del todo. Paseando y enseñándome Sevilla junto a preciosos monumentos como la Giralda, nos sentamos en una fuente, el uno junto al otro y disfrutando de esas vistas maravillosas. Tras eso volvimos al río dando un paseo, aguantando a la típica gente que te pregunta si quieres dar una vuelta en un coche de caballos y tú acompañando eso de un “no, muchas gracias”. Al volver al río, nos quedamos ahí lo que quedaba de tarde, no dejábamos de hablar, de reírnos y compartir momentos verdaderamente sensacionales, dándonos todo el cariño del mundo y demostrándolo después de tantos meses que llevábamos conociéndonos. Aun con ese cariño que me daba, cogiéndome de la mano y agarrándome bien fuerte entre sus brazos dándome los mejores abrazos, tenía muchísimas ganas también de que me acabara dando los mejores besos, y conociéndome, sabía
que yo por mi parte no sería capaz de iniciar eso aunque se lo estuviera diciendo directamente y él también quisiera.
Pasaba la tarde y nuestro bienestar conjunto era espectacular, no hubo nada malo y no podíamos estar más a gusto juntos. Empezaba a hacerse de noche y Sevilla se vestía con sus mejores colores, el puente de Triana a lo lejos, las luces y el reflejo de la luna sobre el río y sobre todo lo más importante, dos personas que sabían que su historia era digna de ser continuada y era tan bonita como para no querer separarse el uno del otro en ningún momento. Fue ahí cuando una vez más no dejaba de abrazarle, me abrazaba por detrás y apoyaba su cabeza sobre mi hombro haciéndome saber que estaba cómodo a mi lado y que le estaba encantando aquel día. De entre todas las cosas que pensaba, una de ellas era que no quería que eso se acabara, una historia así no podía quedarse tan solo en eso y menos después de tantas cosas que habíamos hablado y todo el tiempo que llevábamos conociéndonos y hablando todos los días a todas horas. Abrazada a él y apartándole la mirada continuamente me empezaba a acercar más a él, hasta que me vi dándole un beso en la mejilla con todo el amor del mundo. Ahí, tras ese beso, su respuesta fue empezar a besarme sin parar, fue algo precioso, algo de lo que tenía unas ganas enormes y que a medida que iba pasando me seguía encantando cada vez muchísimo más. No podía creerme que estuviera viviendo algo tan sumamente idílico, juro que no, fue propio de una película, ese momento en el que dos personas se unen apasionadamente con un beso y consiguen que el mundo se pare ante ellos. Mi cara literalmente de tonta no podía ser mejor, estaba tan pero tan a gusto que deseaba que continuara besándome, y lo hacía, me hacía sentir cada vez mejor, me hacía estar cada vez más en las nubes y darme cuenta de que quería que fuera para siempre.
Tras eso y al ver mi cara sonriendo y mordiéndome el labio…


— ¿Qué te pasa?
—Que tenía muchísimas ganas de esto por fin, que me encanta, y me encantas. ¡Qué guapo eres!
—Más guapa eres tú.
—Eso es imposible cariño, y gracias, gracias por esto, por todo y por ser así conmigo.



En ese momento empecé a pensar aún más en que no quería que aquello se acabara jamás porque sin duda me había hecho sentirme la mejor, sentir un amor incondicional y hacer de mí algo increíble. Tras eso y conociéndome, fue imposible no empezar a derramar lágrimas extremadamente sinceras, y no, no eran por nada malo, todo lo contrario, eran porque quería estar así siempre, porque se merecía que alguien le hiciera feliz de verdad y quería ser yo la que lo consiguiera día tras día durante el resto de su vida. Estaba demasiado bien y no quería ni irme, no me quería separar ni de sus brazos, ni de sus labios ni de nada de lo que me había conseguido dar en aquel día tan perfecto. Lo único que supo hacer en ese momento haciéndome sentir una vez más increíble fue empezar a secarme las lágrimas y a decirme que no llorara, y a la par de secarme esas lágrimas, me acogía entre sus brazos de la mejor forma, de una forma demasiado especial.
Después de aquello, nos teníamos que ir, yo había ido ese día para estar con él y después me tenía que ir a casa de una amiga para dormir allí y al día siguiente irme. No me podía hacer siquiera a la idea de tener que irme porque no quería hacerlo pero a pesar de eso, le prometí que no iba a ser la última vez que nos viéramos y que íbamos a estar juntos haciéndonos tan felices como nos merecíamos. Saliendo del río, y en frente de la torre del oro, cruzamos la calle hasta ahí puesto que él se tenía que ir y a mí venían a buscarme. ¡Cómo odio las despedidas!
No me podía creer que tuviera que hacerlo pero antes de ello, no se podía ir sin darle algo que tenía para él, una carta, una preciosa carta que le había escrito desde lo más profundo y para que viera aún más lo enamorada que estaba de él. Se la di con lágrimas en los ojos y le dije que le quería, que no quería que se fuera pero que tampoco iba a ser nuestra primera ni mucho menos última vez, así que se tuvo que ir, dejándome en un banco sentada y diciéndome aún más lo que también me quería. Fue ahí y después de aquel maravilloso día cuando me di todavía más cuenta de lo enamorada que estaba, de cómo una única persona aparte de ser la primera es capaz de darte todo y más haciéndote sentir que puedes volar, me di cuenta de tantas cosas aquel día que lo puedo recordar como si hubiera sido ayer, y he de decir que ese día, aquel precioso 6 de noviembre de 2015 ha sido, es y será uno de los días más bonitos, especiales e importantes de mi vida.


viernes, 21 de octubre de 2016

Cuando el dolor cubre el pecho...

"Si quieres yo te cuento las cosas que te pasan,
cuando abres al amor dejando la cadena echada, 
comprobarás que todas las cosas que no hacemos 
después son esas mismas cosas que echaras de menos."



Triste pero cierto. Nunca me había imaginado llegar a situaciones como esta, situaciones como las que me impiden respirar y seguir conmigo misma, que siempre he conseguido sacar algo, aunque sea un mínimo de fuerza y ahora soy completamente incapaz, ni un poquito. Resulta que a parte de no poder ni conmigo, la persona que siempre ha estado para hacerme más fuerte, parece no estar.
Ayer me volví a dar cuenta una vez más del daño que me hace estar así, y que esto es insoportable.
Voy a ser sincera, no sabía que el amor podía doler tantísimo, hasta el punto de quitarte las ganas de vivir. Ahora entiendo el por qué tenía tanto miedo a enamorarme, supongo que por estas cosas. Lo mejor de todo es que no me podría arrepentir ni puedo hacerlo porque a día de hoy lo sigo estando, aunque no deja de doler y de matarme por momentos. Ciertas veces me he preguntado a mí misma si realmente servía para esto, para darle todo lo mejor de mí a una única persona y darle todo el amor que tenía para dar, incluso he dudado, lo he hecho por cada momento malo, por la saturación que he tenido miles de veces, y no creo haberlo hecho tan mal, porque he hecho todo lo que he sentido siempre, y eso sí que es bonito.

Pero lo curioso es que a pesar de lo que estoy viviendo ahora, y de cómo estoy, nunca he dejado de tener ganas de darle lo mejor, de hacerle ver que mi amor es tan puro como real, y que quizás me he equivocado mucho, igual que ha sido al revés pero jamás he sido algo que no sea yo de verdad con él, porque ha conseguido sacar siempre lo mejor de mí, y lo que ni yo pensaba o imaginaba. A veces me encantaría ser capaz de aparentar que no estoy así, que todo va "medianamente bien" pero pensándolo mejor, cuando algo junto a alguien duele tanto, es imposible fingir o llegar a aparentar algo que realmente no es así. Para qué engañarnos, es una putada que lo que ha sido lo mejor de tu vida en todo momento (e incluso lo sigas considerando) empiece a convertirse en una pesadilla de la que no puedes ni salir, y de la que quizás crees que vas a despertar viendo que al final todo sigue igual y eres feliz junto a quién quieres, pero no, quizás es que la vida es así, tan jodida como para hacerte sentir una mierda continuamente.
Noto que se me va la vida muy poco a poco, que me estoy consumiendo tal y como se consumen las cerillas en cuestión de segundos. Que no soy capaz de levantar la cabeza ni lo más mínimo, aunque sea para buscar una pequeña luz de esperanza. Que todo me sale mal, y desde hace tiempo incluso creo que ya no es que me salga mal sino que lo hago mal. Lo realmente jodido es que la única persona que es capaz de salvarme, ya no quiere salvarme. Siempre ha sabido sacarme de toda esa mierda en la que he estado mil veces, haya sido de lo que haya sido, y ahora sé y siento que no lo va a hacer, porque quizás haya dejado de ser todo lo que era en su vida, aunque al revés no sea así y siga siendo todo lo que quiero, lo más importante y lo que si se lo plantea, más me duele. 

¿Dónde estás? No dejo de preguntármelo. ¿Por qué no vienes a salvarme como siempre has sabido hacer y me haces ver que sigues queriendo dar todo por mí?

No hay nada peor que sentirse vacía y en completa soledad. ¿Hace cuánto tiempo no sonrío? He perdido la cuenta tanto de eso como de las lágrimas que ya he derramado. Siento que me estoy compadeciendo pero ojalá pudiera decir que todo esto no es una realidad sino fruto de mi imaginación. Tengo la desgracia de vivir una realidad de mierda en la que no solo me matan sino que me mato yo a mí misma torturándome de esta forma simplemente porque no puedo hacer ni sé hacer otra cosa. Porque como dije anteriormente, me mata más, mucho más su ausencia que su presencia. aunque no tenga nada claro que al revés sea igual.
Ayer, como cada día desde hace un tiempo, estaba hecha un trapo. Habían pasado dos semanas y al final tuve la necesidad de decir todo lo que sentía y cómo lo sentía. Tenía la necesidad de dejar más que claro que lo que estoy pasando es jodidamente insoportable, y quizás lo peor que hasta ahora me haya podido pasar en la vida. Ya no sé si es culpa mía porque tampoco te lo pedí pero igual que siempre es, ha sido y será así, ayer aunque no te lo dijera, te necesitaba. Necesitaba que estuvieras y me animaras como has sabido hacer siempre, al menos por un rato, aunque luego tardase pocos minutos en volver a estar hecha una mierda, pero te necesitaba. La putada es que no estuviste como antes, e incluso sentí que no te inmutaste. No pienso decirte nada malo, quizás te daba igual verme bien o verme mal, e incluso ha dejado de dolerte verme tan jodida. Tampoco te culpo, no lo sé, a lo mejor hasta tienes motivos, a lo mejor sigues pensando que no vas a estar para cuando yo quiera, aún sabiendo que si por tu parte vinieras a decirme que me necesitas y necesitas ánimos, me faltaría tiempo para estar para ti. Supongo que a mí, incluso a pesar del dolor, me daría exactamente igual si sé que consigo y puedo conseguir hacerte estar bien.
Ojalá por una vez, de todas las que he echado en falta, consiguieras ponerte en mi lugar y plantearte cómo lo estoy pasando, al menos porque yo aunque me lo guarde, pienso en cómo puedes estar tú y lo entiendo. Puede que sí te preguntes por qué me negara a que me saliera llorar delante de ti, cuando me has visto miles de veces. Menuda tontería, ¿no?
No es porque no me vieras llorar como tal, porque ya lo has hecho, pero me siento tan pero tan sola y tan jodida por ti y por todo esto que llevo soltando lágrimas en solitario demasiado tiempo, sin nadie (básicamente sin ti) que esté para mí y me diga eso de que “estoy más fea cuando lloro” o saque de mí una risa bonita como siempre has hecho, porque me da miedo, pánico el hecho de que me veas así y no quieras hacer nada para que se me pase. Lo siento, de verdad que lo siento.

No puedo más, y siento que incluso el día menos pensado va a pasar algo, cualquier cosa que mate este sufrimiento del todo.

jueves, 20 de octubre de 2016

Contraproducente ciertas veces..

"Porque sé que por ti, aprendí,
a reírme de mí mismo sin temor a lo que pienso,
y por ti descubrí que mis sueños son más fuertes
que las puertas del infierno que rompí."


Te juro que a veces me das tanta rabia... y lo odio. No, no te odio a ti, pero me haces llorar incluso de rabia, quizás porque por ti puedo llorar de todas las formas posibles. Ahora mismo estoy así, y te juro que es una mierda. Odio tu manía de decidir por mí. Tu jodida manía de decidir por ti mismo que estoy mejor sin ti cuando no es así, cuando en posts anteriores me he atrevido a decirte lo jodida que estoy, y lo que me consume esto de estar así. Que ya, que sé que hacen dos semanas desde que hablamos, o más bien desde que discutimos, y no se me olvida, porque soy la primera que se acuerda, como todo. Pero te juro que me das tanta rabia ciertas veces que no puedo no explotar y llorar, y llorar, porque a mí me sale así. Quizás es porque tampoco te has interesado en saber por tu propio pie si estoy mejor o peor sin ti, que tampoco has dado el paso de venir a preguntarme en algún momento.

Soy idiota, sumamente idiota, porque luego sabes arreglarlo que te cagas de bien y contigo no me sale otra que ser lo más vulnerable de este mundo. No sé la de indirectas, más que directas te doy para que te enteres de todo de una vez, para que veas que es imposible no echarte de menos, y para que te quede claro que te quiero más que a nada. Luego llegas y en tan solo un puto segundo piensas por ti mismo, por lo que crees tú, y no sabes lo equivocado que estás. De entre todas las cosas maravillosas que tienes, resaltaría que ese es uno de tus mayores defectos, igual que uno de los míos es el a veces hablar sin pensar, aunque eso nos pasa a los dos. Vas desencaminado demasiadas veces, porque ante la duda prefieres dudar por ti mismo, sin preguntar, sin contar con nadie, y creo que aún no eres ni consciente de que eso cuando una persona te quiere tanto y de tal forma como lo hago yo, duele, duele muchísimo. Odio la capacidad que tienes para autoconvencerte de que toda esta mierda no me está matando por momentos, y que estoy tan de puta madre, cuando no, no puedo estarlo, y sigues sin enterarte, ¿sabes?

Nunca te voy a obligar a nada, ni siquiera a que te creas todo sabiendo que es verdad, porque sé que luego haces lo que quieres. Ojalá fueras capaz de preguntar. Ojalá supieras toda la mierda que tengo encima cada día porque me mata el echarte de menos. Que ni soy capaz de estar en clase centrada medianamente por el simple hecho de que pensar en ti, y en lo que me mata estar así, me consume por momentos. A veces he pensado en desaparecer, aunque tampoco sé si serviría de algo, quizás me llamaría cobarde a mí misma, pero ni siquiera tú sabes el daño que me está haciendo esto. Odio creer a veces que eso a ti te daría igual, y que el que sí que está mejor sin mí eres tú.
Hoy he leído que pensamos hasta 38 veces al día a la persona que más queremos, y si es así entonces yo triplico como poco esa tasa. Me acuesto y me levanto cada día igual, o casi peor que el día anterior, que lo primero que veo al despertar es tu peluche, y lo jodido de todo es que soy masoca porque sé el daño que me hace estar así pero ni quiero dejar de verlo.

Tampoco me he atrevido a cambiarte el nombre del móvil, aunque tú pusieras mi nombre normal hace mil años, lo sé, pero no he sido capaz, ni tampoco lo he pensado en hacer. Pero lo peor de todo es que sigues sin darte cuenta, porque lo primero que hago cada puta mañana al levantarme es mirar tu twitter, que mi desconcentración en clase en parte se debe a que estoy pendiente todo el rato de qué pones o qué no, de si te acuerdas de mí o literalmente te la suda que estemos así. Ahora mismo, si te soy sincera, no sé a lo qué quiero llegar escribiendo esto, supongo que desahogarme un poco. Supongo que para dejarte más todavía en bandeja lo que te estoy diciendo continuamente. Siento que hoy lo que estás leyendo no sea medianamente cursi como lo de ayer que me encantó escribir porque son detalles que solo nosotros sabemos y me encantan, o mejor dicho, nos encantan, pero me has dado tanta rabia, tanta, tanta que a veces no puedo más. Que si ya de normal no puedo con nada, menos puedo cuando quieres decidir por mí. Quizás debas dejar que decida yo cómo estar, que como te he dicho en líneas anteriores, bastante jodida. 

Ni siquiera sé si tú por tu parte pensarás en ser fuerte y no dejar que esto te haga tanto daño, o me vengas con las mismas de siempre de que ya no te duelo, haciéndome creer que te da igual. Lo que sé es que yo no te pienso engañar, y que incluso por resignación podría ser hasta orgullosa y decirte algo que no es verdad, pero no, contigo no me sale, lo siento pero no, a mí me sigues doliendo como el puto primer día, y me sigue matando ver cuando pones algo que no es bueno y que incluso te contradices a ti mismo cuando sabes perfectamente que lo que siento por ti es bastante real, lo más real del mundo. Luego llegas también y retwitteas algo que de forma indirecta (o directa) va por mí, y por lo que me sigues queriendo, o me matas con tan solo un tweet diciéndome que vas a estar. ¿Qué hago? ¿Qué hago cuando me haces esas cosas? Que te juro que me es inevitable sonreír, pero pasan minutos y soy capaz de acabar llorando por otra cosa totalmente diferente, y duele, pero te repito que tampoco te lo has preguntado, ni has hecho por saberlo, no esta vez...

Y no, no creas que todo lo dicho anteriormente en cada línea, párrafo o lo que sea, es como poco algo malo, porque creo que me conoces, y las cosas tal y como te las digo, no van ni mucho menos con esa intención sino con la de que te des cuenta de las cosas y veas por ti mismo, a través de lo que te expreso yo que a veces, muchas veces, nos equivocamos en pensar cosas que no debemos, que primero antes que nada, debemos preguntar, informarnos e interesarnos, porque es muy jodido que supongan y decidan por ti. Quizás a ti no te haya pasado hasta ahora, o no te esté pasando, pero a mí me lleva pasando contigo demasiado tiempo, hasta que te atreves a preguntar, hasta que te atreves a resolver tu duda y vuelves a ser TÚ, el que prefiere saber de verdad las cosas y no suponerlas, el que al no estar seguro de algo, es capaz de preguntarlo bien, y sobre todo de interesarse.



No te podría odiar, así que sigo en las mismas de quererte.



miércoles, 19 de octubre de 2016

Tengo más cosas que decirte...

'Tan solo tú puedes llenar de estrellas mi universo,
tan solo tú me iluminas por dentro."


Un día más vuelvo a escribirte. Me es inevitable echarte de menos, es más, es imposible que no lo haga, aunque a veces me de miedo creer que tú no.
Hoy ni siquiera he ido a clase, ni tenía fuerzas para levantarme, aunque carezco de ellas prácticamente todos los días. Tendrías que ver lo que supone eso de "estar sin ti", es realmente jodido. Sé que lo digo mucho pero te echo de menos, y me veo hasta desprotegida por el hecho de pensar en que no te tengo a mi lado.
Sé que me regañarías cada día un poquito más, que me dirías eso que tanto te gusta y a la par a mí me hace esbozar una risa de esas mías, de las que son muy tontas, sí, eso de "no llores que así estás más fea y no me gusta." Que no hay día en el que no llore echándote de menos, aunque hay algo que tengo que confesarte, que quizás si me hubieras visto, dirías que no era yo, y te preguntarías qué habría sido de mí. Hace cosa de una semana, supongo que por cómo he estado, estoy y seguiré estando, parecía que no tenía lágrimas, que se me habían acabado, y me odiaba sabiendo que no era posible, pero que a la par quería pensar que era por estar tan cansada de llorar y que me vieras igual cada día.
No he tardado mucho en volver a explotar, en llorar como una niña pequeña, esa forma en la que solo tú me has visto hasta ahora y cada vez que has podido me has abrazado con todas tus fuerzas.

Echo de menos que te rías cuando al decirme algo bonito, me quedo en silencio al otro lado del teléfono dispuesta a llorar, escucharte decir ese "bueeeeno, ya va a llorar" y que me digas que soy una llorona solo porque sabes que me pongo muy tonta. Echo de menos que me digas que soy un desastre pero que al mismo tiempo lo seas conmigo, y seas el desastre más bonito. Echo de menos hasta lo más simple, hasta verte jugar al FIFA y que de vez en cuando me crispes los nervios cuando algo no sale bien, que me dejes elegirte la alineación y me quieras matar cuando elijo por equivocación a un jugador mierda en vez de elegir a Cristiano de 99, por ejemplo. Echo de menos que vengas y me despiertes haciéndome cosquillitas por la espalda sabiendo que me dan espasmos y eso causa en ti una risa de esas bonitas, o despertarte yo a ti con un beso de esos con sabor a "buenos días, me muero de ganas de ti" de todo, siempre como nosotros sabemos.

Echo de menos que me regañes, que equilibres el punto de locura que tengo y me sale sin querer, que me mires, me líes, sepas lo que estoy pensando y sin decirme nada empieces a reírte y te coma a besos. Echo de menos los besos en la estación, que todo el mundo me vea correr hacia a ti y que en cuanto llegue, me de exactamente igual quién haya o quién no solo porque no me pienso separar de ti. Echo de menos hasta esas cosas que haces que me dan tanta rabia, como tirarme del pelo, darme en la cabeza e intentar matarme por momentos tirándote encima de mí. Las cosquillas, cómo las echo de menos, y más porque conoces todos los puntos débiles de mi cuerpo, porque sabes qué hacer y cómo hacerlo para que en tan solo un segundo no pueda más y no deje de reírme. Echo de menos que me piques y me digas que por ser de letras, o letrosa como tú dirías, no sé mucho, cuando sabes que en realidad sé un montón. Por echar, echo de menos todo lo que hemos tenido hasta hace bien poco, que ya no estoy del todo segura qué sí y que no, pero no lo puedo evitar.

A veces soy yo también la que se encuentra en una contrariedad de pensamientos, que me equivoco pensando en que a lo mejor no me eches tanto de menos como yo lo estoy haciendo. Pero llegas y piensas en mí, y de forma no sé si más consciente o menos consciente, me haces sonreír. Escuchas Dani Martín sin planearlo allá dónde vayas y sonríes, que aunque en ese momento no te salga sonreír como tal de hacer una mueca, sonríes por dentro, y qué bonito es eso. Que de una forma u otra, sea por eso o por otra cosa, hay algo, que hace que estemos enganchados. Ese algo puede que lo llame destino aunque tú me digas que no crees en eso, o por llevarme la contraria digas que no merece la pena pensar en eso. Ese mismo algo es el que te hace pensar en esta idiota de la que estás enamorado, a pesar de sus miles de millones de defectos y de que sin quererlo a veces te haya hecho hasta daño.
He entendido que el querer a alguien, conlleva eso y mucho más. Que igual que tienes la capacidad de hacerme feliz, muy pero que muy feliz, también tienes la misma de hacerme daño, tanto o incluso más de lo que me lo podría hacer yo.
Ese algo es el que hace que, a 200 kilómetros, escuches "Los Charcos" de Dani Martín y pienses solo en mí. Es el mismo que cuando lo escucho, solo puedo pensar en ti de forma recíproca, y sonreír sabiendo que te sigo queriendo como a nada en el mundo. También es el mismo que hace que nuestro vocabulario esté lleno de palabras que nos hemos dicho siempre, o que nos pase algo, por mínimo que sea y en ese momento solo tengamos ganas de contárnoslo el uno al otro.

Hoy también me apetece hacerte sonreír si es que llegas a leer esto, "que la línea que más cuides sea la de tu sonrisa y que sea más curva cuanto más la cuides". Esa frase es tan yo contigo, y tan tú conmigo que creo que el uno sin el otro es imposible que seamos porque sé que cuando la tienes, cuidas de ella como nunca, igual que me encanta hacer a mí. Que echo de menos tenerte pegado a mí y que me sonrías con esa sonrisa tan preciosa que tienes, que me dejes cuidarte, que me cuides y hagas que me sienta una niña, pero sobre todo, tu niña.
Volviendo a lo de echar de menos, hay más cosas que echo de menos de ti, tenerte por ejemplo, acariciarte la cabeza y algo tan sencillo y bonito como olerte el pelo y que me encante, o tú, tú en sí, el sabor de tus labios, el aroma de tus abrazos. Que me acaricies la cabeza y enredes tus dedos en mi pelo hasta que me duerma, y no irte hasta que ves que tengo los ojos completamente cerrados, y al irte, que me tapes con la ropa de la cama cuidándome como tanto me gusta que hagas. Estar apoyada sobre ti, que me acerques el batido esas tardes de tetería tan bonitas y me des de beber a la par que no dejas de darme mimos, esos que tan bonitos sabes darme.

Me da igual ser imperfecta, tener un físico de mierda y que quién sea por lo que sea te haya dicho que podrías estar con alguien mejor. Supongo que después de tanto tiempo, esas opiniones son las que menos me afectan, porque lo que sí me afecta de verdad es lo que puedas pensar tú y creer tú. Puede ser que a veces te hayas preguntado eso de cómo poder estar conmigo si no soy el prototipo que hoy en día todo el mundo quiere o busca. Quizás es porque tú eres distinto, o te sigo viendo así a pesar de lo que sea. Quizás es que resulta que la tía menos guapa del planeta ha conseguido de entre miles de millones, de billones o trillones de personas que te enamores como nunca, y que quieras como a nadie, pero eso es algo que solo tú te puedes permitir valorar, que no hagas caso a nadie ni por mucho que te digan, que pienses por ti y solamente por ti. Sé perfectamente siendo objetiva y subjetiva que podrías encontrar a una chica mil veces como poco mejor que yo, pero también sé que sabes que no te puedes engañar a ti mismo, y que no debes hacerlo. Que igual que yo sé que no quiero a nadie que no seas tú y que nadie va a conseguir de mí tantísimo como tú, también sabes más que nadie que con nadie vas a tener ni tanta complicidad, ni una historia tan bonita, ni mucho menos el contarle todo, hasta lo más mínimo y que cualquier persona vea como insignificante. Porque al final, quieras o no, una persona se queda con la que es capaz de sentirse a gusto, en casa y de la forma más bonita que pueda existir. No sé, pero después de decirte todo esto, creo que como pequeña clase de psicología, no está mal, ¿no? Por si sigues dudando, por si hay algo que te siga dando miedo, céntrate en lo que te dicte el corazón, porque creo que yo, dentro de lo que cabe, me salga mejor o peor, intento hacerlo, y de todas las veces que he sido sincera contigo, esta es una de las que más, sin duda.


PD: Te quiero, por si se te olvidaba.


martes, 18 de octubre de 2016

Quería decirte que...

"Quédate,hagamos todo como la primera vez, descúbreme las líneas de las manos, ven, y bésame los labios sin saber por qué...te sale bien."



Estoy descubriendo que me mata más tu ausencia que lo que me provoca a veces tu presencia como a ti la mía. He pensado en escribirte, sé que de una forma u otra me leerás, quiero pensar que sí. Sé que por una parte me odiarás, quieras matarme y te destroce tanto como a mí estar así, y lo digo porque es lo que a veces me pasa. No te lo tomes a mal pero a veces me he situado entre un "quiero matarte pero a la vez me muero por ti, por tus huesos". Lo siento, de veras que lo siento. No me atrevo a decirte que aunque a veces, o muchas diría yo, la haya cagado contigo, no dejo de quererte en ningún momento ni por mucho que haya pasado, que ni siquiera me he cansado de ti, ni de estar contigo, porque de eso sí que tengo ganas, las mismas que te tengo a ti con todo. Sí es verdad que no te voy a mentir, me encantaría que te dieras cuenta de que no lo hago, sí hay cosas de las que me he cansado, e incluso agobiado diría yo, quizás de la contrariedad de tus sentimientos y pensamientos ciertas veces, de tu manera de creerte que todo el mundo es igual, de haberte demostrado todo lo que he sabido y más y que a veces hayas creído que nada era real. No creas que te culpo porque sé por lo que has pasado pero igual que me he equivocado mucho, también he acertado de lleno dejando que me conozcas bien, a la perfección y dejando por tu parte que haga lo mismo, pero sigo creyendo que yo no tengo la culpa, que igual que tú apareciste de la nada, yo aparecí sin planear nada y sin ni siquiera pensar en que pasado un tiempo fueras para mí todo, y todo lo que quiero en mi vida además. Después de todo, y de haberme enamorado de ti como lo he hecho y a día de hoy estoy, he entendido que "el amor, tal y como lo conocemos, duele, duele mucho" y que me encantaría no estar escribiendo esto, porque quizás preferiría escribirte cualquiera de las cosas cursis que he sabido dedicarte siempre de la mano de una foto nuestra en la que somos felices, muy felices. Siento que no te has ido del todo, llámame ilusa si te apetece, será que no quiero pensar en que esto pueda tener final y que sea tan cobarde como para no creer que esto esté pasando, supongo que porque no hace mucho éramos felices, porque te tenía justo en frente y con una sola mirada sabías también hacerme feliz. Ojalá supiera ahora mismo dónde están esas dos personas, pero las de verdad, y no las de últimamente, las que se han estado matando por todo y llevándose como el perro y el gato. Ojalá supiera dónde están aquellos que les faltaba tiempo para decirse cursiladas que para el resto del mundo son súper empalagosas pero que les da igual lo que crean, esos que se han dedicado siempre lo mejor y no han tenido ni una sola palabra mala para el otro. Te echo de menos, incluso por rabia me he resignado a veces a que vuelvas pero te echo de menos, y esto es imposible, tanto como esa canción que ahora mismo estoy escuchando sin dejar de pensar en ti. "Impossible" de James Arthur me mata poquito a poco, porque nunca está de más creer en imposibles, aunque nunca te he podido ver así porque aún siendo difícil he sabido luchar por ti lo que no está escrito y más. No me gustaría engañarte diciéndote que tú no has hecho cosas mal, muchas además, y ahora me da igual quién más o quién menos pero si aún yo creyendo que nunca te he hecho ni un cuarto de la mitad de lo que te han hecho anteriormente, te has sentido decepcionado, te aseguro que yo también, un montón además. Quizás todo esto también sea culpa mía porque no me quiero una mierda, porque incluso tú miles de veces has sabido hacerlo más que yo misma. A la larga quizás ni sepas por qué me puedo sentir decepcionada, quizás es que una de las cosas que echo de menos de ti desde hace tiempo es tu forma para hablar las cosas bien, aclarar cada malentendido sin decir una palabra más alta que la otra, sin suponer antes de preguntar. A veces, o casi siempre últimamente me he sentido una estúpida, y lo digo así porque te he acostumbrado a que aún habiendo cosas que me podrían hacer daño y que el que se equivocaba eras tú, ir yo, morirme por hablarte e ir detrás a insistirte de todas las formas posibles, y eso es una de las cosas que más puedo echar de menos de ti, que no tengas orgullo, que me insistas y luches también por mí, sabiendo que no valgo menos en ningún momento, no sé, que vengas como sabes y seas tan jodidamente adorable como para empezar el hilo de la conversación con un "no te quiero perder, y lo siento si me he equivocado pero te quiero, más que a mi vida además",vale, sí, eso es un poco dicho a mí manera pero sabes a lo que me refiero.
Me has dicho muchas veces que echas de menos el cómo era antes, cuando realmente no he cambiado, cuando sigo siendo yo, esa persona que te quiere más que a nada y a nadie en este mundo, la que da todo por ti sin pedir nada a cambio y hace como poco lo mejor que sabe de la mejor forma que sabe. No creas que por ciertas cosas haya cambiado, ni esto haya cambiado su curso. Quizás es que resulte difícil o casi imposible entenderme, aunque menos lo hago yo. Quizás sea difícil entender que no quiera levantarme cada día pensando en qué problema me espera ese día, porque lo único que realmente quiero es disfrutar(te), porque has hecho que sea feliz siempre, que crea que te puedes enamorar hasta de las cosas que odio de mí misma, que soportes cada una de mis tonterías, o esas risas de loca que me dan cuando hacemos cualquier cosa graciosa. Quizás sea difícil de entender que no me quiero sentir con condiciones que no sean las normales en una relación, porque no quiero ser yo la que quiera hacerte sentir en obligación de nada, ni mucho menos tener el control de todo. Y te hablo de mí, porque a veces he sentido que he actuado de una forma que ni me gusta, porque creo que conociéndome, deberías saber que prefiero hablar las cosas y que nos expliquemos lo que nos tengamos que explicar.
Ojalá ahora mismo pudiera explicarte todo lo que se me pasa por la cabeza, pero sobre todo y más importante, por el corazón. Ojalá ahora mismo solo llorara de felicidad por tenerte y saber que somos felices y no por este dolor que inunda todo mi ser. Me he equivocado tanto que a veces tengo la sensación de que hay cosas que no me pueden matar más, porque no solo me he equivocado contigo sino conmigo, por permitirme cosas que sabía que me hacían daño y a día de hoy me lo siguen haciendo.
Odio tener que estar pasándolo así, y saber que, aunque tú no lo expreses de la misma forma que yo, lo pasas de la misma. Aún sigo levantándome cada día esperando algo que no llega, y que me aterra pensar que no va a llegar. Me sigo levantando y mirando cada día si como poco pones algo que va por mí, porque si te pasa lo que a mí, sé que puedes echarme de menos y no has dejado de quererme o quiero creer que lo hagas, que me eches tanto de menos como yo. No pienses ni te des a pensar que hayas dejado de ser lo más importante para mí, y que he dejado de luchar, porque no es así, porque he dado más de lo que llegas a saber, o te imaginas, porque sigo diciendo que hay cosas que ni sabes, que quizás me regañarías ahora si te digo que a veces me he guardado cosas para mí por el simple hecho de hacerte estar a ti bien y feliz dado que es y ha sido siempre mi principal objetivo.
Me encantaría decirte la de tardes que me he pasado mal, llorando y sintiéndome sola por echarte de menos, por tener ganas de verte y de que me beses y me abraces como solo tú sabes. Me encantaría decirte la de veces que hemos "zanjado" un tema pero me he rayado como nunca, la de veces que me he mirado al espejo y me he preguntado el por qué te has fijado en mí siendo la persona con más defectos del universo, o las mismas veces que mis inseguridades me han hecho creer que podrías olvidarte de mí en cuestión de días. Eso no ha acabado, también tengo que decírtelo.
Lo peor es que ahora no puedo ni decírtelo, ni tampoco sé si vas a estar. Me puedes llamar tonta si quieres por tener todavía un mínimo de esperanza, por pensar que en cuanto menos me lo espere vas a querer volver, porque tú ni siquiera lo sabes pero al fin y al cabo, y aunque sea yo la que vaya muriendo por momentos con cualquiera de estas cosas, tienes el poder de volver cuando quieras y tener la confianza de que voy a estar, y que voy a querer estar contigo, que ninguna puerta se ha cerrado, pero que si así fuera, te aseguro que seguirías teniendo la llave maestra.
Ahora tengo un miedo increíble, miedo a que de repente incluso por orgullo juguemos a olvidarnos, a que sé que yo no quiero tener que hacerlo y que aunque quisiera no sería capaz de hacerlo porque mi amor por ti supera con creces cualquier tipo de problema que haya podido existir.
Seré masoca al decir que me encantaría sin pensarlo empezar de nuevo contigo, volver a confiarnos, a volver a aquellos primeros meses en los que no nos teníamos ni siquiera cohibidos, a los que teníamos una relación más que sana, nos contábamos las cosas sin presión, sin necesidad de esos "qué haces o qué no haces" o incluso de esos "quién te habla y quién no" cuando nunca hemos tenido problema sabiendo que nos teníamos el uno al otro y que podíamos tener cada uno nuestros amigos.
Creerás que en algún momento te he dicho que cambies cuando para nada es así, cuando solo hay cosas que tú llegas a ver normales que para mí no lo son ni de lejos, y porque si bien creo que hemos podido aprender es que cada parte de la relación también tiene que tener su espacio, aunque sea mínimo, da igual pero tenerlo, porque confiando el uno en el otro no tiene que haber problema.
Se me olvidaba eso de la confianza, me encantaría volver a confiarnos, a demostrar(nos) todo ese tipo de cosas que nos hacen saber por qué estamos y queremos estar juntos. Nunca te he pedido mucho más, por no decir realmente que nada, y a veces odio creer que sí.

Lo único que sé de todo es que no quiero estar así, porque quizás si me vieras, acabarías odiando el que desde hace tiempo es tu color favorito, el verde, por el simple hecho de verme en el reflejo de un espejo con los ojos completamente llenos de ese color. Y lo curioso de todo es que solo tú y yo sabemos por qué, y porque me conoces más que de sobra, porque basta mirarme un segundo como para saber qué voy a hacer en un momento y decírmelo, o incluso escucharme, como no se me olvidará que me dijiste en una de nuestras últimas conversaciones..."Vas a llorar, cuando tú te quedas en silencio de repente es que vas a hacerlo", y te juro que me encantó escuchar aquello por la simpleza de saber que me conoces tanto y tan bien como para saber el momento exacto. Conocerme hasta el punto de saber qué me gusta y qué no, mis manías, lo que me da rabia, lo que sí o sí me hace reír. Y resulta que coincidimos en la mayoría de las cosas, que yo también sé lo que te gusta, lo que no, lo que te hace reír y a la par te hace rabiar.

Algo tan sencillo como que no te gusta el chocolate, a menos que sea el blanco y un kinder bueno de esos tan ricos, Que te encantan las palomitas y eres capaz de comerte la mitad incluso antes de que empiece la película. Que no te gusta el agua y no te molestas ni en beberla porque ni le ves sentido, Que detestas las películas de amor aunque luego seas conmigo sumamente cariñoso y adorable. O algo tan sencillo como la debilidad que tienes por las chuches, que te podrías pasar el día comiéndolas. Que después de comer nunca te falta ese "arazul" que tanto te gusta. Que como he dicho en líneas anteriores, tu color preferido es el verde. Que tu número por excelencia es el 12 y a la par si lo dividimos entre dos que somos, el resultado es 6, nuestro número, porque para mí sigue siendo nuestro. Que vayas donde vayas, vas siempre con tu reloj, y con los bolsillos hasta los topes. Que te encanta hacerme rabiar, tirarme del pelo y mirarme a los ojos sabiendo que yo soy incapaz.


No sé si aún sigo teniendo esa capacidad para hacerte sonreír pero si estás leyendo todo esto, sé que has sonreído con el párrafo anterior. Que una vez más demuestro que te conozco como nadie, y que podría decir mil millones de cosas más, pero esas son solo unas poquitas de esas que tanto me gustan de ti. Que me van a quedar vidas para agradecerte lo feliz que me has hecho y sabes hacerme cuando te lo propones, que no me preguntes qué va a pasar porque no lo sé, pero sé que no quiero dejar de verte, ni mucho menos de estar contigo, y que a lo mejor nadie nos dice que las cosas no vayan a cambiar a mejor y sepamos encontrar un punto medio sin que ninguno se sienta mal, ni por encima, ni por debajo del otro. Si acabas leyendo esto quiero que sepas que, si no te he dicho "adiós" no solo es porque no creo que nos lo tengamos que decir cuando me encantaría seguir contigo sino que no considero que esto haya acabado, digan lo que digan, digas lo que digas.



PD: Te quiero, por si en algún momento has llegado a pensar que deje de hacerlo, lo hago como el primer día e incluso más de lo que empecé a hacerlo, pero nunca menos, igual que siempre te echo de menos, jamás de más.

-After all this time?
+Always.