lunes, 7 de noviembre de 2016

Las oportunidades contigo siempre son preciosas.

"Tu boca es el portal donde quiero dormirme,
tu ropa mi peor enemiga, imagina que te beso y no te giras,
sentí tu aliento y vi Santiago amaneciendo,
saliendo del concierto reías, si supieras lo que te miro a escondidas."


Creo, sinceramente que mi estado de éxtasis y de euforia se resume en una única persona, solo en ti diría yo. Que puedo tener miedo, a la par a veces no saber qué va a pasar y cómo va a pasar pero no dejo de sentirme increíble. ¿Quién me diría a mí que después de tres meses iba a conseguir sentirme un poquito bastante mejor y sonreiría de esta forma? Ni siquiera tú te imaginas cómo lo hago.
Si te soy sincera, ahora mismo creo que estoy en un sueño, y de esos bonitos además, de esos sueños en los que deseas vivir cada día y que ves tan perfectos e inimaginables como para no dejar de sonreír nunca. Estás esforzándote lo que no está ni escrito, y no sabes cómo me encanta eso de ti. Lo maravilloso de todo es lo que es capaz de hacer el amor, lo que es capaz de conseguir solo al saber que no lo quieres dejar escapar.
Sé que no han pasado muchos días desde que, después de tres meses nos hemos vuelto a ver y ha vuelto a ser todo de película, pero me empiezo a sentir poquito a poco más orgullosa de ti, por entenderme, saber lo que es por nuestro bien, y lo que de verdad quieres, que ahora sé que es a mí.

Ni tú imaginas la de veces que me he preguntado por qué yo, aunque ya lo sabes pero no te haces una ligera idea de las veces que he creído que no merecía la pena luchar por mí, que quizás no sería tanto como para hacerlo y no rendirte, pero el otro día me lo dejaste más que claro. Puedo ser la chica menos bonita del mundo, más imperfecta del universo, con las manías más raras, las locuras más extremas y todo lo que te puedas imaginar pero no hay nada mejor que el hecho de saber que aún con esos desajustes estás tan enamorado de mí como para luchar, dejarte la piel y demostrarme que esto puede ser diferente a lo que ha estado siendo estas últimas veces, esta vez sí. Y sé que al revés es igual, que quiero que lo sepas, te des cuenta y veas que sin duda yo también quiero lo mejor para nosotros, por todo esto y por toda nuestra historia que no es ni mucho menos corta ni poca. Sé que eres el primero que sabe la de miedos que tengo, que no quiero volver a equivocarme con ciertas cosas, y que quiero que vayamos poquito a poco pero siéndote sincera, me estás haciendo sentirme tan pero tan bien que solo de pensar en ello es como que me da un escalofrío de esos que tanto encanta notar.

Estoy empezando a pensar en que sí pueda ser diferente esta vez, y en que mucho nos hemos debido de enamorar el uno del otro como para estar así y atrevernos a intentarlo, que quien no arriesga no gana y que contigo prefiero arriesgarme a todo antes que perderte y perder todo esto que hasta ahora llevamos. Que si lo piensas, hace más, mucho más de un año, que eres mi primero, el único que quiero, y si de mí depende, el definitivo. Que he descubierto que aún a pesar de cualquier cosa, yo también soy oficialmente la primera persona con la que tienes algo tan pero tan serio como tenemos, y que por mí harías cualquier cosa con tal de no separarte jamás. Harán apenas dos días desde que decidimos tomar esta decisión pero he de decirte que en tan solo dos días he cambiado tanto de actitud en cuestión de muchas cosas, y no sabes cómo me encanta poder estar así.
No me queda más que agradecerte que vayas tan en serio conmigo, que de verdad te importe yo y te importe esto lo suficiente como para seguir a por todas, que me vayas demostrando poquito a poco que quieres mejorar esas cosas con las que antes no podíamos, y que dejes que por mi parte sea capaz de hacerlo yo. Si hay algo que me encanta es que gracias a ti y a verte así, soy capaz de ser la persona más fuerte de este mundo, tener ganas más que de sobra para luchar por esto tan bonito que tenemos y sobre todo para seguir queriéndote cada día más como siempre he sabido hacer.

Eres increíble, Fernando, y quizás no lo sepas ni tú. Quizás no puedas imaginar de verdad que sabes darme la vida con tan solo estar, abrazarme y besarme con toda la pasión del mundo. Quizás no creas tanto en ti como a pesar de cualquier cosa, puedo creer yo. Estoy orgullosa, muy orgullosa de ti, porque tengo la sensación más bonita que se pueda tener, porque confío en que las cosas vayan a salir bien y esto sea tan eterno como siempre hemos deseado. No sé cómo voy a agradecerte lo que poquito a poco estás haciendo y me estás dejando hacer, lo que es notarte tan pero tan diferente con respecto a todo este tiempo anterior y solamente porque quieres que esto nos salga tan bien como siempre ha salido hasta hace unos meses. No sé cómo voy a agradecer que todas nuestras conversaciones sean entre risas, que me dejes animarte, que te rías de mí y de las cosas tan tontas que digo, que me digas que soy una pava pero que me quieres a mí y no necesitas nada más. Y sobre todo tampoco sé cómo voy a agradecerte que sepas declararme tu amor de esta forma queriendo hacer todo lo mejor y todo lo que hasta hace unos días veía como inimaginable y super difícil.

Sé que tampoco te vas a explicar a qué viene decirte todo esto pero me ha dado tal ataque de sinceridad como para hacerte saber cómo me siento, para hacer que lo lea quien quiera y se crea tanto como tú que estoy orgullosa, demasiado orgullosa no solo de tenerte sino de que estés dándote una oportunidad, dándomela a mí y dándonosla a nosotros de la mejor forma. No sabes lo que esto significa para mí pero es como poco impresionante que después de este tiempo pasado nos demos la oportunidad de volvernos a hacernos felices, porque creo que nos lo merecemos, y porque ya es hora de hacerlo. Dicen que "después de la tormenta siempre llega la calma" y menuda tormenta más larga, pero siempre acabas pensando en que puede merecer la pena si al final se recompensa con algo como lo que creo que está por llegar.


Gracias, millones de gracias por esto y por todo.

Que te quiero, ¿sabes? y más que a nada en este mundo.

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Por qué no?

I'm a care for you...you make it look like it's magic cause I see nobody, nobody, but you, you.

Otra mañana más y otro día más de mierda. No quiero seguir acostumbrándome a esto, no, por favor. Ni creas que haya perdido el interés en ti en ningún momento cuando te he insistido como nunca, y aún así a veces te has dado la oportunidad de pasar por completo. Joder, que si yo fuera tú y viera que la persona que me quiere (tú claramente) me insiste y se preocupa por intentar estar bien como llevo haciendo yo tanto tiempo, perdería el culo por ella. Que no hay nada mejor que ver que la persona que realmente se ha enamorado de ti, es capaz de insistirte, ya sea menos o más.

No te voy a mentir. Echo de menos (de entre tantas cosas) eso de ti, que no sea solo yo la que te insiste por miedo a perderte. No me he cansado de insistirte, ni de intentarte de todas las formas posibles. Me he cansado de creer que para ti ciertas veces he sido o soy una molestia, y que no servía para nada. Jamás me he cansado de ti, ni me plantearía hacerlo, que te sigo queriendo con locura, y estoy jodidamente enamorada de ti hasta los huesos. Pero también sería justo que me entendieras, porque también me lo merezco, y llega también un momento en el que no se puede pedir más de lo que realmente se da. Y quizás eso es lo único que espero y he esperado de todo, que me insistas como poco aunque sea un cuarto de la mitad de lo que lo he hecho yo. Que sí, que lo has hecho anteriormente incluso, pero no este tiempo, y eso es lo que me jode.

¿Crees que no debiera ser yo la que pensara que has perdido el interés o que todo esto te da igual? Pero no, tampoco soy así, porque me gusta pensar en lo que siempre has sido conmigo, cosa que al revés debería de ser exactamente igual, y no creer que me da igual esto o que no tengo interés cuando sí lo tengo. He luchado por ti lo que no sabe nadie, ni siquiera tú. He dado todo lo que ni he tenido, he hecho cosas inimaginables, y cosas que ni yo misma me vería capaz de hacer por nadie. Dime de verdad, ¿eso no lo valoras o no te das cuenta de ello?
Te digo por experiencia que es jodido, muy jodido darse cuenta de las cosas pasadas ciertas cosas, que a todos nos encantaría darnos cuenta de las cosas en el momento pero no somos ni capaces.

A lo mejor es que pido demasiado, pero pienso que tampoco tanto. Pienso que solo te he pedido una pizca de entendimiento y de que te des cuenta de una vez de que lo que te quiero más que nadie y nadie te querría ni de lejos como lo hago yo cada día a pesar de estar así. Estoy harta de estar mal, de tener que llorar a escondidas, de que me superen las lágrimas y falte tiempo para que me de ansiedad y no tener ni aire para coger.
A pesar de que no te pase nada como a mí, no creo ni que tú estés mucho mejor que yo. No se puede estar bien de un día para otro, y menos después de querer así, de tal forma.
No sé cómo masticarte más lo que realmente quiero y siento, ni cómo más decirte que no eres el único que merece que luche por él, que por qué no me luchas tú a mí y nos luchamos mutuamente como siempre hemos sabido. Joder, que nos queremos. Que eso sigue siendo mutuo, que puede ser muy difícil, pero que nunca imposible. No sé ni cómo más decirte que después de todo lo que he hecho y sé que has hecho, me hace falta un poquito más, justo ese poquito que me hace saber que quieres que nos sigamos luchando.

Y así seguramente las cosas irán a mejor, o lucharemos porque vayan a mejor, pero luchar de verdad. Que sí, que a veces no sé qué más hacer porque me lo pones jodidamente complicado, pero que aunque yo pueda ser también complicada, creo que tras haberte demostrado todo, lo que es todo, también merezco la pena, y no te pongo impedimento alguno. Que por ti sigo dispuesta a todo lo mejor y que ojalá te dieras cuenta o te des cuenta un día de estos.

Que así es el amor, estar juntos, a pesar de todo, contra todo y contra lo que venga, pero sobre todo y más importante sabiendo que nadie nos va a querer como lo hacemos nosotros, y mucho menos a conocer.

Te quiero, no puedo dejar de hacerlo, ni mucho menos quiero.❤

miércoles, 26 de octubre de 2016

Verdades...

“Don't you give up,
I won't give up,
let me love you, let me love you.”

Un día más, y cada vez peor, más duro y con menos ganas de nada. Supongo que nada ha cambiado de mí respecto a ti y que a pesar de estar de esta forma, no puedo evitar preocuparme por ti. Odio haberme acostumbrado aunque sea lo más mínimo a que me dejes en visto y no te plantees contestarme cuando realmente me preocupo y quiero preocuparme por ti. También supongo que no te puedo obligar a nada, y que algún motivo habrá para que de repente no lo hagas.
Me siento fatal estando así, cuando veo que aún echándote de menos parece que las cosas van a seguir así, cuando no es lo que realmente quiero. Odio que creas que mi intención en algún momento ha sido hacerte daño, cuando te juro que no, y que incluso sé que tampoco ha sido tú intención al revés aún habiendo sido así.

No sabes la falta que me haces. Ya me da igual decirlo así de claro, pero creo que no puedo sentirme más vacía. Que hoy, igual que todos los días te he echado y te echo en falta. Y que si ya de por sí se nota cada día y cada vez más, hoy que me ha tocado ir al hospital, más todavía. Tu forma de tranquilizarme y decirme que todo va a salir bien, que ni me preocupe porque no va a pasar nada y que seguro que no va a ser tanto como me creo.

Al final siempre son los pequeños detalles los que más podemos echar de menos junto con las personas. Que me faltas tú, que nada es igual, y que no sé cómo te lo voy a repetir para que te enteres de que sigo tan enamorada de ti cómo para todo lo mejor. Y que quizás no esté mal eso de las segundas oportunidades, que puede ser difícil por esto de la confianza, y porque ninguno la tenemos al máximo, sino al mínimo que es lo peor. Supongo que por todo, porque igual que tú tienes tus motivos, yo también tengo los míos, porque al final también es cosa de dos.

A lo mejor soy masoca por querer intentarte aún a sabiendas de que nadie secunde esa idea. Supongo que será porque las cosas no cambian de la noche a la mañana, pero también sé que te quiero, y que sí, siendo sincera, las últimas veces, todo esto me ha estado haciendo más daño que feliz, que era lo que quería pero sé que me hace más daño estar sin ti. Y vale sí, sé que no te vas a inmutar mucho si lees esto, pero como siempre, es parte de mi desahogo, y me encantaría que supieras entenderme. Me encantaría que supieras entender que, para que las cosas sucedan, también hay que poner un poquito de la parte de uno mismo, al menos un poquito, y no hacerle cargar con todo el peso a la otra persona, porque hay que tener reciprocidad, saber que quien tiene boca se equivoca, y que si se quiere a una persona como creo saber que a pesar de todo haces tú, nunca está de más acudir por una vez a decir lo que se siente, piensa y todo. Que no quieres estar así, que te encantaría tanto como a mí seguir con esto pero seguir bien.

Por eso en parte quizás he dejado de molestarte un poco. Porque últimamente sentía que lo estaba haciendo bastante, y que por ciertas palabras hacia mí, preferías que ni existiera. Quizás es que he intentado poner todo lo mejor de mí y lo máximo y he sido lo más sincera que he sabido contigo dejándote más que claro lo que te quiero. Y me encantaría que hicieras lo mismo, pero también sé que tal y cómo estás, no estoy en condiciones de pedir nada, y eso es algo que tienes que pensar por ti mismo, sin contar con nadie. Sé que has dado muchísimo, demasiado por mí, y nunca me he quejado, pero quizás últimamente, he sido yo la que ha intentado tirar más del carro, y ya no sé si es porque te hayas cansado o qué pero me encantaría demasiado que pensaras en todo eso, que reflexionaras y te dieras cuenta.

Lo he estado pensando otra vez, y es que aunque te hayas “ido” como aquel que dice, sé que si no lo has hecho del todo es porque sigues creyendo que, a pesar de cualquier cosa, no vas a ver que nadie te quiera como lo hago yo ni luche si quiera la mitad de lo que he luchado yo por ti, igual, igualito que es al revés. Que no es por desmerecer a nadie pero lo sé, y sé que tampoco vas a verte con nadie haciendo la de cosas que has hecho por mí, y...¿quieres saber por qué? Porque te has enamorado de mí más que de nadie nunca, que tú eres mi primero, y el que sigo viendo hasta como definitivo a pesar de lo que sea, pero quién te iba a decir a ti que te ibas a enganchar tanto de la persona más imperfecta de este mundo. Que me quieres, y eso es innegable, y no lo digo por creerme nada sino porque lo sé, y te conozco más que nadie. Y yo no me pienso engañar a mí misma porque sé que lo que te quiero supera lo que parece insuperable, así que no te engañes tú tampoco, porque te digo desde ya que va a ser mucho peor.

Y como siempre, que sepas que te quiero, y que incluso a pesar de todo, eres lo mejor que me ha podido pasar en esta vida y en mil más si las tuviera.

martes, 25 de octubre de 2016

Me encantaría poder decirte tanto...

“Voy a estudiar mo se cumplen tus sueños, voy a leerte siempre muy lentamente, quiero entenderte.
Cuando te vi tuve un buen presentimiento,
de esos que llegan una vez en la vida.”

¿Crees que yo no te echo de menos? No te llegas a hacer una idea. No sabes lo jodido que es todo esto solo porque tú no estás. No sabes la que has liado, (para bien), ¿quieres saber por qué?
Has conseguido todo en todo momento, lo mejor del mundo, de mí y de la forma que has querido, porque así eres tú, la mejor marabunta que pueda existir, que llegas y te llevas todo por delante, pero me llevas a mí que es lo más importante. Joder, que has hecho que te quiera como a nadie en esta vida, que piense cada día en ti y nunca deje de hacerlo, que piense en la definición de poesía y te vea a ti sonriendo. No exagero si digo que lo has hecho todo, que lo sigues haciendo (aún si quiera sin "estar"), que me has vuelto completamente loca, tanto para bien como para todos los sentidos que te de por pensar. Ese es el secreto, "pensar", y darse cuenta de todo de una vez sin centrarse en mierdas ajenas.

¿Crees de verdad que es cuestión de dignidad? Porque me asombra eso. Porque quizás si fuera por dignidad, yo no podría escribir después de haberla perdido por completo por ti, solamente por ti. Y no creo, sinceramente que tú la hayas perdido, jamás además, porque has hecho todo lo que tenías que hacer en cualquier momento según tu criterio, no como yo, que debería de haberme puesto más en mi lugar ciertas veces.

Pero, a parte de eso, no creo que sea cuestión de dignidad, ni mucho menos, se supone que el amor no consta principalmente de eso. Se supone que es cuestión de saber qué se hace o no mal, cuáles son las cosas de las que debemos arrepentirnos y mejorar, solo mejorar, un poquito aunque sea. Se supone que es cosa de ser lo suficientemente humildes como para dejar el orgullo de lado y decir todo lo que sintamos. Creo que yo de una forma u otra ya lo hago, quizás es porque escribiéndolo me desahogo y me importa más bien poco seguir diciéndote cada día que lo que te quiero es tanto como para estar contigo a por todas. Se supone que nunca hemos tenido orgullo el uno con el otro, y odio creer que tú desde hace un tiempo hayas empezado a tenerlo. Que a lo mejor según tú no es así y es solo una de mis miles de sensaciones pero eso también duele. No sabes cuánto tiempo hace que no escucho esas palabras tan sinceras que jamás te ha importado decirme, que vengas y me digas un "te echo de menos" sin temor a nada, sin pensar en que es cuestión de dignidad.
Porque si crees realmente eso, te digo desde ya que estás totalmente equivocado, que a mí me quedará todavía por aprender mucho porque es lo normal, pero dentro de la madurez que sí tengo, te digo que nunca está de más ser sincero con la persona que has querido y a día de hoy puedes seguir teniendo a pesar de todo.
Quizás es eso por lo que creas o hayas creído a veces que mi intención es ir dando pena o cosas así. Pero te digo que es sinceridad, y que no se puede fingir algo, ni mucho menos el estar como una jodida mierda.

En fin, que me desvío un poco, como siempre. Si en líneas anteriores he mencionado eso de "madurez" refiriéndome a que nunca esté de más ser sincero, si te digo la verdad es porque eso lo he aprendido contigo, por mi propio pie más que nada. De esos aprendizajes que haces contigo misma. Porque me ha podido más el amor que el pensar en tener orgullo contigo, porque te he dicho siempre todo en todo momento tal y como lo he sentido, porque te he pedido perdón cuando he tenido que hacerlo y no me ha podido el orgullo por el simple hecho de incluso haber sabido en ocasiones que no te había hecho nada como para que estuvieras de según qué forma.

Me vas a permitir que diga que no te entiendo, que sí, que sé que me echas de menos, pero no me gusta que lo hagas y al rato parezca que te resignas, que no me merezco que lo hagas o que ya has hecho suficiente como para ser capaz de venir a decírmelo. También creo que yo no me merezco menos, y mucho menos lo soy, que no me cuesta nada decirte que te echo de menos y que me encantaría arriesgarme contigo a todo, pero en cuanto a ti, de eso, no sé nada, llevo tiempo sin saber nada, y no sabes lo frustrante que es eso. Llevo tiempo sin saber qué te apetece conmigo, qué es lo que realmente quieres, porque por mucho que pueda deducir algo, nunca se sabe del todo si no es la persona la que se lanza a decírtelo.
Ni te de por pensar que diga esto para que de repente vengas y lo hagas. Al fin y al cabo siempre haces lo que quieres, y no te juzgo por ello porque es lo que debes hacer según lo que tú creas. Supongo que de todo lo que me duele de ti, una de esas cosas es que menciones la palabra dignidad cuando yo la perdí hace mil contigo, cuando contigo he perdido tantas cosas que no lo sabes ni tú, pero nunca te diría nada porque no me has obligado a nada y he hecho siempre todo lo que he tenido que hacer sintiéndolo de verdad. Y lo seguiría haciendo si me dejaras.

Me gusta saber que puedas echarme de menos, porque al menos sé que puedes estar como yo, pero de verdad, no digas ni creas eso de la dignidad cuando está más que sobrevalorada. Me encantaría atreverme a decirte tantas cosas que ni siquiera eres tú capaz de imaginar. No hay día en el que no me diga a mí misma que te echo de menos, y que esto no es lo mismo sin ti. No hay día en el que no desee hablar contigo y no tenga siquiera seguro si a ti te gustaría. No hay día en el que no me rompa por el mero hecho de estar así, y estarlo continuamente.

Ojalá tuvieras una mínima idea. Seguro que así cambiarías de opinión en muchísimas en las que estás tan pero tan equivocado, más que nunca. No sabes cómo me encantaría volver a empezar contigo en todo, guiarnos poco a poco, volver a darnos confianza, fuera rayadas, fuera tonterías, fuera faltas y fuera todo lo que realmente nos hace mal.
No sé si es que realmente pido mucho, no lo sé, aunque creo que después de no haber pedido nunca mucho, por no decir nada, y de haber dado todo lo mejor de mí como poco al doscientos por cien, también me merecería eso. No te voy a negar que no siga teniendo miedo, más que miedo, pánico, pero decido yo por mí misma, y hay cosas que me seguirían encantando seguir viviendo, tú por ejemplo.

Por si tienes alguna duda, nunca me he cansado de ti, ni de esta historia tan preciosa, pero menos me he cansado de quererte, jamás, por si no lo sabías.

lunes, 24 de octubre de 2016

Sentimientos...

“Tú me has hecho mejor,
mejor de lo que era, te entregaría
mi voz a cambio de una vida entera.”

No sé ni qué hacer, no tengo ni la más remota idea. Lo único que realmente sé es que los días se hacen jodidamente eternos porque no estás tú para llenar(me)los. Me encantaría poder decir que estoy bien porque te tengo, pero esto es insoportable, jodidamente insoportable. A veces tengo la sensación de que me merezco estar así, que esto que nos está pasando es muy en parte por mí aunque en realidad es más por los dos que por nadie.

No puedo evitar pensar en ti a cada momento, ni siquiera soy capaz de no relacionar cada cosa contigo, sea lo que sea, desde cualquier tontería como decir una palabra nuestra a escuchar miles de canciones y que todas me recuerden a ti.
«Tu cuerpo quería más vivir, y yo vivir en ti sin más.»
Cada letra, cada melodía consigue que piense en ti y te quiera aún más, que a lo mejor crees que puedo dejar de hacerlo pero no podría porque sé que incluso a pesar de cualquier cosa, mi amor es mucho más grande que cualquier problema que hayamos podido tener.
Ni siquiera podrías pedirme que no te echara de menos cuando lo hago a cada segundo. Que no sabes cómo me encantaría decirte que cada mañana no es igual solo porque tú no estás para decirme esas cosas que tanto me hacen reír y nos hacen reír. Que las tardes no son iguales sin mis llamadas a las siete de la tarde entreteniéndote hasta que coges el autobús. Porque me da la vida escucharte, que me cuentes lo que has hecho y te quejes de lo pesado que es algún que otro profesor.

Ahora mismo no sé qué nos une pero tanto que no crees en el destino, ahora mismo estoy escuchando nuestra canción...“All of me” (te juro que es el aleatorio). «All your perfect imperfections...» ¿Te acuerdas? Como para no, ¿eh? ¿Por qué no vuelves? ¿Tanto daño te hace esto, te hago yo? ¿De verdad?
Ahora es más momento de debilidad pero no puedo evitar llorar, porque esto que desde hace tiempo llevamos teniendo siempre ha sido precioso, y realmente tampoco ha merecido nunca la pena poder perderlo. Ojalá me vieras ahora, supongo incluso que a pesar de todo me abrazarías y dejarías que yo lo hiciera como nunca. Que después de verme llorar, esta vez sí, otra vez, me darías uno de esos besos tan bonitos que tú sabes.
Sé que lo he dicho muchas veces pero lo siento, por si en algún momento he fallado, te he fallado o la he cagado, porque realmente no he querido hacer eso nunca. Tampoco te voy a engañar diciéndote que no me sienta yo de la misma forma que tú por según qué cosas pero ahora mismo si te tuviera delante te diría tantas cosas...

Dijimos que no nos íbamos a ir nunca, ¿y ahora qué? ¿Qué hago yo sin ti, me lo explicas? Tú te creerás que no, ni siquiera sé por qué razón pero yo me sigo muriendo por cada uno de tus huesos, (aunque suene muy macabro) y no he dejado de hacerlo en ningún momento. Supongo que a veces una persona también necesita un poco de sí misma, y que al estar tan saturada tenga ganas hasta de desaparecer porque así piensa que las cosas serían hasta mejores. Siento mis manías, mis frases de no pensar antes de hablar, mis meteduras de pata, todo, no sabes cuánto.

No te pienso decir que no quiera estar contigo nunca porque sé que a pesar de cualquier cosa, me moriria y me sigo muriendo por estar a tu lado y que me dejes hacerte feliz a la par que me lo haces tú a mí. Que me encantaría seguir siendo lo de aquellos primeros meses, sin agobios, disfrutando el uno con el otro y dando todo lo mejor, porque así seguro que las cosas sí que irían bien, con esos dos enamorados del principio.

Ojalá siguieras a mi lado a cada momento y vieras que quiero darte lo mejor además de conseguirlo. Que te sientas orgulloso de mí y hagas que me sienta muy pero que muy orgullosa al revés. No sé, son muchas las cosas que me encantaría y no sé ni si van a pasar. No puedo más, te lo juro que no, no puedo, y ya incluso hasta me cuesta escribir...así que quizás deba dejar esto aquí por hoy, por no romperme más de lo que estoy ya.

Te quiero, ¿vale?
Always.🔐

domingo, 23 de octubre de 2016

Quizás.

“Disparo y fallo solo es para probarme,
te pago un millón si aguantas mi carácter.”

Cada día odio más que quieras decidir por mí. Que seas tú el que decida cómo debo estar o no, el que diga qué hago y qué no hago cuando realmente no hago nada. Odio la manía que sigues teniendo para creerte a ti mismo esas miles de cosas sin sentido, ¡cómo si yo fuera así!
Yo ya me he dado cuenta de demasiado pero, ¿y tú? ¿por qué no haces por darte cuenta de todo de una vez? ¿de que te estás dando de hostias continuamente creyendo algo que no es?
Y vale, que sí, que no seré yo la que te obligue a nada, ni mucho menos a que te des cuenta porque eso es cosa tuya, de ti, de tu cabeza. Pero no puedo evitar que me duela, me joda y por su parte me reviente, porque odio esa jodida manía tuya de suponer tanto y no molestarte ni en preguntarme. Aunque, para qué, ¿no?
Me sigue encantando de ti todo lo mejor y más, aunque supongo que siempre hay alguna pega, igual que tienes tú conmigo a pesar de no haberte hecho ni la mitad, ni un cuarto de la mitad de lo que te han hecho, ni siquiera el ser una hija de puta como en su día sí que lo han sido.
Me encantaría tantísimo que te dieses cuenta de todo que ni te lo imaginas. Porque quizás así las cosas irían mejor, y entre nosotros sobre todo. Sé que por orgullo y más que orgullo prefieres deducir por ti mismo antes de venir a preguntarme. Y que odio eso.
Odio que ni te molestes en preguntar, que tú mismo decidas, que solo tú te digas a ti mismo “esto es verdad, esto no lo es. Esto es así y esto es asá.” Nunca sabes lo que duele y jode hasta que te pasa, pero quizás no te haya pasado, o al menos algo así, porque siempre he preferido preguntarte, cualquier cosa.
Aunque sí es verdad que hay cosas que no se preguntan por miedo a la respuesta o porque intuyes lo que va a ser esa respuesta, como por ejemplo el si te importo, aunque sea lo más mínimo. Supongo que es muy jodido saber la respuesta y saber que sigues dependiendo de una persona tanto emocionalmente como de cualquier tipo pero que al revés no dependa. Y es aún más jodido el hecho de saber que no ha tardado mucho en dejar de depender, y que las cosas parecen tan normales...

La vida, son todo preguntas y respuestas. Está llena de “por qués”. Por qué esto, por qué lo otro e incluso por qué lo de más allá. Porque nos pasamos el día y la vida preguntándonos el por qué suceden las cosas que suceden. Como por qué estar en esta mierda de situación y no ser feliz contigo que es lo que me encantaría. Por qué no te das una oportunidad a ti mismo de pensar las cosas de forma tranquila sin decidir nada por ti mismo, y contando con los demás, en este caso conmigo. Por qué te cuesta tanto venir y decirme si estarías dispuesto a seguir a por todas conmigo, porque yo sería capaz. Por qué te complicas tanto la vida y te la jodes montándote paranoias que no tienen ni pies ni cabeza. Por qué esos ataques de ira sin venir a cuento, el estar todo el día igual sin darte la oportunidad de disfrutar un poquito, aunque sea un poquito nada más.
Y te lo dije no hace mucho, no se puede estar toda la vida enfadado, y menos con todo el mundo. Creer que todo está en tu contra y que hasta la más mínima cosa vaya por ti, o por hacerte algún mal. Porque ya no es excusa que te hicieran daño, porque ya han pasado los años que han tenido que pasar, y que yo, si fuera tú, me hubiese dejado hace tiempo de lo que me han hecho o no me han hecho. Y como pequeña clase también de psicología y si lees esto, te digo que, quizás sea hora de dejar de buscar culpables, quizás sea hora de dejar de pensar que somos los demás, o en este caso yo la que te va a hacer algo cuando sí, me habré equivocado pero no te he hecho putadas ni te he jodido la vida, porque quien lo analice desde fuera, seguro que piensa que cosas por las que te has llegado a enfadar y a rayar son tonterías, y no deben ser propias de un chico tan eficaz e inteligente como tú. Quizás sea hora de pensar en que todo esto es cuestión de actitud, y tiene cojones que después de miles de bajones y los que me quedan, lo diga yo. Pero quizás es cuestión de eso, y de ti, de pensar en que es cierto que siempre crees que todo se hace para joderte a ti, como si todo el mundo solo se centrara en joderte, joderte y joderte. Quizás sea hora de darte cuenta de todo de una vez, de que hemos disfrutado juntos lo que no está escrito y más sin centrarnos en nada que no seamos los dos. Quizás sea hora de que pienses que todo es cuestión de dejar todas esas mierdas atrás, de acordarte de cada mínima cosa que te han hecho, de las putas fechas exactas. ¿Qué más da? Ha pasado el tiempo suficiente como para haber aprendido y darte cuenta de que a pesar de todo sigues en pie. Y siendo honesta, más que honesta, no seré ni la más buena ni nada, porque nadie lo es, pero es de admitir y de reconocer que yo he mirado siempre por tu bien, y que nunca he tenido ni tendré ninguna intención mala, aunque tú te piensas que sí y ese es el verdadero problema.
Quizás es porque el día que dejes de pensar en lo que ha pasado, aprenderás a disfrutar. Quizás es porque el día en el que pienses en lo que pasa y puede pasar consigas ser feliz, y sobre todo con alguien que sepa conseguirlo, como sé que soy yo capaz. Porque la última vez me dijiste que conmigo eras feliz, que cuando estábamos juntos, lo eras, y eso sí que es bonito. Pero claro, quizás es eso, cuestión de actitud, y tú sigas sin darte cuenta creyendo que todo lo que haces, dices o piensas, está bien. Quizás sea hora de admitir como soy capaz de admitir yo, cada error y cada cosa que es sumamente exagerada.
Lo principal es dejar de tener miedo, y te creerás que no te entiendo cuando sí lo hago, cuando siempre hago por ponerme en tu lugar, sé a qué tienes miedo pero como en algún momento no te de por dejar eso un poco atrás, no vas a disfrutar jamás.
Y tú dirás lo que quieras pero sé que nos seguimos queriendo, o yo te hablo por mí al menos. Y sé que si ahora nos viéramos seguiría habiendo la misma complicidad que siempre, y se demostraría una vez más lo fuerte y bonito que es el amor de verdad.

Ojalá al leer esto te des cuenta, y veas esa pequeña clase de psicología como una crítica meramente constructiva, que es lo que es, y nunca nada malo.

Por si no te acuerdas, te quiero y te sigo queriendo, en todo momento.

sábado, 22 de octubre de 2016

Noviembre...

"El mundo era una jodida mierda.
De días grises.
De lluvia que no paraba.
De ganas de mandarlo todo a la mierda.

Entonces aparecías y sonreías.

Se detenía todo. Incluso dejaba
de llover en tus pestañas.
Y te juro que me daba igual
que fuera una mierda, si tú me abrazabas."

Capítulo 1



Años tras nuestros pies y nunca antes me he parado a pensar hasta este año pasado lo especiales que pueden llegar a ser según qué meses. He de reconocer que todo llega para el que sabe esperar, que al final de todo siempre hay alguien que te ve de forma distinta, ese mismo que te demuestra que puedes ser su debilidad en tu totalidad con tan solo mirarle a los ojos y de forma inconsciente apartarle la mirada.
Pude confirmar esto en noviembre, ese mes, nuestro mes. Me hacía a la idea de bastantes cosas pero jamás imaginé que un día en concreto, tan solo un día, fuera capaz de marcarme tanto y de dejarme ser feliz al lado de la persona que más quiero en el mundo. Tenía que hacerlo, no podía rendirme y mucho menos podía dejar escapar a la única persona que desde que había llegado a mi vida la había convertido en algo muchísimo mejor haciéndome sentir de una forma muy especial y bonita. No podía perder nada de eso, y ya no es que tuviera que intentarlo sino que tenía que hacerlo y conseguirlo, y nadie sabe lo orgullosa que me siento de no haber dejado en ningún momento de luchar por la persona que sé y sabía que podía dármelo todo y hacerme tan feliz como algún día podría haberme llegado a imaginar.
Entonces llegó, empezó el penúltimo mes del año y tenía totalmente claro que quería ir sola y exclusivamente para estar con él y por lo tanto hacerle olvidar todo tal y como le había prometido, para demostrarle que por él me recorrería el mundo si hiciera falta y que podíamos estar juntos sin importar nada más, solo nosotros. Iban pasando los días y no había otra cosa en la que pensara, tenía millones de ganas de confirmar que podía irme y así no separarme de él, ganas de tenerle en frente y que no dejara de abrazarme en ningún momento. Llevábamos tantos meses hablando de las ganas que teníamos de vernos que por fin cuando sabíamos que lo íbamos a hacer, nos resultaba increíble, el mejor sueño hecho realidad, dos personas que de verdad tenían y tienen futuro juntos iban a estarlo por fin, centrándose el uno completamente en el otro sin pensar en nada. De repente, el día anterior pude decir con firmeza y con certeza que me iba, sí, Sevilla y el amor de mi vida me estaban esperando para recibirme con los brazos bien abiertos, para hacerme ver que el amor verdadero no tiene barreras y que hay que luchar por él contra todo pronóstico. Recuerdo aquel día como si fuera ayer mismo, incluso soy capaz de volver a sentir ese escalofrío y esos nervios a los que me enfrenté, y es que sin duda alguna esos han sido y siguen siendo a día de hoy los mayores nervios y más bonitos que haya tenido jamás. Recuerdo que seguía sin creerme hasta ese día que por fin le iba a ver, por fin se iba a hacer realidad algo de tanto tiempo, por fin iba a ser capaz de consolidarlo y a partir de ahí empezar algo maravilloso. Eran tantos los nervios que la noche anterior me impidieron conciliar mucho el sueño, hasta el nivel de llegar el día y que mi sueño desapareciera en el momento de subirme a aquel autobús. Casi tres horas de viaje, la primera y única vez que viajaba sola, sentimientos indescriptibles a flor de piel y sobre todo ganas, demasiadas ganas de que llegara aquella hora y empezara uno de los mejores días de mi vida al lado de la persona que después de un año y medio sigue siendo cada día más mi debilidad y lo que más quiero. No puedo negar que por el hecho de ser la primera vez que me iba sola, aquel viaje se me hizo eterno, eso y que mis ganas de llegar aumentaban cada vez más a medida que iba recorriendo todos y cada uno de esos kilómetros hasta llegar a verle. Cuanto más recorría, más increíble me parecía aquello, no dejaba de temblar pensando en que por fin y después de tanto tiempo se estaba cumpliendo mi sueño más predilecto, ese que rondaba todos mis pensamientos cada día desde hacía tantos meses, y al fin llegó.
Llegué a Sevilla, esa ciudad que nunca había visitado como tal y que esta vez iba a ser totalmente diferente. Sevilla…su color especial, y ¡qué color tan especial!, su sonrisa, esa mirada que tiene y que al mirarme fijamente sabe avivar en mí todo ese nido de mariposas. El río Guadalquivir a la derecha, mis ojos con una mirada nerviosa escondida a través de unas gafas de sol observándolo a través de una ventana y miles de pensamientos en mi cabeza haciéndome notar aún más nerviosa y haciéndome saber que estaba a tan solo minutos de estar abrazada a la mejor persona que puede llegar a existir. Poco a poco el autobús iba recorriendo esa pequeña parte de la ciudad hasta llegar a la estación, hasta que sin darme cuenta estaba entrando, atacada, con el corazón a mil, temblando sin ni siquiera tener frío y en un estado de euforia abismal.
Por fin me bajé, no conocía aquello, por lo tanto no sabía ni a donde ir, ni donde estaría esperándome ni nada pero aun así y a pesar de eso vi una rampa por la que supuse que se podría salir a la calle, aunque tampoco dejaba de ver a todo el mundo ir por ahí, me dejé guiar también por eso.

No sabría explicar con exactitud cómo iban aumentando mis nervios a medida que iba avanzando esa rampa, no sabría explicar que lo que sentía dentro de mí era una mezcla de todo y que necesitaba que llegara ese momento. Estaba desorientada, seguía sin saber a donde tenía que ir, lo único que veía desde dentro era el exterior y aun así no sabía exactamente qué tenía que hacer, aunque sabía que le reconocería a la perfección, no dejaba de mirar para un lado y para el otro esperando a que apareciera de repente, entonces solo se me ocurrió una cosa en ese momento, llamarle.


Ring…ring...
—Oye, ¿ dónde estás que no te veo?
—Aquí fuera, ¿y tú dónde estás?
(Grito con voz de niña)
— ¡Ayyyy! ¿Eres el de rosa? — le pregunté.
—Siiiii.
—Vale, ya te veo, voy para allá.


En ese momento y cuando me confirmó que era él, lo primero que hice fue colocarme el pelo, en seguida me dirigí a la salida y le vi, estaba ahí, a tan solo unos metros de mí, de un lado a otro y de espaldas, sin parar quieto y nervioso esperando mi llegada. Me escondí detrás de una columna esperando a darle una sorpresa, le tenía cerca, muy cerca, es más, lo raro es que no se diera cuenta de que estuviera ahí. Tal y como le veía sin dejar de moverse, me esperé a que se quedara completamente de espaldas para aparecer por detrás y darle una muy bonita sorpresa, así que fue eso lo que hice. Cuando me di cuenta de que era la oportunidad, salí de detrás de aquella columna y literalmente tiré la mochila al suelo apartándola de mí, ahí fue cuando poco a poco me acerqué a él y le rodeé por detrás con los brazos, a lo que él se dio la vuelta y me respondió dándome el mayor y mejor de los abrazos, de esos fuertes que consiguen reconstruirte en todo momento, justo de esos. Lo primero que hizo tras abrazarme fue lo que desde hacía tiempo me había dicho que quería hacer aunque me diera muchísima vergüenza, quitarme las gafas de sol y ver esos ojos que tanto le encantaban.


— ¡Qué ojos tan bonitos tienes! El camaleón (entre risas)
—Jo, tengo que tener una cara de dormida increíble, qué vergüenza.
—No pasa nada, ya te dije que lo primero que iba a hacer era quitarte las gafas y mirarte a los ojos.


Tras eso estaba muerta de vergüenza, había sido mirarle a los ojos y no tardar ni un segundo en apartarle la mirada dada la debilidad que me provocaba. Aun con eso no dudé ni un momento en decirle lo guapo que era y estaba, las ganas que tenía de ese momento y de que no me soltara, el tiempo que llevábamos pensando en todo eso y que por fin no me creía que estuviera pasando. Salimos de allí y teníamos Sevilla a nuestra merced, todo el día y toda la tarde juntos, los dos solos disfrutando del maravilloso paisaje que deja ver la capital, un día acompañado de risas, de muchas sonrisas y antes que nada de bastante timidez. Después de tantos meses conociéndonos, me encantó ver a un chico tímido frente a mí, así tan igual a mí sabiendo que yo también lo era, aunque poco a poco me fui desenvolviendo y siendo tal y como soy, dando lo mejor de mí, haciéndole disfrutar, reír a cada paso y sonreír de la forma más bonita que alguien pueda imaginar.
Estuvimos paseando por el río, miraba maravillada al ver ese precioso paisaje que hasta ese momento no había tenido la oportunidad de ver, y qué mejor forma de verlo que con la persona indicada, con la que sabía que estaba siendo la chica más feliz. Tras ese paseo, estuvimos en un parque cercano hablando.
Yo, subida en un banco y alardeando de la locura a la que me someto, no dejaba siquiera de abrazarle, tenía tantas ganas de hacerlo que lo único que quería y me apetecía era hacerlo sin parar y que él hiciera lo mismo, todo esto acompañado de bonitas sonrisas y de una frase que repetí de forma continuada a lo largo del día dándole a entender directamente las ganas que tenía de él y lo enamorada que ya estaba.


—Te voy a comer la sonrisa a besos, te aviso.


Esa era la frase que no dejaba de decirle, y es que con él estaba segura de todo, me había dado cuenta tiempo atrás y me había reconocido a mí misma que me había enamorado de él hasta un nivel estratosférico, y era imposible no tener ganas de todo si era a su lado. Después de aquello fuimos por el centro de Sevilla a comer a un sitio que desde entonces es nuestra costumbre el último día de vernos, el Burger King, un sitio que desde aquel día me parece maravilloso solo porque lo comparto con él, aunque también me crea nostalgia por el hecho de saber que es el último día que estamos juntos. Me invitó a comer aun cuando le puse la típica cara de que quería pagar yo también, su respuesta fue un brote de alegría y gracia que me hizo esbozar una sonrisa y a la vez una carcajada:


—Guarda los billetes del monopoli, anda, que te invito yo.
— ¿Pero qué dices?
—Que lo guardes.


Después de comer y estar tan a gusto el uno con el otro, nos fuimos a dar otro paseo mientras hablábamos. Él ya había perdido la vergüenza y por fin se estaba soltando cada vez más conmigo igual que estaba haciendo yo en cada momento de la mejor forma que podía hacerlo. En un momento de esos y aunque me diera vergüenza, me aventuré a cogerle de la mano, algo que sin dudar hizo él al instante de ver que lo estaba haciendo, era nuestra forma de ir por Sevilla juntos haciéndole ver al mundo que estábamos orgullosos de tenernos aunque todavía no estuviera consolidado del todo. Paseando y enseñándome Sevilla junto a preciosos monumentos como la Giralda, nos sentamos en una fuente, el uno junto al otro y disfrutando de esas vistas maravillosas. Tras eso volvimos al río dando un paseo, aguantando a la típica gente que te pregunta si quieres dar una vuelta en un coche de caballos y tú acompañando eso de un “no, muchas gracias”. Al volver al río, nos quedamos ahí lo que quedaba de tarde, no dejábamos de hablar, de reírnos y compartir momentos verdaderamente sensacionales, dándonos todo el cariño del mundo y demostrándolo después de tantos meses que llevábamos conociéndonos. Aun con ese cariño que me daba, cogiéndome de la mano y agarrándome bien fuerte entre sus brazos dándome los mejores abrazos, tenía muchísimas ganas también de que me acabara dando los mejores besos, y conociéndome, sabía
que yo por mi parte no sería capaz de iniciar eso aunque se lo estuviera diciendo directamente y él también quisiera.
Pasaba la tarde y nuestro bienestar conjunto era espectacular, no hubo nada malo y no podíamos estar más a gusto juntos. Empezaba a hacerse de noche y Sevilla se vestía con sus mejores colores, el puente de Triana a lo lejos, las luces y el reflejo de la luna sobre el río y sobre todo lo más importante, dos personas que sabían que su historia era digna de ser continuada y era tan bonita como para no querer separarse el uno del otro en ningún momento. Fue ahí cuando una vez más no dejaba de abrazarle, me abrazaba por detrás y apoyaba su cabeza sobre mi hombro haciéndome saber que estaba cómodo a mi lado y que le estaba encantando aquel día. De entre todas las cosas que pensaba, una de ellas era que no quería que eso se acabara, una historia así no podía quedarse tan solo en eso y menos después de tantas cosas que habíamos hablado y todo el tiempo que llevábamos conociéndonos y hablando todos los días a todas horas. Abrazada a él y apartándole la mirada continuamente me empezaba a acercar más a él, hasta que me vi dándole un beso en la mejilla con todo el amor del mundo. Ahí, tras ese beso, su respuesta fue empezar a besarme sin parar, fue algo precioso, algo de lo que tenía unas ganas enormes y que a medida que iba pasando me seguía encantando cada vez muchísimo más. No podía creerme que estuviera viviendo algo tan sumamente idílico, juro que no, fue propio de una película, ese momento en el que dos personas se unen apasionadamente con un beso y consiguen que el mundo se pare ante ellos. Mi cara literalmente de tonta no podía ser mejor, estaba tan pero tan a gusto que deseaba que continuara besándome, y lo hacía, me hacía sentir cada vez mejor, me hacía estar cada vez más en las nubes y darme cuenta de que quería que fuera para siempre.
Tras eso y al ver mi cara sonriendo y mordiéndome el labio…


— ¿Qué te pasa?
—Que tenía muchísimas ganas de esto por fin, que me encanta, y me encantas. ¡Qué guapo eres!
—Más guapa eres tú.
—Eso es imposible cariño, y gracias, gracias por esto, por todo y por ser así conmigo.



En ese momento empecé a pensar aún más en que no quería que aquello se acabara jamás porque sin duda me había hecho sentirme la mejor, sentir un amor incondicional y hacer de mí algo increíble. Tras eso y conociéndome, fue imposible no empezar a derramar lágrimas extremadamente sinceras, y no, no eran por nada malo, todo lo contrario, eran porque quería estar así siempre, porque se merecía que alguien le hiciera feliz de verdad y quería ser yo la que lo consiguiera día tras día durante el resto de su vida. Estaba demasiado bien y no quería ni irme, no me quería separar ni de sus brazos, ni de sus labios ni de nada de lo que me había conseguido dar en aquel día tan perfecto. Lo único que supo hacer en ese momento haciéndome sentir una vez más increíble fue empezar a secarme las lágrimas y a decirme que no llorara, y a la par de secarme esas lágrimas, me acogía entre sus brazos de la mejor forma, de una forma demasiado especial.
Después de aquello, nos teníamos que ir, yo había ido ese día para estar con él y después me tenía que ir a casa de una amiga para dormir allí y al día siguiente irme. No me podía hacer siquiera a la idea de tener que irme porque no quería hacerlo pero a pesar de eso, le prometí que no iba a ser la última vez que nos viéramos y que íbamos a estar juntos haciéndonos tan felices como nos merecíamos. Saliendo del río, y en frente de la torre del oro, cruzamos la calle hasta ahí puesto que él se tenía que ir y a mí venían a buscarme. ¡Cómo odio las despedidas!
No me podía creer que tuviera que hacerlo pero antes de ello, no se podía ir sin darle algo que tenía para él, una carta, una preciosa carta que le había escrito desde lo más profundo y para que viera aún más lo enamorada que estaba de él. Se la di con lágrimas en los ojos y le dije que le quería, que no quería que se fuera pero que tampoco iba a ser nuestra primera ni mucho menos última vez, así que se tuvo que ir, dejándome en un banco sentada y diciéndome aún más lo que también me quería. Fue ahí y después de aquel maravilloso día cuando me di todavía más cuenta de lo enamorada que estaba, de cómo una única persona aparte de ser la primera es capaz de darte todo y más haciéndote sentir que puedes volar, me di cuenta de tantas cosas aquel día que lo puedo recordar como si hubiera sido ayer, y he de decir que ese día, aquel precioso 6 de noviembre de 2015 ha sido, es y será uno de los días más bonitos, especiales e importantes de mi vida.